Día 5: Rollo final del verano

Desde Austin (Texas), Pablo Amor, de la banda Delco, cuenta el desembarco de una decena de grupos españoles en el festival 'indie' SXSW

Día 1: Viajamos como Jarvis

Día 2: Nunca pensé que haría cola para entrar en una iglesia


En primer lugar, mis más sinceras disculpas, en caso de que haya ahí fuera, al otro lado del ciberespejo, alguien interesado por este diario desde que inauguré hace unas 24 horas. Lamento que la reproducción de la primera entrega se interrumpiera a la mitad. Como diría el ínclito José María Aznar con su mejor acento tejano: 'estamos trabajando en ellio'.

Todo lo contrario sucede en el SXSW, un prodigio en términos de logística, organización y atención a los detalles. Que se lo digan a Los Coronas, que ayer por la mañana alucinaron con la acústica y el equipo de Sonny's, la tienda de ropa de segunda mano en la que dieron el primero de los muchos conciertos que tienen programados. Fuimos hasta allí con ellos y con su acojone colectivo por no haberse traído ni caja ni platos para la batería. No hicieron falta ninguna, gracias al buen hacer de “Y di que también gracias al grupo que tocaba después”, me insisten, “que nos dejaron su caja”. El grupo era The Breakers, una especie de banda de rock-soul a lo Them procedente de Copenhague.

Da la sensación de que aquí no puede haber un concierto malo desde el punto de vista técnico, porque entre el público de cualquiera de ellos siempre hay alguien dispuesto a ayudar, o con cuerdas nuevas de guitarra encima si hacen falta, o con conocimientos absolutos de sonido como para hacerse cargo de una mesa de mezclas. En parte, porque estamos en el país del rock. Pero también porque hay un enorme respeto colectivo por lo que aquí está pasando estos días: los horarios se cumplen, la gente guarda silencio durante las actuaciones y hay una sensación de buen rollo generalizada. Esto no es Woodstock, la gente no ha venido por los aspectos colaterales de una reunión masiva al aire libre, como el barro, el sexo o las drogas, sino por la música.

Un ejemplo perfecto de todo lo anterior fue el magnífico concierto que M. Ward dio ayer, al caer la tarde, en la Central Presbyterian Church. Probablemente uno de los artistas indie estadounidenses mejor valorados en la actualidad y con memorable nuevo disco recién salido del horno. No defraudó. Armado tan sólo con una guitarra electroacústica, bajo la enorme cruz que preside tan sagrado escenario y en penumbra, se crearon todas las condiciones para una experiencia que admite calificativos como mágico, lisérgico y demás aspavientos lingüísticos. Vamos, que fue una pasada. Que mereció la pena esperar cola ¡ante una iglesia! durante una hora y media (quién me lo iba a decir...).

Fueron, como siempre, apenas 40 minutos. De nuevo, el carácter intrínsecamente democrático de este festival. Da igual quién y cuán famoso o esperado seas, aquí tocas tus 40 minutos y luego te piras; no tienes ni un minuto más, ni para atender peticiones de bises (que por eso mismo, no se escuchan nunca entre el público) ni para saludar a tu madre.

Lo saben bien los Right Ons, que anoche salvaron el Sounds from Spain a base de encadenar temas, discursos y acrobacias, sin dar un respiro a la creciente audiencia. No puedo hablar de las actuaciones de Nacho Vegas o Underwater Tea Party (aún seguía en la iglesia presbiteriana) pero la verdad es que cuando llegue al Esther's Follies había más gente en el bar que en la zona del escenario, donde sin mucha convicción, tocaban y cantaban La habitación roja. La cosa, como digo, cambió radicalmente cuando dejaron paso al Cirque du Soleil funky en que se están convirtiendo The Right Ons.

Y esto es sólo parte de toda la música (picoteé de más de 20 conciertos distintos) que deglutí ayer. Y quiero más.

Por cierto, ayer volvimos a chocarnos con Jarvis. Andaba el hombre solico por el Austin Convention Center, sentado en una mesa haciendo figuras con piezas de Lego proporcionadas por la organización. Algo le pasa.

Día 3: Mamá, no estoy comiendo sólo hamburguesas

Día 4: Sorpresas te da el SXSW

Día 5: Rollo final del verano

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