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OPINIÓN

Shakespeare en serie

En la más reciente oleada de brillantez creativa dentro de la televisión, dos obras beben de Shakespeare por encima del resto: 'Juego de tronos' y 'House of Cards'

Kevin Spacey, en 'House of Cards'.
Kevin Spacey, en 'House of Cards'.

Los centenarios sirven ante todo para el énfasis. Pero una de las virtudes que el mundo del espectáculo anglosajón explota a gusto reside en aprovechar el rastro de sus clásicos. Y de entre todos ellos, Shakespeare sigue marcando la senda como rey absoluto. Primero, el bardo. Después, el resto y según las circunstancias, sin orden concreto.

Lo fascinante es que no sólo brilla generación tras generación, siglo a siglo, en constantes puestas a punto de sus obras, sino como directa influencia en todas las artes impresas, audiovisuales o virtuales. Las series de televisión no escapan al vigoroso influjo de sus temáticas. Pero tampoco de sus estructuras narrativas, sus arquetipos a la hora de perfilar personajes, armar diálogos o exprimir oscuras conclusiones acerca del género humano.

En la más reciente oleada de brillantez creativa dentro de la televisión, dos obras beben de Shakespeare por encima del resto: Juego de tronos y House of Cards. En la primera, si los mágicos influjos de la naturaleza pagan la cuenta al Sueño de una noche de verano y un personaje bandera como Tyrion Lannister, el enano, puede resultar una más que original transmutación de sir John Falstaff, los diálogos de cada capítulo rezuman el lírico y perverso perfume de la línea shakesperiana.

Pero es la lucha por el poder el eje alrededor del que gira toda la majestuosa, vibrante y sugerente acción de Juego de tronos. Como ocurre en la fascinante House of Cards. ¿O no encuentran ustedes en Frank y Claire Underwood esa inequívoca línea de parentesco que les entronca con los Macbeth? ¿Acaso el mandatario al que da vida el magistral Kevin Spacey no rompe la cuarta pared televisiva cuando se dirige en complicidad a su audiencia con la misma eficacia que Ricardo III? Eso es dominar al autor y sacarle jugo como merece. El siglo XXI explota a Shakespeare en serie. Y a lo grande.