LIBROS / MÚSICA

Tiempo de leer jazz

La escritura sobre este género en español mezcla ritmos tan dispares como el ensayo, el libro-disco poético o las crónicas

Las palabras de Ben Sidran dichas a este periódico resuenan en los oídos del aficionado: “Nadie ha escrito nunca nada que pueda compararse al Perseguidor, de Julio Cortázar”. Que el mejor relato de ficción en la historia del jazz haya sido escrito en la lengua de Cervantes no implica necesariamente la existencia de una literatura sobre jazz en español…, o sí. Los tiempos, también en esto, están cambiando.

Nuestros poetas en ejercicio se aproximan al jazz desde una perspectiva originalísima que sólo puede calificarse como jazzística y encuentra su hábitat natural en el libro-disco. Los casos del leonés Ildefonso Rodríguez, en su doble condición de hombre de letras y de saxo tenor (Inestables, intermedios, editado por Eolas), o el inmarcesible Joan Margarit, gloria de las letras catalanas, a quien puede escucharse acompañado por su vástago al saxo en su recital de noviembre de 2013 en la sala Jamboree de Barcelona (No era lluny ni difícil; Quadrant Records). Más allá de las categorías, el danés Peter Wessel, residente en el barrio madrileño de Lavapiés, acaba de publicar una nueva entrega de sus Polifonías trilingües (Ediciones de la Torre). Carlus Padrissa ha afirmado que su montaje “quiere romper moldes igual que lo hicieron sus creadores”. El resultado: un abigarrado ir y venir musical y poético del castellano al danés y el francés sin salir de un mismo poema.

Fruta extraña. Casi un siglo de poesía española del jazz, editado por el profesor de literatura de la Universidad de Sevilla Juan Ignacio Guijarro y publicado por Vandalia, pone remedo a un vacío clamoroso (recuérdese la antología jazzístico-poética en lengua portuguesa de José Duarte y António Alves, publicada hace más de una década). Las ausencias, que las hay, se explican en la propia dispersión del medio literario.

A medio camino entre el ensayo y la ficción, La leyenda del tempo (Daniel Ortíz; Ediciones Escalera) y El cas Jamboree (Pere Pons; Pagès Editors) recrean, cada uno a su manera, la historia de las dos instituciones señeras del jazz en nuestro país: el colegio mayor San Juan Evangelista, en Madrid, y el club Jamboree, en Barcelona.

Editado en su momento por la Universidad Veracruzana de México y vuelto a editar por CulturArts, Jazz en español, derivas hispanoamericanas, coordinado por Julián Ruesga, propone un luminoso y, acaso, dispar viaje por la realidad del jazz en los países de habla hispana a partir de las contribuciones de diversos especialistas en los lugares de origen. De México a Argentina pasando por Perú, donde, ahora lo sabemos, también hay jazz.

Ni ficción ni ensayo, sino todo lo contrario. Javier Díaz López, involucrado en la un tanto discontinua vida jazzística santanderina, coloca a Chet Baker en la portada de La senda del extrañamiento (La Bahía), compilación de sus crónicas publicadas en el Diario Montañés en las que se habla de jazz, pero no sólo de jazz, con la altura poética y el conocimiento de causa debidos.

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