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Malaire

Hay que tener cuidado con el malestar. Empieza siendo malestar y luego es gripe, o fiebre, pero antes es malaire

Julio Cortazar
Julio Cortazar

Hay que tener cuidado con el malestar. Empieza siendo malestar y luego es gripe, o fiebre, pero antes es malaire. Ahora, perdón, estamos aún en el malaire. Este mediodía me decían portavoces del malestar que no hay manera de entender la tele, ni de encenderla. Es malaire. Nadie se ríe, nadie sonríe. De pronto, el humor (decían) está basado únicamente en la política. No es risa, es rabia. Lamento, cabreo. Cuidado: el malaire da fiebre.

Las sociedades sin malaire se ríen de otras cosas, también. Aquí la risa la desata la política. Únicamente. Hacen los políticos un servicio público que cae del lado del humor. Sólo hay humor político, o casi. Si ves El intermedio (La Sexta), el programa que prefiero, encuentras que casi todo termina produciendo risa, del Rey abajo. ¿Y qué pasa? No se trata solo del café con leche o de las otras desgracias que le ocurren a la hazaña nacional: es que todo, incluso lo más serio, como lo que pasa en Cataluña, cae en el bando del humor, y el país no para de reírse.

Y no es para reírse. A este país le ha dado un malaire. El malaire es cuando no sabes qué te ha pasado, pero es tan grave lo que te ha ocurrido que no encuentras cómo explicarlo. La tele, que es el epicentro de lo que se dice, tendría que intervenir, no apoyar el malaire sino explicarlo. Está este país lleno de gente que sabe, que ha estudiado; no son solo los periodistas, que es de lo que más abunda, sino seres que tienen en sus curriculos la experiencia que a otros nos falta. Que TVE, o La Sexta, o Telecinco, o Antena 3, o cualquiera de los instrumentos que se presentan como la antenas que explican la realidad nacional, encuentren los instrumentos necesarios para que en lugar de risa, o cabreo, haya pensamiento, explicación. Y que no haya gritos, ¿es posible?

Vivimos en el otoño de nuestro descontento; tuvimos una ilusión nacional, la transición, y ese síntoma falleció en manos de todos nosotros. No se culpe a nadie, decía el inolvidable Cortázar, pero se acabó esa ilusión que ahora es risa y olvido, malaire. Uno de los contertulios de ayer (un extremeño) decía que lo que pasa es que estamos bicheando, sobreviviendo. Las cosas se han puesto serias, dijo. Los demás dijimos: “Hombre, no exageres. Es solo un malaire”. Me parece que los que dijimos eso somos gentes que ve mucho la tele.