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Intelectuales y política

Probablemente fue Platón el primer intelectual que sufrió en carne propia la imposibilidad de que un filósofo participase en tareas de gobierno. Su tormentosa relación con los tiranos de Siracusa así lo atestigua. Veinticinco siglos después, las cosas no han cambiado significativamente. Con la designación de intelectuales como candidatos, los partidos políticos quizás intentan dotarse de aquella aureola de pensamiento que alguna vez tuvieron y ahora han perdido. Pero los vaivenes políticos están hoy condicionados más por motivos económicos que por fuerzas ideológicas, y un intelectual tiene que abandonar tal condición para convertirse en político. La solución no es esgrimir personas como quien agita banderas. Sería mejor que los políticos utilizasen como guía de actuación esos ámbitos del pensar y del actuar (entre ellos, el razonamiento lógico y el compromiso ético) que deben estar en la base del quehacer intelectual.

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