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Que puedas seguir leyendo y escribiendo, Savater

‘Aquí viven leones’, escrito junto a Sara Torres, recrea una época de plenitud. Es su libro, el recuerdo de cuando todo funcionaba de acuerdo con lo mejor de la vida

Fernando Savater y su mujer Sara Torres, fallecida el pasado marzo, en Finisterre en junio de 2014.
Fernando Savater y su mujer Sara Torres, fallecida el pasado marzo, en Finisterre en junio de 2014.

Estaba avisado por Borja Hermoso, que entrevistó para este periódico a Fernando Savater y en la que hablaban de su último libro Aquí viven leones, realizado junto a su mujer Sara Torres, fallecida en el mes de abril e ilustrado cada capítulo por varias páginas de cómic, que la larga conversación estuvo marcada por la consecuente e inconsolable tristeza, pero que eso no evitó que Savater fuera un modélico anfitrión, que trasegaran txakoli y otros alcoholes que alivian y ofrecen placer. Pero eso no evitó que al leer el titular de esa entrevista sintiera un escalofrío, dolorosa comprensión, excesiva identificación emocional. Decía así: “Mi vida es como la de los niños pequeños, comer, dormir y llorar”. Y añadía: pero lo único que me sigue apeteciendo de verdad es leer. Y pensando en su perdida y en su desolado estado anímico me dije que al náufrago aun le quedaba una tabla de salvación, que la vida o la supervivencia siguen latiendo si todavía puede concentrarse en su goce ancestral.

Este escritor, filósofo, articulista, personaje llamado Savater representa para mucha gente todo eso y más. Es un género, una marca con eterna capacidad de adicción llamada Savater, alguien cuya firma implica que persigamos y devoremos todo en lo que aparezca ella, incluido su amado universo de los caballos y las carreras, aunque yo jamás haya pisado un hipódromo, o que disienta de vez en cuando de las opiniones políticas con las que antes siempre estaba de acuerdo. Me da igual. Su admirable obra y su pensamiento feroz o racionalmente libre, su deslumbrante estilo expresivo para hablar de las personas y las cosas, la seducción de esa prosa, su valentía moral (también física, debe ser muy jodido haber pasado décadas rodeado de guardaespaldas porque los barbaros han puesto precio a tu privilegiada cabeza, o estar a punto del enfrentamiento físico cuando otros salvajes, estos sin pistolas, pretendían reventar una conferencia de Octavio Paz en una universidad y cerrar aquella voz tan sabia), su inagotable cultura y su generosidad para difundirla entre los lectores, para descubrirnos a escritores que formaran parte de nuestro Olimpo y nuestra Arcadia hasta el final, la sensación de que este hombre siempre ha sido de verdad y jamás se ha apuntado a las conveniencias, consiguen la incondicionalidad a sus textos por parte de muchas personas que nunca podremos pagarle la deuda por todo lo que nos ha regalado.

En Aquí viven leones, Savater y Sara Torres viajan a los lugares donde transcurrió la existencia de escritores que aman, las casas de su nacimiento, a sus tumbas, a la geografía física y emocional

Yo le descubrí mediados los 70 con un artículo asombroso, a contracorriente de cualquier moda, que se titulaba ‘La cultura como forma de hastío’ y que publicó la revista Cuadernos para el diálogo. Y busqué con ansia sus libros. Creo que en aquel momento solo había escrito Nihilismo y acción, Apología del sofista y otros sofismos y Ensayo sobre Cioran. Y me hicieron pensar, por supuesto, y me removieron, y supe que esa voz era genuina y única, pero el enamoramiento absoluto me llegó con La infancia recuperada, hablando de lo que amaba, de esos autores, mitos, leyendas que había hecho más feliz su existencia. Habrá lectores savaterianos a los que les cambiara la vida (para bien) con libros trascendentales como Panfleto contra el Todo, La tarea del héroe, Contra las patrias yÉtica para Amador. Me gustan mucho, pero si hubiera un incendio en mi biblioteca seguro que intentaría salvar en primer lugar y con actitud épica La infancia recuperada, Criaturas del aire, Apóstatas razonables y Misterio, emoción y riesgo. Y que me entierren con ellos. A cada uno su Savater. Hay para todos los gustos.

Y leo Aquí viven leones con la certidumbre de que entre todo lo que escrito y vivido este libro es algo especial para él, que recrea una época de plenitud, de constatar que el esplendor en la hierba puede ser real, que nada puede ir a mejor en la sensación que estás viviendo. A mí me ocurrió una vez en el Bernabéu. Viendo como Maradona creaba una obra de arte al marcar un gol, acompañado por una mujer que me hacía continuamente feliz y por mi colega del alma. Era imposible sentirse mejor que en aquel momento. Lo tenía todo, el amor, la amistad y el asombro ante un mago especial. Llegaron la muerte y la separación. Pero aquel momento no lo olvidaré jamás. En Aquí viven leones, Savater y Sara Torres viajan a los lugares donde transcurrió la existencia de escritores que aman, las casas de su nacimiento, a sus tumbas, a la geografía física y emocional en la que se inspiraron sus historias, crearon a sus personajes, fueron desdichados o dichosos. O ambas cosas. La exhaustiva documentación la aportaba Sara Torres, imagino que su cámara también hacía las fotos. Y Savater escribe los textos. Todo lo que sabe, acaba de descubrir, intuye e imagina sobre Shakespeare, Valle–Inclán, Leopardi, Flaubert, Poe, Zweig, Reyes, Christie. Y los hace revivir. Y también aparece con expresión feliz. Debe ser más que un libro para él. Es su libro, el recuerdo de cuando todo funcionaba de acuerdo con lo mejor de la vida, de lo perdido.

Aquí viven leones. Fernando Savater y Sara Torres. Debate. Barcelona, 2015. 256 páginas. 21,90 euros

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