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Hitler, obsesión permanente

Timur Vermes publica una alocada historia en torno a una supuesta aparición del dictador alemán

Adolfo Hitler
Adolfo Hitler Getty Images

Año 2011, un hombre venido de no se sabe dónde despierta en medio de un descampado berlinés. No es un ángel caído del cielo —como en la película de Wenders, Cielo sobre Berlín—,sino un demonio: el mismísimo Adolf Hitler, muerto por suicidio en abril de 1945. A partir de aquí, Timur Vermes (1967) hila en Ha vuelto una alocada historia paródica que ha cosechado enorme éxito en Alemania, donde la figura del dictador aún quema cual herida sin cicatrizar. ¿Bromear con Hitler? Esto era imposible hasta la novela de Vermes. Sobre él nunca se bromea, se rehúye su fantasma con temor, o se lo escudriña con morbosa fascinación.

Gracias a la casual entrega de un quiosquero que tiene relación con gente de la televisión y que cree que el aparecido es un avezado actor, contratan a Hitler para actuar en un show de la pequeña pantalla, y esto le permite exhibirse y hablar ante millones de telespectadores. No finge, es él mismo exponiendo su programa político nazi. Salta a YouTube, y a una fama imparable: repugna, pero también seduce.

El relato de Vermes está plagado de guiños a la actualidad alemana (la canciller “oronda matrona”, los turcos, la disciplina e ingenuidad “natural” de los alemanes…); y de dura crítica al inusitado poder de los medios de comunicación sensacionalistas e Internet. La novela abunda en referencias a la verdad histórica del propio Hitler. Vermes intenta meterse en la piel del dictador con alusiones a sus gustos y manías (abstemio, vegetariano, no fumador), o poniendo en su boca certeras referencias a sus ministros de antaño.

Como se trata de una parodia, Hitler termina pareciéndose más a un maligno Don Quijote de descabelladas ideas nazis que al ser devastador que fue. Lo sorprendente es que el lector hasta llega a tomarle cariño; tan absurdo es el personaje que causa hilaridad. Bien es verdad que lo vemos obsesionado con el futuro de Alemania, con la raza aria y con los extranjeros (tópicos esgrimidos por los radicales de derechas de hoy), sin embargo, hay algo en él de Kaspar Hauser perdido en la jungla de asfalto de la sociedad (alemana) actual, en un mundo hipertecnificado, sometido al poder de mendaces grupos de opinión.

El resultado literario de semejante despropósito se sostiene, la novela es ingeniosa, entretenida y cáustica. Bastante mal parados salen los políticos (alemanes, en este caso), títeres ridículos y desacreditados. Vermes plantea inquietantes preguntas con su sátira, la más obvia: ¿volvería a triunfar en nuestra civilizada sociedad actual otro émulo de Hitler que, aupado por el pandemónium mediático, se plantara aquí con supuestas intenciones de terminar con la basura oligárquico-política que nos abruma (corrupción, cinismo, paro)? ¿Hallaría adeptos, por muy loco que estuviera?

El impacto que ha causado esta novela nada inocente al remover la obsesión permanente de los alemanes —y de todos los europeos: todavía están recientes en España Heil Hitler, el cerdo está muerto (Capitán Swing), de Rudolph Herzog, y Hitler, mi vecino (Anagrma), de Edgar Feuchtwanger— alimenta ahora una nueva inquietud: al término de 2015, el Estado de Baviera, dueño de los derechos de Mein Kampf, autorizará la reedición del libro tras años de férrea prohibición. Publicado en dos tomos en 1925 y 1926, Hitler terminó haciéndose millonario con el rédito de las sucesivas ediciones de su burdo panfleto político. Sólo lo leían los nazis fanáticos, aunque el régimen lo impuso como lectura obligada y lo regalaba a cada pareja “aria” que contraía matrimonio. ¿Tendrá algún eco hoy esta llamada “biblia del nacionalsocialismo” que en realidad es infumable, farragosa y llena de insensateces? El peligro letal de esa obra mediocre del más miserable de los políticos pasó desapercibido en su día, pues cuantos podían haberse opuesto al dictador de manera categórica la ignoraron. Hitler vaticinaba en ella sin tapujos lo que vendría después, allí estaba su programa de destrucción. En Alemania se va a reeditar en una edición crítica comentada con detalle por un escogido elenco de historiadores. Es de suponer que alertarán de mil maneras sobre la grosería política que contiene. No hace falta tanta albarda para semejante jamelgo.

Ha vuelto. Timur Vermes. Seix Barral. 384 páginas. 19,33 euros

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