CRÍTICA / ARTE

El triunfo de la ambigüedad

Dos exposiciones plantean una visión panorámica de la obra del cubano Carlos Garaicoa

'Campus o la Babel del conocimiento, 2002-2004' de Carlos Garaicoa.
'Campus o la Babel del conocimiento, 2002-2004' de Carlos Garaicoa.Aaron Igler

Reconocemos el periodo actual con el calificativo de posmodernidad, al haber renunciado muchos creadores a los patrones sobre los que se apoyaban los ideales, los géneros, los estilos y las formas que caracterizaron a las artes de periodos anteriores. Lo posmoderno no se afianza en lo que es sino en su condición negativa, en lo que no es; no es clasicismo ni es modernidad. Esta es la sensación que produce la obra de Carlos Garaicoa (La Habana, 1967), sin duda un genuino representante de su época, es decir, un creador auténticamente posmoderno. No es pintura, ni es escultura, ni es arquitectura, ni es fotografía, ni es dibujo… Pero su obra participa de manera ambigua de aquellos antiguos géneros que aparecen en ella mezclados para cobrar nuevo sentido a través de la idea de proyecto.

Coinciden en el tiempo dos exposiciones, una en Móstoles (Madrid), otra en Santander, cuyos contenidos son complementarios, ofreciendo el conjunto una visión panorámica del trabajo de este artista que ha sido tocado por la fortuna del mercado, estando su trabajo presente en todas las ferias de arte y en los grandes museos. A pesar de la gran cantidad y diversidad de obras reunidas entre las dos exposiciones, el conjunto no consigue centrar una idea o repertorio de ideas sobre las que comprender cuál es el sentido final que pretenden sus obras, por el contrario, siguiendo la retórica posmoderna, cada obra o cada grupo de obras (trabaja por series) parece apuntar en una dirección diferente del resto, sembrando la incertidumbre en el espectador. Si juzgáramos estas exposiciones desde una metodología académica, esta característica constituiría un grave desdoro para el artista, pero si lo hacemos desde la óptica posmoderna se trata de un cumplido elogio. Con todo, ambos conjuntos permiten reconocer al menos un interés por un tema: la ciudad y su arquitectura.

Ciertamente, la ciudad como tema empezó a interesar a los artistas desde que en el siglo XIV Ambrogio Lorenzetti mostró los efectos de su buen gobierno, llegando a un punto álgido con las acciones de los situacionistas en los años sesenta del pasado siglo, pero todo eso parece ser agua pasada para un artista posmoderno como Garaicoa, quien plantea también situaciones que parecen críticas pero no acaban en una denuncia concreta, que pretenden ser utópicas pero no pasan del umbral de lo cotidiano, que parecen propositivas pero no concretan soluciones. Frente a la ironía, que ha caracterizado buena parte del arte de la modernidad, estas obras ahondan en la ambigüedad como táctica para plantear algunos temas de carácter político, es decir, para trabajar sobre asuntos que atañen a las relaciones sociales entre los ciudadanos y de estos con el poder. Sirviéndose de un lenguaje propio de la crítica social, el artista sueña con imágenes de una realidad en la que las ruinas arquitectónicas se transforman en construcciones ideales que, con ingenio, Garaicoa superpone a las imágenes reales sirviéndose de técnicas gráficas muy depuradas, como dibujar con hilos sobre imágenes fotográficas. Se trata de obras impecablemente resueltas desde el punto de vista técnico, lo que las hace visualmente y espacialmente muy atractivas.

Carlos Garaicoa. Orden inconcluso. Centro de Arte 2 de Mayo. Móstoles. Madrid. Hasta el 8 de marzo. Orden aparente (poético-político). Fundación Botín. Santander. Hasta el 1 de marzo.

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