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Necrológica:

José Antonio Corrales, racionalista del neoplasticismo

La reciente muerte de José Antonio Corrales, incinerado ayer lunes en Madrid, cercena la vida de uno de los arquitectos españoles más importantes del siglo XX. Madrileño nacido en 1921, sobrino del arquitecto Luis Gutiérrez Soto, pasó su infancia en la capital madrileña, en cuya Escuela Superior de Arquitectura se tituló en 1948, el mismo año en que obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura. Cuatro años después, vincula su trayectoria profesional a la de su amigo Ramón Vázquez Molezún, con quien compartiría estudio en Madrid hasta la muerte de este, en 1993. Generacionalmente, Corrales se sitúa en un segmento intermedio entre la generación de Miguel Fisac y la de Javier Carvajal. Él quedó adscrito a un grupo denominado por algunos Escuela de Madrid, junto con exponentes como Alejandro de la Sota, Asís Cabrero y Francisco Saénz de Oíza, entre otros arquitectos de nombradía y singularizados por lo que se ha conocido académicamente como racionalismo de posguerra, corriente que encontró su auge entre los años 50 y 60 del siglo XX.

Su obra fue amplísima y abarcó actuaciones internacionales como el proyecto de Biblioteca Pública para la ciudad de Teherán, capital iraní, que la caída del sha Reza Pahlevi, en 1979, impidió construir, o el Pabellón de España en la Exposición Internacional de Bruselas, en 1958, una propuesta a base de hexágonos adheridos que posteriormente fue rehecha en el recinto de la Feria del Campo de Madrid, donde esta original construcción languidece. Otra de sus obras fue la urbanización Elviña, en A Coruña, la cual solapó un complejo residencial a la ataludada topografía del paisaje elegido para edificarla. Algunas voces coruñesas han denunciado el estado de supuesto abandono en que esta urbanización, tremendamente vanguardista en su época, se encuentra hoy tras varias actuaciones que han desintegrado algunos de sus componentes tectónicos.

Con Vázquez Molezún, Corrales fue asimismo autor del campo y la urbanización del Golf Sotogrande, en Málaga, una propuesta manifiesta en originales apartamentos con atrevidas cubiertas en diálogo con el paisaje circundante. En Madrid, el arquitecto colaboró con Alejandro de la Sota en la erección de una residencia infantil en Miraflores de la Sierra. En el área de Puerta de Hierro, hoy perteneciente al distrito de Moncloa, edificaría la casa de Huarte, considerada por arquitectos como Jaime Tarruell, autor de la restauración del Casón del Buen Retiro, como "canon de la perfección de las viviendas unifamiliares, por la armonía funcional y existencial" que su propuesta arquitectónica implicaba.

De igual modo, junto con Vázquez Molezún, Corrales Gutiérrez proyectó el edificio 3M, así como la sede de Bankunion, ambos en el paseo de la Castellana; la sede de la publicación norteamericana Reader's Digest, en la autopista de Barajas, donde Corrales estrenó, al parecer por causa de un fortuito exceso de cocción, el gres oscurecido, que sería aplicado posteriormente por numerosos arquitectos, émulos suyos, dada la decoratividad mostrada por este material. A Corrales se debe asimismo el edificio Profiden, en la carretera de Burgos y otro en la calle de Ayala, 15, un proyecto de vanguardia de gran impacto. Entre las últimas obras de su estudio destacaron la nueva sede del Banco de España en la prolongación de la calle de Alcalá, ya cerca de Canillejas, la sede del Banco Pastor del Paseo de Recoletos y la estación ferroviaria de Chamartín.

Académico de la Real de San Fernando, docente en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Medalla de Oro de la Arquitectura en 1992 y Premio Antonio Camuñas en 2004, en los últimos años de su vida, José Antonio Corrales mostró en ocasiones su amargura ante el erosivo envejecimiento que algunos de sus edificios registraron y que atribuía a la desidia, oficial o de particulares, observada en su mantenimiento. No obstante, su arquitectura, signada por un neoplasticismo inspirado en los grandes maestros holandeses pero de gran originalidad y autoctonía, con enorme atención a las innovaciones tecnológicas y al suave dictado de la topografía sobre la tectónica, al paisaje sobre la vivienda; sitúan al arquitecto fallecido entre los más fieles a las mutaciones vividas por su generación y por su época. Laborioso y tesonero en su estudio, muchos de sus colegas han subrayado el entusiasmo "casi adolescente" con el que hasta última hora José Antonio Corrales comparecía a numerosos concursos de proyectos. Por otra parte, formó parte de jurados calificadores de los más importantes emprendimientos arquitectónicos, hecho que confería a los fallos de estos órganos un distintivo de crédito troquelado por su saber y veteranía.