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FOTOGRAFÍA

Cartier-Bresson o el arte de un accidente poético

La Fundación Henri Cartier-Bresson dedica una exposición a 'Images á la Sauvette', el célebre libro que consagró al artista

Sevilla, 1933 Ver fotogalería
Sevilla, 1933

“La revistas acaban envolviendo patatas fritas o en la basura mientras los libros permanecen”, escribía Henri Cartier-Bresson (1908, Chanteloup, Francia - 2004, Montjustin, Francia) a su colega Marc Riboud. Las palabras del célebre fotógrafo resuenan aun con más vigor a punto de cumplirse los sesenta y cinco años de la publicación de Images à la Sauvette, su primer y definitivo gran libro, más conocido por el título de su versión americana, The Decisive Moment, (El Instante Decisivo). Publicado en 1952, el libro marcaría un antes y un después, no solo en la vida del fotógrafo sino en la historia de la fotografía. Pronto se convertiría en “una Biblia para los fotógrafos”, tal y como Robert Capa lo predijo.

 “Para este ávido lector a quien le apasionaba la lectura y se consideraba así mismo un autor en el sentido literario del término, el libro prevalecía sobre cualquier otra forma (de presentar su obra). Esto explica por qué, ya desde muy temprano, Cartier-Bresson deseaba hacer libros de fotografía, incluso cuando aun era algo inusual”, escribe Clément Chéroux en el facsímil del libro que publicó la editorial Steidl hace tres años. Así, después de varios proyectos fallidos, con la excepción de un pequeño catálogo publicado por el MoMA en 1947 y Beautiful Jaipur, un folleto sobre la ciudad india, su deseo se materializó. La fundación Henri Cartier-Bresson dedica una exposición a este acontecimiento, Henri Cartier-Bresson, Images á la Sauvette, la cual narra la historia de la publicación a través de una selección de copias vintage y diversos documentos.

En los días del Kuomintang, Shanghai, China, Dicembre 1948 - enero 1949 ver fotogalería
En los días del Kuomintang, Shanghai, China, Dicembre 1948 - enero 1949

Se trataba de una coedición entre el prestigioso crítico y editor de libros de arte (Verve), Tériade, y dos editores americanos, Simon and Schuster. Tériade sería una de las personas que más alentó al fotógrafo al inicio de su carrera, y quien en los 70 le incitaría a poner fin a la fotografía para dedicarse a la pintura. Llama la atención la portada diseñada por Matisse: “Es tan completamente encantadora como inapropiada para un libro de fotografías“, escribiría el fotógrafo y teórico Minor White. El collage, compuesto por varios elementos simbólicos de vivos colores, incorporaba la precisa y armónica caligrafía del pintor, dibujando el nombre del fotógrafo, así como el título.

El título francés, Images à la Sauvette, evoca a los vendedores callejeros, listos para huir en el momento en que se les pide la licencia, estableciendo un paralelismo con la forma intuitiva y furtiva en la que Cartier Bresson captaba la imágenes. Sin embargo, la versión inglesa acabaría inspirándose en una cita del Cardinal de Retz, propuesta por Tériade, como epígrafe para el texto introductorio del artista: “No hay nada en el mundo que no tenga un momento decisivo”. Así, el título The Decisive Moment se convirtió en un lema que inequívocamente definiría la obra del célebre fotógrafo. “Para mí, la fotografía es el reconocimiento simultáneo, en una fracción de segundo, del significado de un acontecimiento, así como de la precisa organización de las formas que da a ese acontecimiento su expresión apropiada”, escribía el artista.

Henri Matisse y su modelo Micaela Avogadro, Vence, Francia,1944 ver fotogalería
Henri Matisse y su modelo Micaela Avogadro, Vence, Francia,1944

Desde muy joven se aficionó a la fotografía, pero fue la pintura su primera pasión. En París atendía las clases del cubista André Lothe, y dedicaba sus ratos libres a los miembros del grupo surrealista con quien se reunía en el Café Blanche. “Todo lo que sé de fotografía se lo debo a la influencia del surrealismo”, diría años más tarde. En 1931 marchó a la Costa de Marfil donde practicaba la fotografía sin encontrar una dirección clara. Fue una imagen de Martin Munkacsi la que iluminó su camino. No tardó en comprarse una Leica, a través de la cual sería testigo de muchos de los acontecimientos que marcaron la historia del siglo XX.

“Deja el surrealismo en tu corazón y conviértete en un fotoperiodista, si no acabarás amanerándote” le recomendó astutamente su amigo Capa en 1946. Unos años después fundarían junto con David Seymour y George Rodger la agencia Magnum. Dividido en dos partes el libro muestra la dualidad que acompañó a la trayectoria artística del fotógrafo francés. La primera parte, de 1932 a 1947, consta de las imágenes tomadas en los países occidentales; una visión más íntima de la vida. Mientras la segunda, de 1947 hasta el 1952, comprende aquellas realizadas en oriente donde la observación del mundo externo y el significado social y político cobra más importancia. Aun así, nunca le interesó documentar, considerando que los hechos no interesan por si solos sino por el punto de vista que se tiene de ellos. De esta forma, en la fotografía lo importante es la evocación. “Lo que importa es mirar”, escribe el fotógrafo en el prólogo del libro donde hace un repaso a sus ideas sobre todo el proceso que conlleva el arte de la fotografía.

Boston, Estados Unidos, 1947 ver fotogalería
Boston, Estados Unidos, 1947

Se publicaron 10,000 copias del libro (3,000 en francés y 7,000 en inglés). Su exquisita calidad de reproducción mediante la técnica del heliograbado (hoy en desuso), junto a una mimada secuenciación de las imágenes, se ciñeron a ese ideal descrito por el autor “dónde cada página posee su propia arquitectura y ritmo.” El libro fue recibido con entusiasmo por parte de la crítica. Y se convertiría, junto con The Americans de Robert Frank, publicado en 1958, en el gran libro de culto de la fotografía de la segunda parte del siglo XX.

 “El error, el malentendido con respecto a este 'momento decisivo' asociado al nombre de Henri Cartier-Bresson es que se ha convertido en un tipo de patrón, como si solo existiera un único momento justo, aquel en que todo encaja a la perfección de forma geométrica. Muchos fotógrafos se han descarriado en su intento por imitar ese equilibrio... 'El momento decisivo' se ha impuesto a sí mismo y de alguna forma ha distorsionado, o en cualquier caso simplificado la forma en la que se observa la obra de Cartier-Bresson, como un árbol que esconde el bosque”, escribía Agnes Siré, directora de la Fundación Cartier- Bresson en Revoir Henri Cartier-Bresson. “¿No convendría más hablar del 'momento decisivo' como 'el arte de un accidente poético?“.

Henri Cartier-Bresson, Images á la Sauvette. Foundation Henri Cartier-Bresson, París. Hasta el 23 de abril

 

 

 

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