Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Fin

La audiencia global despide a 'Breaking bad' en la cumbre y vapulea a 'Dexter'. Saber acabar una serie es la excepción. Algunas tramas duran demasiado, pero lo último son las miniseries

Bryan Cranston interpreta a Walter White en 'Breaking bad'
Bryan Cranston interpreta a Walter White en 'Breaking bad'

Muchos espectadores se sienten estafados cuando una trama que se había enredado demasiado recurre al manido 'todo era un sueño'. Los Serrano cometió ese despropósito para despedirse. Y ya sabemos que la ficción es mentira, pero no esperamos más mentiras que la que ya hemos aceptado. Lo de despertar y que todo esté en orden solo funciona en Alicia en el país de las maravillas, y eso porque desde el principio entiendes que ese mundo es onírico. Otro final gastado es el de 'todos estaban muertos', que solo sorprendió en El sexto sentido hace ya tres lustros.

Poner un final chapucero a una serie que tenía una trayectoria digna ocurre a menudo en televisión. Eso tiene que ver con el afán de la industria de rentabilizar los productos de éxito más allá de lo razonable, y también con que los guionistas escriben sin saber cuánto tendrán que estirar un relato que van dejando abierto.

Los fans de Dexter, un asesino justiciero, manifiestan su disgusto con un impropio desenlace tras ocho temporadas, más de las que hacían falta. Al contrario, la audiencia global contendrá el aliento esta noche con otro criminal en el último capítulo de Breaking bad, la triunfadora del año, que termina en su quinta temporada. En EE UU el penúltimo Breaking bad vapuleó al último Dexter: seis millones de espectadores contra tres.

Saber acabar es excepción. La influyente Perdidos, que tuvo un arranque vibrante en 2004, dejó la sensación de habernos tomado el pelo cuando se cerró en 2010 tras unos cuantos giros estrambóticos. Ese pecado lo cometió incluso la innovadora Twin Peaks, creada en los 90 por David Lynch, a quien de dos temporadas le sobró la última media.

Llevamos una década de la llamada segunda edad de oro de las series, y acumulamos cierta fatiga con las que duran demasiado y nos impiden dedicarnos a las nuevas. Ahora se llevan las temporadas cortas y, sobre todo, las miniseries: 3 a 10 capítulos, con principio y final, que no exigirán tu fidelidad durante meses. Otra referencia, la angustiosa American Horror Story, hace de cada temporada una miniserie, con distintas tramas, personajes, escenarios y hasta épocas.

Necesitamos series de ficción porque queremos evadirnos viviendo otras vidas. Pero algunas de esas vidas no merecen que les entreguemos tantas horas de la nuestra.