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Mentiras ilustradas de la televisión

Una serie de TVE ‘desvelaba’ que Goya pintó tres majas y que Lope de Vega tenía un negro

La BBC ‘alertó’ de un agujero defensivo del Reino Unido

Montaje sobre García Lorca para la serie 'Páginas ocultas de la historia'.
Montaje sobre García Lorca para la serie 'Páginas ocultas de la historia'. EL PAÍS

No tuvo el impacto mediático del programa de Jordi Évole sobre el 23-F, pero el recurso al falso documental lo experimentó Televisión Española a finales de los años noventa con la serie Páginas ocultas de la historia, que contaba hechos ficcionados como si fueran documentales sesudos. A través de 13 capítulos se proponía a los espectadores un juego en el que sus autores —los escritores Juan Bas y Fernando Marías— planteaban “mentiras ilustradas”.

Aquellos disparatados documentales estaban presentados por el periodista Felipe Mellizo, que había sido conductor de los telediarios de la televisión pública. Esta condición de daba verosimilitud a los casos que planteaba cada semana. Mellizo se desplazaba al lugar de los hechos y contaba con la complicidad de prestigiosos historiadores y científicos de primera fila. Así fue como fue desvelando noticias fabuladas. En uno de los episodios demostraba con un alud de testimonios y pruebas irrefutables que Goya pintó tres majas; en otro exponía que la ingente producción literaria de Lope de Vega se debía a la colaboración de un negro. Uno del más disparatados anunciaba que el levantamiento del 2 de Mayo de 1808 fue una maniobra de distracción de las tropas napoleónicas para cometer un atraco.

Mellizo relataba en otro de los capítulos, desde el barranco de Víznar y con absoluta convicción, que el poeta granadino Federico García Lorca no murió allí fusilado en 1936, sino que sobrevivió a los disparos y fue trasladado hasta un convento, donde las monjas le cuidaron. Amnésico como consecuencia de las heridas recibidas en la cabeza, Lorca falleció en 1954. Para dar credibilidad a estos falsos documentales se utilizaron imágenes de archivo reales y dramatizaciones.

En el circuito catalán de TVE, Joan Ramón Mainat experimentó este género en 1991 con Camaleó, un telediario simulado que presentaba como real un ficticio golpe de Estado en la URSS (antes de que se produjera el verdadero) y fue rebotado de inmediato por medios informativos como si se tratara de una noticia verdadera. Su creador quería “relativizar la fe ciega que la gente tiene en la televisión pública catalana”. Fue destituido.

Incluso la muy reverencia BBC británica se atrevió con el género. The War Game, dirigida por Peter Watkins en 1965 (aunque no se difundió hasta 20 años después) ofrecía un exhaustivo trabajo de investigación que pretendía destapar la vulnerabilidad de la defensa británica ante un posible ataque atómico y una hipotética tercera Guerra Mundial. Para su realización, echó mano de todos los recursos de los noticiarios (gráficos, entrevistas a expertos) que le dieron un barniz de certeza.

En algunas ocasiones, este tipo de dramatizaciones ha tenido consecuencias trágicas. Quizá la más impactante fue la que en 1949 emitió Radio Quito, una de las emisoras más prestigiosas de Ecuador. Se trataba de una adaptación local La guerra de los mundos que en la CBS estadounidense había orquestado Orson Welles. Radio Quito quiso que el radioteatro fuese lo más real posible, y las crónicas de entonces señalan que muy pocos estaban al corriente de la farsa. Un locutor interrumpió la transmisión para informar de la presencia de un platillo volador en la ciudad. A los 20 minutos la gente descubrió que era un engaño y acudieron a apedrear la sede de la emisora, donde se editaba el diario El Comercio. Los disturbios provocaron un incendio, pero la policía no atendió las llamadas de emergencia. Pensó que formaban parte de la burla. Murieron cinco personas calcinadas.