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Ni máquina, ni porvenir

Juan Trejo ha ganado el Premio Tusquets con una novela inconsistente y desproporcionada

Ni máquina, ni porvenir
Reuters

Después de leer, o más bien padecer, La máquina del porvenir, la novela de Juan Trejo (Barcelona, 1970), a quien se le ha otorgado, ¿¡cómo serían las demás!?, el X Premio Tusquets Editores de Novela, asalta la extrañeza de que dicho premio no quedara desierto, como venturosamente sucedió en la primera convocatoria de 2005 y en la de 2008. Pues, a la vista del resultado, no cabe sino afligirse del descrédito en que incurre un premio que generosamente acepta como excelencia literaria el baturrillo ("tal vez la genética estaba intentando transmitirme algo que la parte consciente de mi cerebro no había sabido captar"), la inconsistencia ("¿cómo no amar esa ciudad y ese país después de pasar dos noches en el Copacabana Palace a cuerpo de rey?"), la arbitrariedad ("se cruzó con gente de lo más peculiar", frase varias veces repetida), la desproporción ("en el discurrir de esta historia el pasado, el presente y el futuro se interrelacionan formando una especie de flujo sin contornos definidos"), la pereza estilística ("acto seguido no pude evitar realizar una pregunta muy sencilla, pero por completo demoledora: ¿qué diferencia hay entre la realidad y la ficción?"), la misteriosa certeza ("porque en ese momento yo sé, o algo en mi interior sabe, que se llama Víctor"), el delirio cósmico ("permitir una visión del futuro cien por cien fiable, y por otra plegar el universo mediante la fuerza de la mente para permitir [sic,¿no hay otro verbo?] la traslación sin necesidad de llevar a cabo un trayecto físico entre los puntos A y B"), el esoterismo más beatón ("pero como el destino tiene sus propias reglas y responde únicamente a su propio ritmo, lo que tenía que ocurrir ocurrió")... Dejémoslo ahí.

Ni máquina, ni porvenir

Según la sinopsis editorial, La máquina del porvenir "es una prodigiosa narración en tres tiempos y con tres protagonistas de la misma familia, tocados por una misma ambición y atraídos por un mismo proyecto secreto: la construcción de un artefacto que anticipe el futuro". Con tanta "mismidad" no es raro que la novela acreciente obsesivamente su materia narrativa en espejos que reproducen una y otra vez episodios parecidos, todos con el aura de estarse aclarando el proceso de "desintegración y de posterior reconstrucción” del personaje principal, Óscar, experiencia que éste relata a Víctor, “con todo lujo de detalles", sin que el lector sepa de qué está hablando, aunque se repite mucho en la novela. Y aún menos en qué consiste la famosa máquina del porvenir, al parecer "un electroimán de grandes dimensiones" que el susodicho Víctor había intentado construir en un cuartucho con consecuencias catastróficas. Pues si "grandes dimensiones" y "cuartucho" mutuamente se repelen, adivine el lector qué puede salir de una tarea que además se emprende con "vaguísimos recuerdos" de la información necesaria para su fabricación. Si se considera tendencioso lo que digo, remito a la página 379.

Pero se puede abrir esta novela por cualquier página, y en ella se hallará de todo, muy mezclado y cocido a fuego lento: referencias a la ciencia-ficción, a la espiritualidad, al jipismo, a las drogas (peyote, claro), a los trastornos de personalidad, a la alteración de la consciencia, a los mundos paralelos, a especulaciones físicas, al camino del héroe, y a la vez mucha cotidianidad en ciudades de medio mundo, pues aquí los personajes saltan de continente como quien cruza la calle. Sin que falte la búsqueda del maestro ("mi Obi-Wan particular") con una perseverancia adolescente que viene a declarar que nunca hubo Ilustración en la Historia. Mi fragmento preferido dice: "Si pudiéramos leer todas las páginas del libro a la vez, o ser capaces de experimentar el libro en su totalidad en un solo momento, podríamos estar más cerca de una experiencia real del mismo".

Lástima que la lectura sea sucesiva. Esa habilidad nos hubiera ahorrado muchas horas de infortunio.

La máquina del porvenir. Juan Trejo. Tusquets. Barcelona, 2014. 456 páginas. 20 euros

 

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