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El futuro está en las piedras centenarias

Un plan de restauración de 54 iglesias románicas del norte de Palencia y Burgos persigue que los templos sean el revulsivo económico de zonas casi despobladas

"Los tesoros de antaño son las rentas del futuro". El director de la Fundación Santa María la Real, Juan Carlos Prieto, define así el proyecto de restauración de 54 iglesias románicas -41 en Palencia y 13 en Burgos- todas de los siglos XII y XIII, una iniciativa que ha permitido a joyas casi enterradas entre sus ruinas volver a la vida. Así ha sucedido, por ejemplo, con la iglesia de Santiago, en Cezura (Palencia), que del polvo de sus escombros ha pasado a albergar en su interior una luz tamizada gracias a sus nuevas piedras de alabastro. El plan de intervención Románico Norte comenzó en 2005 y está previsto que acabe a fines del próximo año. Su presupuesto, 9.720.000 euros, lo aporta la Junta de Castilla y León; el Arzobispado de Burgos y el Obispado de Palencia, como propietarias de los bienes, facilitan el que los técnicos y obreros de la fundación, cuya sede está en la localidad palentina de Aguilar de Campoo, recuperen los templos y su entorno.

Para mostrar logros como la salida a la superficie de la iglesia palentina de Santa María de Mave -a la que había que entrar bajando unos escalones porque se había hundido en el terreno- se presentó en la pasada Feria del libro de Madrid el libro 1.000 días de Románico Norte, una obra con decenas de fotos para ilustrar una actuación que abarca 1.700 kilómetros cuadrados. El lema del programa es Intervenimos y lo contamos, por ello, desde la fundación señalan que antes de cada restauración se reúnen con los vecinos del lugar y les explican qué van a hacer. "Lo importante es la conservación de los templos, aunque a veces se hagan cosas que no gusten a algunas personas", señala Prieto.

Policarpo Humada, don Poli, es el párroco de Olleros de Pisuerga y Santa María de Mave, dos de los pueblos en los que ya se han rehabilitado sus iglesias. "La gente está contenta", dice por teléfono este párroco de 75 años. Olleros de Pisuerga, un pueblo con solo medio centenar de habitantes en invierno, "ha notado el aumento del turismo, en todo el año pasado vinieron unas 15.000 personas y eso que no está nada bien señalizado desde la autovía cómo llegar aquí", añade. Por su parte, Prieto confirma que la actuación en Olleros está entre las que les han dejado "más satisfechos". De las 54 iglesias del plan -elegidas por su estado e interés histórico-artístico- , la mitad están ya como nuevas.

Luminarias como velones

"El templo parroquial de Olleros" -como dice don Poli que hay que llamarlo- luce sus nuevas luminarias, que simulan a los antiguos velones. Fue la primera iglesia del plan Románico Norte en la que se terminaron los trabajos. Su retablo, dañado debido a la condensación generada por poner cristales en sus pequeñas ventanas, hoy está recuperado. "Las humedades crearon verdín en el interior", dice el párroco, que apunta que, en ocasiones, hubo sus discrepancias con la fundación: "A veces ellos llevan la restauración desde el punto de vista del arte y nosotros desde la religión, y no siempre se coincide".

El alcalde de San Cebrián de Mudá (Palencia), Jesús González, detalla que la actuación en la iglesia de San Cornelio y San Cipriano fue "integral, incluso había piedras en situación peligrosa". El templo de esta localidad de 190 habitantes vio también recuperadas sus "pinturas murales, del siglo XV". González se queja de que, al contrario de lo que sucede en Olleros, en su pueblo no se cobra por entrar a ver la iglesia. "Y hablamos de una cultura en peligro de extinción, ese dinero vendría muy bien".

La Reconquista

El director de la fundación explica que las iglesias intervenidas tienen en común que fueron "fruto de la repoblación durante la Reconquista". "En cada zona montañosa, los antiguos concejos levantaron iglesias" con una actividad febril. La mayoría fueron reformadas en los siglos XVI y XVII pero con el tiempo los pueblos se quedaron vacíos, "especialmente durante el desarrollismo", en los años sesenta del siglo XX. Ahora la fundación quiere que los templos vuelvan a ser, como cuando se levantaron hace 800 años, el revulsivo económico de esas comarcas, principalmente a través del turismo rural.

La transformación del románico norte en Palencia y Burgos también se percibe en pinturas murales, imágenes, retablos... No son grandes obras pero tienen mucho valor simbólico para estos pueblos de la despoblada Castilla. Un buen ejemplo es la imagen de Santa María la Real de Valberzoso (Palencia), una talla policromada de comienzos del siglo XIII a la que los insectos y los repintes habían desdibujado. Además, en una anterior restauración se había movido de sitio la figura del Niño. Todo ha vuelto a su lugar, incluida la bella policromía original. De antiguas intervenciones nefastas da fe el párroco de Olleros de Pisuerga: "La iglesia se encaló a fines del siglo XIX por una epidemia de cólera. Así estuvo hasta que en 1952 se quitó la cal pero lo hicieron picando la piedra". No obstante, la fundación admite que muchas restauraciones, aunque mal encaminadas, salvaron a templos del derrumbe. Fue un parche pero evitó lo peor.

En su soledad castellana, batidas por el sol y el viento helador, estas iglesias parecen hoy recién erigidas, dispuestas a estar en pie otros mil años. El alcalde de San Cebrián de Mudá tiene claro dónde están los brotes verdes que pueden traer dinero al pueblo: "La iglesia es nuestra oportunidad y además no podemos dejar que el pueblo se quede sin su historia".

La audioguía en el móvil

La Fundación Santa María la Real, que además de su labor para salvar patrimonio cultural se ocupa de actividades como el cuidado de ancianos y la hostelería, proclama que uno de sus principales fines es "la innovación tecnológica". En las iglesias del plan se han instalado sensores de humedad, temperatura y humo conectados con un centro de control remoto en Aguilar de Campoo. Si se detecta algo extraño, salta la alarma. También se va a implantar un "sistema de control remoto de visitas". Es decir, en iglesias de lugares despoblados y que nadie puede enseñar, se darán tarjetas a los visitantes para que puedan abrir el templo. Como en las habitaciones de los hoteles. "Lógicamente, deben ser edificios que no tengan objetos que puedan ser robados", apuntan desde la fundación. Pero uno de los mayores atractivos está en las audioguías que podrán escucharse en el móvil. Eso sí, solo en teléfonos inteligentes. A los visitantes se les entregará un folleto con unos códigos de barras. Una foto a ese código con la cámara del móvil y se descarga en unos segundos la audioguía. En las iglesias de Santa María de Mave y Olleros de Pisuerga será realidad este verano.

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