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El IVAM, viajero incansable

El museo cumple 20 años con un modelo basado en la inversión privada y la vocación internacional

La riqueza de sus fondos (10.632 obras) le permite reinventar su colección permanente y aumentar su proyección al exterior (China, Cuba, México), sin que el espectador habitual (600.000 el último año) se sienta defraudado. El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) nació hace poco más de 20 años ?con Ciprià Císcar como responsable cultural de la comunidad y Carmen Alborch, en la dirección? y enfila bajo la dirección de Consuelo Císcar su tercera década con decidido carácter viajero y una colección que, en una práctica poco habitual, se basa en las donaciones y pivota alrededor de las 400 obras de Julio González; unas 600 de Pinazo y las 520, de Miquel Navarro. Entre Alborch y Císcar, hoy enemigas irreconciliables, desfilaron al frente del museo José Francisco Yvars, Juan Manuel Bonet y Kosme de Barañano.

El conjunto de salas dedicado a Julio González es un micromuseo en sí mismo, un recorrido apasionante por la trayectoria de uno de los artistas más importantes de la vanguardia histórica. Son piezas maestras que no sólo constituyen un aliciente permanente para la visita, sino que permiten a su directora mantener un intercambio constante con grandes museos internacionales.

El segundo gran atractivo consiste en que cada temporada Císcar reinventa la colección de la exposición permanente. Bajo el título de La línea roja, este año se muestran los fondos referidos a la abstracción a través de obras de artistas españoles y extranjeros como Rauschenberg, Anthony Caro, Gordillo, Chillida, Rivera, Esteban Vicente... La muestra es un homenaje al artista Antoni Tàpies y a la obra que da título a la exposición, pintada en 1963 y que inauguró con el brío de las obras maestras una nueva manera de entender el arte. "Aprovechamos los ricos fondos del museo para ir mostrando diferentes ejes. Nos ocupamos del surrealismo, la fotografía, el pop... Nos reinventamos la colección porque creemos que hay que buscar nuevos visitantes y que los que vienen de manera habitual tengan cada vez más alicientes".

Aunque no sólo de colección permanente vive el IVAM. En estos días convive la obra más reciente del argentino Eduardo Stupía con el Equipo Crónica, Cai Xiao Song y la muestra El mar como pretexto, un recorrido por el arte que ha tomado el agua como inspiración.

Frente a las críticas que aseguran que en los últimos años ha descendido el nivel artístico de las exposiciones temporales, Consuelo Císcar saca pecho mientras guía por un recorrido por el museo. "Buscamos siempre un equilibrio entre el soporte de cada artista, el origen y el discurso. Hacer coincidir nombres como los que ahora mismo tienen su obra en el IVAM, no es fácil. Pocos museos pueden ofrecer algo parecido".

La mitad de las exposiciones está firmada en el IVAM por artistas americanos. "Siempre he tenido puesta la mirada en Latinoamérica. Las exposiciones que producimos aquí, acaban rotando en los grandes museos del otro lado del Atlántico. Hacemos intercambio y así puedo traer a Valencia exposiciones como esta de fotografía cubana que ahora tenemos a cambio de la de arte pop que tenemos en La Habana".

Pero las colecciones del IVAM no sólo viajan a América. Importantes museos de África y Asia no escapan a su llamada del IVAM. "Uno de mis retos principales es dar a conocer el museo en todo el mundo y, a cambio, conocer todo lo interesante que se mueva fuera".

El modelo financiero del IVAM, organismo autónomo desde su fundación, se nutre básicamente del patrocinio privado. "Este año disponemos de 250.000 euros. Siento que nos discriminan frente a museos como el MACBA o el MNAC. Si no fuera por el patrocinio privado, pocas cosas saldrían adelante". ¿Y cómo consigue esa colaboración empresarial en estos tiempos económicamente tan aciagos? "Llamando a cada puerta. Es la única manera".