Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

¿Por qué pasó en verano?

La estación más cálida del año es muy prolífica en acontecimientos históricos.- Intentamos desentrañar hasta dónde llega la casualidad

"Dios"- exclama el Rey- "qué penosa es mi vida"

Brotan las lágrimas de sus ojos, se mesa la barba

Aquí acaba la gesta que Turoldo expone

Son las últimas palabras del Cantar de Roldán. El primer testimonio escrito en francés narra la humillante derrota de las tropas del emperador Carlomagno en Roncesvalles el 15 de agosto del año 778. De suceder hoy, 1.232 años después, es posible que muchos de sus conocidos que se encuentren de vacaciones no se hubieran enterado. Podría decirles, parafraseando una pieza que ya es un clásico en este periódico, que pasó mientras usted no estaba. Pero ¿por qué pasó cuando usted no estaba?

Casualidad o no, numerosos hechos históricos de gran relevancia pasaron en verano. En verano comenzó la revolución francesa y acabaron las guerras mundiales (hoy se cumplen 65 años de la rendición de Japón), en verano partió Cristóbal Colón hacia América y llegó el hombre a la Luna, en verano se demostró que la Armada Invencible no lo era tanto y que las tropas napoleónicas también podían perder en Bailén, en verano demostró Léonidas que en las Termópilas eran posibles las defensas numantinas incluso 350 años antes de que los habitantes de Numancia se rindieran a Roma, también en verano...

¿Existen factores que expliquen tanta coincidencia? "Es cierto que existe una cierta correlación, pero yo la relativizaría mucho porque encontramos acontecimientos históricos en todas las estaciones del año", responde Antoni Segura, catedrático de Historia Contemporánea y director del Centre d'Estudis Històrics Internacionals (CEHI) de la Universidad de Barcelona. En general, Segura señala que esa relación se da más claramente "en las sociedades agrarias, y seguramente es más evidente cuanto más se retrocede en el tiempo".

Héroes en espera y emperadores supersticiosos

Retrocedamos pues más de 2.000 años. "En el mundo antiguo la guerra era sobre todo en verano -indica Carlos García Gual, catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid- en las guerras del Peloponeso, que cuenta Tucídides, todas las campañas eran en verano". Un estío, eso sí, que hay que entender en sentido amplio: "Los espartanos invadían el Ática siempre en primavera y se retiraban en otoño", recuerda. Y antes aún, en el mito, la Ilíada describe a las largas esperas de militares, héroes y naves hasta la llegada de los tiempos favorables.

También en La Guerra de las Galias, de César, se da cuenta del movimiento de tropas a partir de primavera, según señala María Paz García-Gelabert, del departamento de Historia Antigua en la Universidad de Valencia, donde impartió durante años la asignatura Guerra y ejército en la Antigüedad. "La dinámica de la guerra se gestaba en el seno de la política durante todo el año, pero los ejércitos se movían a partir de la primavera", aclara la profesora. Lo que nunca olvidaban los romanos, ceremoniosos al extremo en los temas bélicos, era lanzar sus augurios para saber qué días eran fastos y cuáles nefastos a la hora de iniciar una campaña. Augurios, eso sí, que nunca se pedían en invierno...

"El verano tiene la ventaja de que las comunicaciones están más seguras", apunta Antonio Elorza, catedrático de Pensamiento Político en la Complutense de Madrid. Así, la historia avanzó, pero el propio Carlomagno no encontró ningún motivo para guerrear como se había hecho hasta entonces: con el buen tiempo y los pastos rebosantes de comida para las bestias de su temida caballería. Y siglos después, fue un 16 de julio cuando la cristiandad consolidó su posición ante el mundo islámico en las Navas de Tolosa, posición que había perdido el rey Rodrigo 501 julios antes en Guadalete. "El verano ha jugado un papel importante en Europa y América del Norte, pero como gran espacio temporal que comienza en marzo", corrobora Elorza, quien no obstante advierte que "muchas veces no puede establecerse un nexo casual". En definitiva: parece que el buen tiempo ayuda a que pasen cosas, pero que luego se concreten entre la última semana de junio y la última de septiembre, forma parte de un cierto azar.

De la Invencible a la guerra de Afganistán

No se sabe si por azar, pero el caso es que la Grande y Felicísima Armada enviada por Felipe II para invadir la Inglaterra de Isabel I, no encontró en el Canal de la Mancha las condiciones más favorables para su empresa, que fracasó estrepitosamente a principios de agosto de 1588. "Hay unas circunstancias que no se pudieron prever. Algunos hablan incluso de la forma de las mareas, que no facilitaba la estrategia de fondear primero en Flandes, además de que los galeones no eran lo más indicado para unas aguas tan bajas", señala Enrique Martínez, catedrático de Historia Moderna en la Complutense madrileña.

¿Se habla sobre el verano en la extensa tratadística militar moderna? "La estacionalidad de la guerra todo el mundo la conocía, no hacía falta especificar fechas", responde Martínez, profesor de un curso doctoral sobre Organización militar de la Monarquía Hispánica. Entre las principales ventajas señala la facilidad para navegar, la posibilidad de abastecer mejor a las tropas sobre el terreno -"los silos de los pueblos estaban llenos"- y la mayor duración del día además de la escasez lluvias -"es más fácil el desplazamiento, sobre todo de la artillería". En conclusión, "la vida hasta la revolución industrial tenía un ritmo que dependía mucho de las estaciones y en invierno se detenía, porque la actividad agrícola se detenía también".

Una vida pendiente de los ciclos del campo. Suena antiguo, pero es más actual de lo que parece: "Hay sociedades de Asia y África en que el ciclo agrario sigue condicionando mucho. Nadie va a la guerra cuando tiene una cosecha por recoger", indica Antoni Segura, quien cita la ofensiva talibán de este verano como ejemplo. Con los avances técnicos y la profesionalización de los ejércitos es más difícil encontrar factores estacionales en acontecimientos como el inicio de la Guerra Civil, el final de las dos guerras mundiales, la invasión de Polonia por Hitler, la entrada de las tropas soviéticas en Praga o la proclamación de varias independencia africanas y asiáticas, hechos que animaron los veranos del siglo XX. Lo que sí se puede ver en los últimos tiempos en incidentes como el ataque israelí a Líbano en 2006 o la guerra de Georgia en 2008, cuenta Segura, es "la búsqueda de la menor incidencia mediática, del apagón informativo". Ese mismo que hoy, 15 de agosto de 2010, permite detenerse a conjeturar sobre las coincidencias de la historia.