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Historias para sobrevivir y no dormir

En 'El loco de la plaza Libertad', Hassan Blasim viola con agudeza y ojo de cineasta los tabúes de una sociedad privada de libertad: la religión, el sexo y la lucha de clases

Historias para sobrevivir y no dormir

Las historias de Hassan Blasim no son historias para leer antes de dormir, quizá ni siquiera para leer por distracción a otras horas del día. No es que los asesinatos, los secuestros, las violaciones y todo tipo de latrocinios no existan en otras latitudes. Pero en Irak son una realidad permanente, que se ha llevado al paroxismo en la última década, aunque como Blasim cuenta en El loco de la plaza Libertad, su primera colección de relatos, existe desde mucho antes. Por lo menos se remonta a la infancia del autor en los años ochenta, marcada por la guerra entre Irán e Irak, un conflicto patrocinado por Occidente. Luego vino la invasión iraquí de Kuwait y el embargo internacional de los noventa, que dejó exhausta a una población de por sí ya depauperada por el régimen baazista. Con la caída de Sadam Husein y la ocupación norteamericana, todo lo que podía empeorar empeoró, y así hasta hoy, en que vemos impasibles cómo mueren los refugiados en el Egeo o en el barro de una frontera cerrada. Esta es la cronología de brutalidad y caos que sustenta la narrativa de Blasim, y de toda su generación.

Tras destruir Irak, Occidente está descubriendo ahora a algunos de estos narradores, filtrados por la ruleta de los premios literarios. Son autores como Sinan Antoon (Fragmentos de Bagdad, Turner, 2014), Ahmed Saadawi (Frankenstein en Bagdad, Turner, en prensa) o el propio Blasim, que por su segunda colección de relatos, El Cristo iraquí (2014), fue el primer escritor árabe galardonado con el premio británico Independent Foreign Fiction. Todos ellos, por más que pueda relacionárselos con autores occidentales, hunden sus raíces en la literatura árabe contemporánea, que ha hecho de lo truculento y de cierta ironía ingenua su patrimonio. La libanesa Hannan al-Shaykh, el egipcio Sonnallah Ibrahim o el saudí Abd al-Rahman Munif serían autores de una o dos generaciones anteriores que abrieron este camino, y que por fortuna están traducidos en España. Este vasto imaginario narrativo viola a diario los tres grandes tabúes de unas sociedades privadas de libertad: la religión, el sexo y la lucha de clases. Y Blasim lo hace con agudeza y ojo de cineasta, su otra faceta, buscando a toda costa empatizar con el lector, al que con frecuencia interpela.

Hay que lamentar que la traducción de estos once relatos se haya realizado del inglés y no del original árabe. Blasim ha escrito toda su obra en árabe y es inadmisible que una editorial de prestigio lo traduzca a partir de la versión inglesa, como si en España no existieran profesionales cualificados de la traducción del árabe o pertenecieran a una secta con la que fuera difícil contactar.

El loco de la plaza Libertad. Hassan Blasim. Traducción de Amelia Pérez de Villar Herranz. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2015. 111 páginas

 

 

 

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