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La gracia oscura de este mundo

'Cicatriz', publicado originalmente en 2006, muestra la fidelidad de su autor a sus largos versos blakeanos o whitmanianos, a su vínculo profundo con la naturaleza

La gracia oscura de este mundo

El poeta estadounidense Charles ­Wright (Pickwick Dam, Tennessee, 1935) es, desde junio del año pasado, poeta laureado de su país. Más allá de ese honor, de recia y hasta rancia raigambre británica, es ciertamente un poeta de altura, representante de una línea poética que arranca de William Wordsworth, pasa por Walt Whitman, atraviesa T. S. Eliot, se tensa en Wallace Stevens y desemboca en el propio Wright. National Book Award en 1983 por una antología de su poesía temprana, ganó el Premio Pulitzer en 1998 con Zodiaco negro, publicado en España por Pre-Textos, con prólogo de Harold Bloom y traducción de Jeannette L. Clariond, poeta, traductora y editora de Vaso Roto, el sello que ahora publica Cicatriz y que en 2010 publicó Potrillo. La propia Clariond se había encargado en 1994 de la edición de Una breve historia de la sombra (DVD Ediciones).

Traductor de Eugenio Montale y Dino Campana, late siempre en la poesía de Charles Wright una pugna entre el entusiasmo y el decaimiento, entre la gracia y la oscuridad: “Solo el mundo con su gracia oscura. / Y yo he intentado retratarlo”.

Cicatriz, publicado originalmente en 2006, muestra la fidelidad de su autor a sus largos versos blakeanos o whitmanianos, a su vínculo profundo con la naturaleza y a su angustiosa búsqueda de un sentido al periplo humano, sometido al desgaste del tiempo y a la esencial extrañeza que es vivir: “Dondequiera que voy, / siempre me pregunto qué hago allí, / con mi cuerpo extraño en una tierra más extraña todavía”.

Cierto aire de autobiografía explícita —‘Breve historia de mi vida’, titula un poema— y, aun de diario —‘La 1:51 de la tarde, y todo en orden’— otorga al libro un tono de lucha entre el pasado y el presente. En esa lucha, a veces hay donde agarrarse, y otras no. A veces surge el entusiasmo de la memoria y otras su amargura: “Qué amargas las aguas del recuerdo”, pero también: “De pronto siente [ese hombre] lo feliz que fue su vida”.

El libro se mueve así, con esa íntima tensión, que le otorga un tono dramático, como de incesante cuerda floja que se asoma a un precipicio pero también a un paraíso. ¿Con qué quedarse? Con la lucha misma, con el ir y venir, con esa cansada plenitud, con “la gracia oscura”.

Cicatriz. Charles Wright. Traducción de Carlos Jiménez Arribas. Vaso Roto. Madrid / San Pedro Garza García. (México), 2015. 139 páginas. 19 euros.

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