Música

Ainhoa Arteta: “El mercado de la ópera es una jungla”

Superada por completo la crisis vocal que la obligó a empezar de cero, la soprano tolosarra rinde homenaje a las mujeres con 'Mayi', en que versiona grandes éxitos del pop

Javier Hernández.

Ainhoa Arteta (Tolosa, 1964) jamás había oído hablar de ópera cuando el “musicólico” que es su padre le regaló un vinilo de la soprano Maria Callas. Tenía solo seis años, pero no necesitó más que aquel verano para descubrir su predisposición genética y emocional al canto. Encerrada en su habitación, emuló una y mil veces a la diva griega y soñó con ser la Carmen de Bizet. Se preparó en Italia y en Nueva York, conquistó a Plácido Domingo, a críticos y audiencias de teatros como el Metropolitan, el Carnegie Hall o la Scalla de Milán, pero un día descubrió que su voz la boicoteaba. Había perdido el centro y tenía que olvidar lo aprendido y empezar de nuevo. “Me dejé llevar por el mercado”, admite ahora. “Acepté papeles para los que no estaba preparada y eso me pasó factura”.

A los 39 años, recién divorciada del barítono Dwayne Croft, y sin agentes en Norteamérica —le dieron la espalda—, la guipuzcoana volvía a la casilla de salida de una carrera solvente, pero sin continuidad en los grandes teatros del mundo, que ha ido diversificando. Esta temporada, por ejemplo, interpreta Tosca y Falstaff, presenta un programa de García Lorca y publica Mayi, su tercer disco de éxitos del pop y el rock, un trabajo con mucha carga emocional. La soprano, acostumbrada a proyectar controladamente su voz sin micrófono en el escenario, se deja llevar al abordar un repertorio de 11 temas con nombre de mujer. Entre ellos, Layla, de Eric Clapton; Verónica, de Elvis Costello; Suzanne, de Leonard Cohen; Penélope, de Serrat, y la gran y eterna Yolanda, de Pablo Milanés.

Arteta, casada de nuevo y madre de dos hijos, recibe a EL PAÍS, rodeada de perros e inicialmente con la cara lavada, en su casa de San Sebastián. La entrevista durará dos horas y trascenderá la promoción del disco. En un ambiente distendido, la soprano, que ahora calienta como una atleta antes de cantar, confesará que no perdona la siesta “de pijama y orinal” antes de una actuación y que siempre sale al escenario teniendo una cilindrada de más de la que le exige el papel. “Suelo guardarme un cartucho”, admite. Se ha vuelto más prudente.

PREGUNTA. ¿Por qué una cantante de ópera se mete a interpretar pop?

RESPUESTA. Por mi madre. Era la época de Andrea Bocelli y de toda esa corriente de líricos que cantaban pop. Universal llamó a mi puerta, pero yo no lo veía claro. Un día, en la última etapa de mi madre, estábamos escuchando a Silvio Rodríguez. La vida fue el último tema que canté con ella y me caló hondo. Llamé a Javi Limón y le dije: “Hay un tema que quiero grabar”. Nos salieron 11 canciones en una tarde. Ese fue el origen de La vida, mi primer disco con canciones pop. Tuvo un éxito que me sorprendió.

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P. 100.000 copias vendidas.

R. Fue disco de oro, sí. Sin embargo, pienso que Don’t Give Up es más redondo y transgresor. Y Mayi, que lleva el nombre de una canción en euskera de Benito Lertxundi, todavía se sale más. Es un homenaje a la mujer, a lo femenino, al útero materno. De hecho, el primer sonido que sale en Mayi es un útero y su ritmo es el ritmo de la canción.

P. ¿Es un reto para sus registros?

R. Lo es, no porque me exija más sino porque me exige diferente. Para mí el pop es soltar ancla, arriesgar más. Tienes que dejar que pase aire por las cuerdas vocales y eso para los líricos es pecado mortal. Para nosotros el aire debe salir con un control brutal. Tienes que olvidarte de todo eso y cantar de otra manera. Yo he logrado alejarme mucho de mi vocalidad. A veces no me reconocía.

P. ¿Qué cree que ha aportado con sus versiones a estas grandes canciones?

R. Yo nada [ríe]. Lo que me ha aportado a mí es trabajar con estupendos músicos y aprender de ellos y quizá entender mejor a mi hija. Siempre digo que no hubiese aceptado explorar este camino si fuera incompatible con mi verdadera profesión, pero no es el caso y encima me está enriqueciendo.

P. Fue criticada con Don’t Give Up. Hubo quien le acusó de terrorismo musical.

R. Por ahora mi voz no ha matado a nadie. La cultura te puede gustar más o menos pero siempre aporta, nunca resta. Ha llegado un momento en que no me duelen las críticas. La crítica que le puede doler más a uno es cuando pierde la voz, y yo lo he vivido.

