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‘La soga’: las claves del último éxito del ‘thriller’ conspiranoico

Matthew FitzSimmons nos cuenta cómo pasó de profesor de teatro en un pueblo a número uno de ventas

Matthew FitzSimmons
Matthew FitzSimmons

Una prueba evidente de que el género negro en España está lejos de agotar su caudal es la aparición de ADN, la nueva colección de narrativa de Alianza que se estrena en el mercado con dos excelentes pruebas, y muy distintas, de lo que puede dar de sí la ficción criminal. El gran Michael Connelly publica Del otro lado, de la que ya hablaremos, pero hoy nos ocupa una novela bien distinta, La soga, de Matthew FitzSimmons (traducción de Cristina Martín Sanz).

El secuestro de Suzanne, una niña de 14 años hija del influyente senador Benjamin Lombard, conmociona a EE UU, pero especialmente a Gibson Vaughn, en aquel momento su guía, su amigo, una especie de hermano mayor. Diez años después aparecen pruebas que podrían explicar qué pasó y que dan esperanza a la familia, pero todo ha cambiado. Lombard, oscuro y ambicioso, es vicepresidente y favorito a ocupar La Casa Blanca y Vaughn es un mítico hacker metido en problemas. Lo que sigue es un thriller político conspiranoico casi perfecto en su estructura, una historia llena de acción, un entretenimiento de primer nivel, con giros creíbles, personajes turbios y con un buen grado de complejidad. Una novela que no parece una primera novela y que en EE UU ha estado durante meses entre lo más vendido.

Si hubiera escrito cualquier cosa aproximada a lo que está ocurriendo en estas elecciones hubiera sido tachado de poco realista

Autor llegado del mundo de la enseñanza, FitzSimmos compaginó su trabajo como profesor de teatro en un instituto con la escritura de La Soga. “Explicar los mismos libros durante años puede ser tedioso, pero por otro lado los estudias y aprendes de ellos. No podría haber escrito La soga si no hubiera sido profesor”, asegura desde Washington. Escritor que prefiere conocer el camino trazado por la novela desde el principio, FitzSimmons se sorprende del giro que ha dado la realidad política de su país, que deja pequeños a sus malos de ficción y nos cuenta en esta entrevista algunas de las claves de su éxito comercial.

Pregunta: La soga fue su primer libro y se convirtió en un éxito tremendo. ¿Cómo se las apaña un profesor de literatura y teatro de un pequeño pueblo para manejar esto?

Respuesta: Es en realidad mi segundo libro, pero el primero en ser publicado. El primero lo escribí cuando era más joven y no era suficientemente bueno. Después de fracasar con eso dejé a un lado mis aspiraciones de escritor y me puse a trabajar como profesor durante doce años. Creo que estar con gente joven que no había abandonado sus sueños me hizo recuperar los míos. Durante mucho tiempo creí que mi momento se había pasado. Ahora estoy feliz por haber tenido una segunda oportunidad.

P: Después de ese primer fracaso, ¿Cómo se decide a intentarlo de nuevo y cómo fue el proceso?

David Simon en su faceta periodística y como productor de televisión ha tenido una enorme influencia en la ficción criminal de mi país, ha ampliado el foco del género y lo ha llevado al siglo XX

R: Fui a un ciclo de conferencias sobre la escritura de thrillers en Nueva York en 2012. Pasé cuatro días con mi tío escuchando discursos sobre eI arte de escribir. Al terminar creí que disfrutaría volviendo a intentarlo y dediqué el verano libre a pensar en ideas. En otoño empecé a escribir, durante dos años, especialmente durante los fines de semana y las vacaciones.

P: Hay algunas partes del libro, especialmente al final, en las que la crítica a los políticos y a la hipocresía de la gente poderosa es muy dura, algo que llama mucho la atención en estos momentos de especial virulencia contra la élite en EE UU. ¿Hay un intento de hacer una novela política?

R: No, no explícitamente. Para mí la política es el compromiso que la gente tiene que aguantar para convivir. Un sistema político ideal se diseña para proteger a cada individuo de los demás, pero también de sí mismos. Todos somos de alguna manera hipócritas, pero cuando lo es la gente poderosa es más dañino porque su influencia es mucho mayor. Creo que el libro expone esto sin ser esencialmente una obra política.

P: Sin embargo, hay un personaje que casi no sale y que es más importante que cualquier otro: Benjamin Lombard, el ejemplo perfecto de corrupción política.

R: Es irónico porque cuando terminé La soga, en la primavera de 2015, estaba preocupado por el retrato de Lombard. Creía que presentar a un candidato a la presidencia de EE UU con ese grado de corrupción moral y política iba a ser demasiado poco creíble para los lectores. 18 meses después mi preocupación se centra en que el relato parezca demasiado domesticado para ser tomado en serio. Si hubiera escrito cualquier cosa aproximada a lo que está ocurriendo en estas elecciones hubiera sido tachado de poco realista. Es el enésimo ejemplo de ficción superada por la realidad.

P: Como protagonista, Vaughn es muy completo: atractivo, inteligente, honesto, con deudas morales con su pasado… ¿Cómo lo construyó?

R: Empecé con un rasgo central: la resiliencia. Sabía desde el inicio que Gibson iba a afrontar serios problemas en estos libros. No comprendo bien a los personajes invencibles así que no espero que salga victorioso de todas las situaciones. A veces en la vida incluso nuestros mejores esfuerzos terminan con una derrota. Vaughn no es perfecto pero su resiliencia le hace un rival formidable.

P: Ahora publica en EE UU Poisonfeather, de nuevo con Vaughn. ¿Qué planes tiene?¿Va a ser una serie larga de novelas con el mismo protagonista?

R:Tengo muchos planes para él. Los derechos han sido vendidos ya a televisión y estoy ya con la tercera de la serie, que se llamará Cold Harbor. Tengo contrato para cinco libros. A partir de ahí, depende de cómo respondan los lectores.

P: Tengo entendido que para esta segunda novela ha tenido mucho menos tiempo y ha sido más complicado. ¿El precio de la fama?

R: El primer libro lo escribes para ti, y pase lo que pase sólo te importa a ti. Con el segundo, tienes que aprender a escribir de nuevo. Ahora hay expectativas y una fecha impuesta por el editor. Es un privilegio vivir de esto y me encanta aprender a ser un buen profesional.

P: ¿Qué piensa de la ficción criminal de EE UU? ¿Qué escritores considera los mejores?

R: Es muy difícil elegir entre tanta calidad pero si tuviera que optar por uno me quedaría con el Elmore Leonard de la última época. Tenía un oído especial para los diálogos y estaba muy dotado para la construcción de personajes. De los de ahora, admiro a Dennis Lehane, George Pelecanos y Daniel Woodrel entre otros. A pesar de no ser un novelista, creo que David Simon en su faceta periodística y como productor de televisión ha tenido una enorme influencia en la ficción criminal de mi país, ha ampliado el foco del género y lo ha llevado al siglo XXI.

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