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SEIS HERMANAS | CRÍTICA

Feminismo retro contra Chicharito

'Seis hermanas' es un digno folletín de mujeres luchadoras para las tardes, un segmento saturado de productos de época muy similares. TVE no se atreve a ser diferente

Seis Hermanas
Las hermanas Silva, interpretadas por Celia Freijeiro, Marta Larralde, Candela Serrat, Mariona Tena, María Castro y Carla Díaz.

Las televisiones se aferran al tópico de que ellas ven telenovelas y ellos prefieren el fútbol. Y hay mujeres muy forofas, y hombres que ven culebrones, pero el cliché debe estar por lo general vigente a la vista de la oferta televisiva: la media tarde es una franja horaria abarrotada de productos orientados al público femenino y todos de factura similar, folletines de época, ambientados al menos en un siglo atrás, rebosantes de sentimentalismo. En busca de un éxito de audiencia como fue Amar en tiempos revueltos, transfugado a la competencia de Antena 3, TVE apuesta ahora por Seis hermanas. Su destino serán las 5.25 de la tarde, justo después de Acacias 38, y ambas tratan de plantar cara a Amar es para siempre, nuevo nombre del tránsfuga, y El secreto de Puente Viejo, la propuesta triunfadora de Antena 3 (en Telecinco a esa hora hay ración doble de Sálvame).

Para el lanzamiento de Seis hermanas, TVE recurrió a una muy discutible estrategia, calcada a la de las privadas, que ya llevó a cabo con Acacias 38. A saber: estrenarla en prime time simultáneamente en La 1 y La 2. Para los espectadores de La 2 eso es un sacrilegio: ellos ya saben lo que hay en La 1 y en las demás pero buscan precisamente lo alternativo. Inquietante el desprecio a la singularidad del segundo canal, que no es ni puede ser lo mismo que Cuatro o La Sexta para las privadas. Pero además irrumpió el factor fútbol: el primer capítulo comenzó bastante antes de que Chicharito resolviera un emocionante Real Madrid-Atlético de Champions (que se emitía en Canal+). El sonado estreno simultáneo de TVE no llegó al 9% de la audiencia.

Quizás el veredicto de la audiencia sea cruel porque Seis hermanas es un producto digno dentro de los corsés de su género. A una serie que aspira a acumular centenares de capítulos no se le puede exigir un ritmo trepidante, pero en la primera entrega (una hora y cuarto, más de los 45 minutos que serán habituales, y precedido de un documental de autobombo) se adivinaron rasgos interesantes. La serie se centra en las mujeres luchadoras de principios del siglo XX. Bien visto: los derechos de la mujer deben mucho a aquellas que, hace más de cien años, pelearon por el derecho al trabajo, a la educación y al voto (también al cigarrillo, como escribía Elena Fortún en 1926). Esa generación fue la que abrió, a empujones, el camino hacia la igualdad real, a la que (¿hace falta recordarlo?) todavía no hemos llegado.

Tampoco es que esto sea un tratado de feminismo. Además hay cierta denuncia del clasismo, del puritanismo y de la hipocresía de una sociedad obsesionada con las apariencias. Pero por encima del mensaje hay drama, por ahora no tan lacrimógeno como otras propuestas. El planteamiento inicial da juego: las hermanas Silva son las hijas del dueño de una fábrica textil (Emilio Gutiérrez Caba, muy breve su papel) que fallece repentinamente. Con tal de salvar el negocio familiar, y ante la imposibilidad de ser aceptadas como herederas a todos los efectos, deciden enterrar al patriarca a escondidas y sostener ante todos que partió de viaje a ultramar. Así que toman las riendas de la fábrica haciendo frente a todo tipo de obstáculos, que presumiblemente serán el hilo de la serie.

La producción (de Bambú, autora del éxito Velvet) es más que correcta: la ambientación de época, la tensión dramática, los giros en la historia. Hay pocos exteriores, pero escenas filmadas con cierta ambición, como la del arranque, con baile y fiesta de pedida en el Casino de Madrid. Eso sí, como es habitual en su género, los personajes tienden a ser previsibles y poco complejos: los villanos son muy malvados (el hermano del difunto que quiere quedarse con la fábrica, una futura suegra que lanza veneno cada vez que abre la boca), mientras el coraje de las protagonistas lo resiste todo y el galán que se convierte en su aliado se muestra seductor y caradura todo el rato, con lo cansado que debe ser eso. 

Uno, que por su perfil no pertenece al público objetivo de Seis hermanas, había estado más pendiente del gol de Chicharito y cumplía en diferido el encargo de analizar la telenovela. Ha quedado claro que no era una noche propicia para un producto destinado a instalarse en la tarde, cuando se ve televisión de otra manera, y condenada en todo caso a una competencia feroz con otras series muy similares y más consolidadas. Es una buena noticia para la industria que TVE insista en la ficción nacional, pero cabe cuestionar que la pública se empeñe en ofrecer más de lo mismo, en repetirse respecto a sí misma y respecto a los canales privados. Tenemos varias series de época aceptablemente bien hechas, pero ¿todas deben ser así? ¿Había que lanzarlas de dos en dos? ¿Acaso el complejo presente no daría para muchas ficciones con enjundia, también en forma de culebrón? Dicho de otra manera, ¿nadie tiene ganas de arriesgar en la televisión pública, cada día menos diferenciable de las empresas comerciales con que compite por la audiencia?

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