P. ¿Cómo perdió la voz?

R. Fue progresivo, empecé a pasarlo mal en el escenario porque había pasajes que no sabía resolver. La voz es un instrumento muy poderoso si lo respetas, pero si te pasas, te amarga la existencia.

P. ¿Y usted se había pasado?

R. Sí. Todos cuando somos jóvenes abusamos, tiramos más del músculo que de la técnica. Pero como tienes flexibilidad no te das cuenta. Es a los treintay cuando se enciende la luz naranja. Yo noté que iba perdiendo el centro de la voz. Eran tres notas, pero clave para una soprano. Empecé por el mi, fa, sol… Cada vez que llegaba a un pasaje con esas notas, no sabía si resolverlas abajo o arriba. Lo cancelé todo y me costó casi un año retomar mi vocalidad desde cero.

P. ¿A qué atribuye ese episodio? ¿Aceptó papeles para los que no estaba preparada?

R. Sí, acepté papeles para los que no estaba preparada —por ejemplo, Violetta en mis primeras traviatas— y eso me pasó factura, me dejé llevar por el mercado. Hay que aprender a medirse y a decir que no, que es muy difícil. A veces te ofrecen auténticos disparates. Cuando empecé me quisieron para Manon Lescaut. Y yo le dije a mi agente: “¿Por qué no Manon de Massenet que es adaptable a mi voz?”. Hoy es el día que no he vuelto a cantar en ese teatro. El mercado es una jungla, cada vez más. Y lo que a mí me ocurrió con treinta y tantos le está ocurriendo a gente con veintitantos. Las programaciones dependen mucho del físico y la juventud. Estamos trasladando la lírica al mundo de Hollywood. Los papeles están escritos en la partitura para jóvenes. Y el joven no tiene experiencia, y el que es mayor no da el papel según el director de escena. Cuando empecé mi carrera, hace ahora 25 años, yo estaba sentada en el patio de butacas viendo a Kiri Te Kanawa, a la Scotto, a Pavarotti, a Plácido… Todos tenían más de 40 y allí subían gordos, delgados, feos, guapos. Lo que interesaba era qué hacían con la voz.

Ainhoa Arteta, en la terraza de su casa en el monte Ulia, en San Sebastián.
Ainhoa Arteta, en la terraza de su casa en el monte Ulia, en San Sebastián.javier hernández

P. ¿Hay una generación de relevo de los Plácido, Kraus, Caballé, De los Ángeles…?

R. Son insustituibles, cada uno a su manera.

P. Habla de que prima el físico. A usted la han llamado top model de la lírica. ¿Su aspecto la ha beneficiado o perjudicado?

R. Diría que fifty-fifty. Supongo que a veces me habrán contratado por dar el perfil.

P. Sin embargo, ha tenido una trayectoria internacional sin continuidad en los grandes teatros. ¿A qué lo atribuye?

R. Los agentes americanos, a diferencia del español, no me respaldaron cuando perdí la voz y me quedé como en un limbo. Me fue difícil retomar ese mercado. Piensan que una mujer con 40 años está acabada.

P. También se le resistió el Teatro Real.

R. Eso es otra historia. Creo que fue porque me formé en EE UU y no aquí. Además, con los años te enteras de que había gente que presionaba para que no cantara.

P. ¿Qué gente?

R. Se dice el pecado pero no el pecador…

P. ¿Envidia? ¿Divismo? ¿Dinero?

R. La envidia es el deporte nacional y quiero creer que no es el dinero, aunque te da por pensar. Si estoy vocalmente lista para salir y no interesa, ¿qué pasa? ¿Tengo que hacer otras cosas para cantar?

P. ¿Qué cosas?

R. Ser más política, más astuta en las negociaciones. Pero ni valgo para eso ni quiero. Prefiero morirme de hambre.

P. ¿Cuánto hay de estrategia comercial en su incursión en la música pop?

R. Esto no me resuelve la vida, pero igual sí es más comercial que la lírica.

P. ¿Por qué la ópera no acaba de conectar con el gran público?

R. Es un género que va creciendo en el individuo, que exige que uno se cultive. Siempre he aplaudido esos programas, ahora afectados por los recortes, que abren funciones y ensayos a colegios. La semilla queda y, con los años, esta gente vuelve.

P. La lírica cae sin remedio en funciones y espectadores. ¿Cuál es el problema?

R. Se llama 21%. La subida del IVA ha hecho un daño brutal. Los políticos ni se enteran de las consecuencias de las medidas que adoptan o igual resulta que les interesa una población estúpida para poderla manejar.

Mayi (Universal) sale a la venta el 23 de octubre.

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