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CRÍTICA
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Risto Mejide no es el antiÉvole

El devorador de 'triunfitos' estrena su programa de entrevistas impertinentes con Zapatero y Lorenzo. Pero de su sofá salen sin daños. Puestos a elegir algo gamberro, ganó el Follonero

José Luis Rodríguez Zapatero, entrevistado por Risto Mejide en 'Viajando con Chester' (Cuatro)
José Luis Rodríguez Zapatero, entrevistado por Risto Mejide en 'Viajando con Chester' (Cuatro)mediaset

Todos conocemos a alguien que se presenta así: "Yo es que soy franco, directo, sincero. Voy siempre de frente y lo digo todo a la cara". A uno estas palabras le invitan a prepararse para lo peor, pero los de esa pasta siempre encuentran su público. Operación Triunfo halló en 2006 petróleo en Risto Mejide, creativo publicitario, como miembro ácido y cruel del jurado, capaz de hacer llorar a los concursantes. Ese papel con látigo siguió funcionando en Tú sí que vales, porque da más juego un examinador grosero y de lengua afilada que, pongamos, un Bustamante amigo de todos y que sufre porque solo puede ganar uno. Risto (él dice que significa Ricardo en finés, pero en realidad equivale a Cristiano en esa lengua) también presume de dar motivos de enfado a sus jefes, lo que explica sus idas y venidas, o su retirada de la televisión que proclamó en 2011.

Mejide es muy popular en este país donde gustan tanto los comentaristas crispados. Se supone que a muchos les gustaría imaginarse como él, así de seguro, cantando las cuarenta a quien haga falta. Pero el hábitat natural de este personaje es el mundo del entretenimiento, no el de la información, y el salto es arriesgado. Que sea la mejor fórmula para competir desde Cuatro con el exitoso Salvados de Jordi Évole en La Sexta es lo que se puso a prueba la noche de este domingo. Viajando con Chester (por el clásico sofá inglés en que se hacen las entrevistas, no por el tabaco) aumenta así la competencia en la franja estelar del fin del fin de semana, en la que tantas propuestas se han estrellado.

Preventivamente, Mejide escribió antes del duelo que no considera a Évole su rival, y que lo cree más grande que él. No era buen día para enfrentarse al antiguo Follonero, de humorista a periodista, quien batió su récord de audiencia con ese documental en que decía que el 23-F era mentira, lo que al final también era mentira. El especial de Salvados, ficción tramposa pero de factura impecable, se llevó un 23,9% de la boquiabierta audiencia frente a un 9,5% de Viajando con Chester, en todo caso bien por encima de la media de su cadena.

El primero en desfilar por el sofá fue José Luis Rodríguez Zapatero. Fiel a la impertinencia que se espera de él, el de las gafas de sol le lanzó todo tipo de dardos: le llamó Bambi, populista, se dirigió a él en inglés, le dijo que llegó a presidente gracias a un atentado, que engañó al país sobre la crisis, que traicionó a todos. Zapatero exhibió talante ("yo de eso no tengo", admitió Mejide) y respondió con serenidad a casi todo, aunque sorteó asuntos como la vida privada del Rey ("le tengo gran cariño"). El nivel del debate cayó a mínimos con la pregunta sobre si Angela Merkel es tan fea como parece.

Mejide es agresivo en las preguntas que prepara pero, como en realidad no es periodista, deja al entrevistado explayarse a su gusto y no le aprieta con repreguntas, así que Zapatero salió vivo sin que le viéramos en apuros. Y cerca del final el expresidente se creció: "Risto, has estado más político que yo, porque dices las cosas populares".

Luego pasó por allí Jorge Lorenzo, a quien Risto insistió con que debía estar muy frustrado porque sus padres no le acompañaran cuando fue campeón del mundo, y no lo parecía tanto. También le reprochó que tenga domicilio fiscal en Suiza, donde el motorista afirma que reside y entrena, pero tampoco vimos al motorista agobiado por eso. Y, dirigiéndose la sartén al cazo, el presentador le afeó la chulería, a lo que el deportista respondió: "Pero tú la buscas".

En esta mezcla de periodismo y show ahora tan de moda (en inglés lo llaman infotainment), se confunde a veces la profesionalidad con la mala educación. Quizás porque estábamos hartos de compadreos entre informadores y fuentes, ahora se lleva mucho ese tipo de entrevista montada como una encerrona. Pero muchos comunicadores saben que dejando alguna vez a sus interlocutores que se relajen le sacarán palabras más interesantes. Que no se le puede morder todo el rato.

En sus inicios Jordi Évole se colaba en confesionarios con cámara oculta, y se enfrentó a campañas de boicoteo por ello, pero fue ganándose al gran público según fue tomándose más en serio a sí mismo. En sus mayores éxitos recientes no había casi nada del Follonero que fue. Y en sus entrevistas, en vez de ir al choque, hace preguntas con mucha intención desde una calculada inocencia. Pero ayer Évole volvió a ser Follonero e hizo la gamberrada de su vida, ese falso relato de que el golpe era un montaje dirigido por José Luis Garci (sí, ese bulo que llevó a tantos a meter la pata en Twitter y que alimentará una buena temporada a los amantes de las conspiraciones). Mal día para iniciar un proyecto tan discutible como el del antes devorador de triunfitos, tan dado al postureo, como se dice ahora.

Iñaki Gabilondo, quizás el mejor entrevistador que ha tenido este país, salió en ambos programas, un Gabilondo farsante con Évole, el de verdad en un avance de su visita al Chester. "Muchos no nos creemos la marca Mejide", le espetó al conductor. Dio en el clavo. Lo del 23-F de Jordi Évole era mentira, pero Risto Mejide no acaba de ser de verdad.

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Sobre la firma

Ricardo de Querol
Es subdirector de EL PAÍS. Ha sido director de 'Cinco Días' y de 'Tribuna de Salamanca'. Licenciado en Ciencias de la Información, ejerce el periodismo desde 1988. Trabajó en 'Ya' y 'Diario 16'. En EL PAÍS ha sido redactor jefe de Sociedad, 'Babelia' y la mesa digital, además de columnista. Autor de ‘La gran fragmentación’ (Arpa).

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