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OPINIÓN

La cuarta dimensión

La cabeza y las manos que se han detenido para siempre son las de un semidiós que mantuvo su independencia y su libertad

Paco de Lucia en Oviedo, por la entrega Premio Príncipe de Asturias de las Artes.
Paco de Lucia en Oviedo, por la entrega Premio Príncipe de Asturias de las Artes.

Escribo bajo los efectos del mazazo tremendo de las muertes imprevistas. Me repito: “Se ha muerto Paco”, y no consigo entender qué es lo que me digo. La cabeza y las manos que se han detenido para siempre son las de un semidiós que, manteniendo con un orgullo infinito su independencia y su libertad, elevó nuestra música, el flamenco, a la cuarta dimensión de la música grande. Y lo hizo sin doblegarse, sin conceder una uña a señoritos ni a mandamases efímeros, sin deberle nada a nadie, inyectando en los flamencos jóvenes orgullo, conciencia, autoestima y fuerza suficiente para liberarse de la sumisión de las ventas y de las fiestas, de los lazos casi tribales de una cultura gris en la que hasta entonces jugaban el papel de bufón. Abrió la puerta de una casa cerrada, se enfrentó a tormentas y a demonios. Como Ulises, hizo un viaje peligroso para que después lo hiciéramos todos. Nos salvó. Y ahora, un rayo lo ha alcanzado a la orilla del mar, ¿dónde si no iba a morir Paco? Paco, no sé qué decirte. Grande. Grande. Grande.

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