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‘La que se avecina’: esa España de infelices

La novena temporada del fenómeno de Telecinco se estrena con un giro y esperados regresos

Dentro del rodaje de 'La que se avecina'.

“España es territorio ideal para el perdedor, el jeta y el pringado. Es la historia del gilipollas y la farsa. Eso es La que se avecina”. Alberto Caballero, su creador, define con esa idea uno de los fenómenos sociales más veteranos de la televisión. Las frases de los vecinos de Mirador de Montepinar se escuchan por la calle y sus protagonistas son estrellas entre los jóvenes. Ni la moda de las series históricas y acción puede tras nueve años con este vestigio de la clásica comedia sobre la España cañí.

“Cada filosofía está a merced de sus héroes. La historia de la sátira es la del Quijote ridiculizado por sus sueños”, reflexiona Caballero en el falso bar donde se toma un descanso de escribir la novena temporada, que comienza hoy en Telecinco (22.30) con un giro argumental. Amador (Pablo Chiapella) vuelve a ser un mantenido, Enrique (José Luis Gil) es el nuevo alcalde… Tras una década de infelicidad, los héroes quijotescos comienzan a cumplir sus deseos, solo para darse cuenta de que nada es como se anhela.

Mientras el equipo de tres guionistas se sumerge a escribir, en el plató de interiores a los católicos Recio su sueño les ha explotado en la cara: Su hijo transexual (Víctor Palmero) por fin vive con ellos, pero se ha enamorado locamente del hermano de Amador (Ernesto Sevilla). Caballero y su equipo saben que detrás de este esperpento lo que funciona es el drama de esos personajes rotos y a menudo despreciables: “Son gente infeliz”.

“Ay de aquel que no consigue sus sueños, ay del que lo hace”, avisa Caballero, quien, pese al continuo éxito, reconoce que “el final siempre puede estar cerca”. Por si acaso, esta es más que nunca una “temporada de personajes”. Llegue o no el final tras estas 16 semanas, no importa. Los antiguos episodios se repiten 24 horas al día y siete días a la semana. Sus seguidores no se cansan de verlos.

Pocos fenómenos han calado tanto como la comedia de Alberto y Laura Caballero nacida cuando Telecinco compró en 2007 el equipo casi íntegro de Aquí no hay quien viva a Antena 3 (serie que también se repite sin cesar). El creador no sabe cuál es el secreto del éxito, pero su co-guionista Daniel Deorador da una clave: “Seguimos divirtiéndonos”. El actor Jordi Sánchez, conocido como Recio, lo ve de otro modo: “La clave fueron los retratos exagerados pero creíbles. España pasaba una época lamentable, la gente está triste y necesita reírse”.

El 'rap' de la novena de 'La que se avecina'.

A estas alturas, La que se avecina funciona“como un tiro”, sostiene Chiapella. Cada uno tiene claro su rol y la mecánica de la sitcom. Salvo días de exteriores o croma, cada vez más habituales para agilizar los 70 minutos de episodio, hay poco sobresalto. “Los capítulos son densos. Siempre te pierdes algo”. En otros países las comedias duran 30 minutos, pero ellos hacen reír durante más de una hora. Caballero es consciente de que el éxito conlleva ataduras como esta: “En España tienes que rodar humor para un público amplio. No se ha conseguido hacer productos específicos”.

Como parte de este engranaje, el mundo de los escritores está separado del rodaje. “Nos encanta que los actores nos visiten”, ironiza la guionista Araceli Álvarez de Sotomayor. Junto a ellos, una pantalla graba lo que ocurre abajo, donde Laura Caballero dirige a los actores. Una ventana al mundo que les sirve para saber si los actores funcionan o si modifican personajes o tramas que no cuajan.

Un detalle del bar de 'La que se avecina'.
Un detalle del bar de 'La que se avecina'.

Los actores respetan el texto como sale de la impresora. Los diálogos y coletillas allí escritos han llegado a crear un diccionario propio. Chiapella, sin embargo, reconoce que alguna de sus “morcillas” también se ha colado en la filología de La Que se Avecina. “El aparcao o el ‘alma y clásico’ son míos”. Sánchez es más pulcro y serio para eso: “Si todos metemos mano es un churro”.

La que se avecina refleja la sociedad. Esa comedia costumbrista y exagerada tradicionalmente española. Su mejor inspiración es la calle, explica Sotomayor: “En el metro voy con el móvil grabando para inspirarme. Soy una cotilla horrible. Mis amigas reconocen en pantalla lo que ocurre y cómo hablan. Nuestro trabajo es la observación. Son mis pequeñas venganzas personales”.

La vieja guardia

Un detalle del bar.
Un detalle del bar.

El cierre de ciclo de la novena temporada se nota también en las incorporaciones, entre los que -además de muchos cameos- están algunos de los rostros de Aquí no hay quien viva. Luis Merlo, que decidió irse cuando acabó, se estrena en Telecinco con un pianista divorciado, “un personaje contrario a Mauri”. Loles León, que se marchó con polémica tras dos años en Antena 3, regresa a casa como la suegra de Amador.

“Son reencuentros románticos. Surgen sin pensar”, cuenta Caballero, que cree que “parte del éxito es adecuar cada actor al personaje”. A veces el maridaje cuesta. Tras no convencer en la primera temporada, Amador dejó de ser “un pijo de periferia con aspiraciones” para adaptarse a Chiapella. “Uno de los retos de llevar tantos años es mantenerlos interesados”. Caballero habla sin tapujos también de cómo algunas veces no lo consiguen: “Con María Adánez no funcionó. Reconozco la culpa”.

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