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De Ceuta a Suiza

Los países que son accesibles para el inmigrante ilegal son despreciados por los vecinos ricos, cuyas fronteras están protegidas por los bancos globales

Un grupo de inmigrantes en la frontera de Ceuta
Un grupo de inmigrantes en la frontera de Ceuta

Las autoridades españolas tienen que investigar la muerte de inmigrantes en la avalancha de Ceuta con un rigor extremo. La inmigración ilegal recorre Europa como el fantasma favorito para agitar los extremismos. El error consiste en autoconvencerse de que es un problema puntual que se resuelve en tu frontera y se limita al tamaño de tu valla. A ver quién pone la valla más grande, parecen desafiarse unos gobiernos a otros, incapaces de conceder al asunto la trascendencia que tiene y regalándolo como caramelo electoral a los oportunistas. La firmeza en la defensa de las concertinas y empujar a la guardia civil a resolver el drama delatan la incapacidad manifiesta.

Los suizos han pretendido, con la higiene que concede el referendum consultivo, limitar el acceso por sus fronteras. Ese ejercicio de cinismo empuja a los españoles y a los italianos a convertirse en su guarda fronteriza a cambio de nada. Los países que son accesibles para el inmigrante ilegal son despreciados por los vecinos ricos, cuyas fronteras están protegidas por los bancos globales, al margen de otra realidad humana que no sea el dinero y las joyas en sus cajas fuertes. La ironía ha querido que Roberto Maroni, unos de los líderes de la Liga Norte tenga que explicar a esos italianos que detestan a los inmigrantes que vienen de fuera, que ellos son igual de indeseables al otro lado de la frontera suiza, que acostumbran a cruzar para acceder a mejores condiciones laborales y vitales. Siempre hay otro más pobre y más miserable que tú al que puedes humillar, pero nos olvidamos de que otro más rico y más solvente te mirará también desde esa atalaya del desprecio.

Para España, su valla fronteriza del sur es un espejo deformante de las fronteras del norte. La cuchilla es de dos filos, de ida y vuelta. La honestidad de nuestras autoridades para el drama de abajo les concederá una mínima autoridad para enfrentarse a los vecinos del norte y explicarles que su cierre de fronteras es inviable. Vamos camino de otra década perdida para tratar la tragedia desde su más honda raíz. Resolverlo es imposible, pero al menos desnudar el engaño masivo al votante europeo con ideas de protección, raza y exclusividad nacionalista.