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Revive en Madrid la obra de Antonio Machado, a los 70 años de su muerte

Un retoño del olmo viejo que cantó el poeta crece en la localidad madrileña de Getafe

La obra del poeta Antonio Machado, muerto en el exilio de francés hace ahora 70 años, revivió en la mañana de este jueves desde los labios de decenas de personas que se acercaron a la sede el Ateneo Cultural Primero de Mayo de Madrid para leer sus mejores poemas. En un maratón de lectura que se prolongó desde el mediodía hasta las seis de la tarde, las rimas del autor de Campos de Castilla resonaron sobre la tarima del salón de actos de Comisiones Obreras, sede del Ateneo, en la calle de Lope de Vega, con la sobria musicalidad que les imprimiera el universal poeta andaluz (Sevilla 1874-Colliure, Francia meridional, 22 de febrero de 1939).

Antonio Machado había nacido en 1875 en el palacio de las Dueñas de Sevilla, hijo de un folclorista y administrador del ducado de Alba. Estudió Filosofía y Letras y obtuvo una cátedra de francés, que ejerció en Baeza, Segovia y Soria. Junto con Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Azorín y Ramiro de Maeztu, Antonio Machado formaría parte de la Generación del 98, troquelada por una intensa sensibilidad hacia los males de la patria -título de un libro del regeneracionista Lucas Mallada- derivados de la pérdida del imperio español.

Comprometido en la defensa de la legalidad republicana, al concluir la Guerra Civil, Antonio Machado Ruiz cruzó a pie la frontera hispano-francesa en dirección al exilio junto con su madre Ana Ruiz, su hermano José y su cuñada Matea Monedero el 29 de enero de 1939. El escritor Corpus Barga, también oficial militar republicano, les facilitaría alojarse en el hotel Quintana de la localidad francesa de Colliure. Allí fallecería Antonio Machado el 22 de febrero de aquel año de una neumonía y, cuatro días después, moriría su anciana madre.

Entre los numerosos lectores de la sesión poética madrileña se hallaba Gaspar Llamazares, parlamentario de Izquierda Unida. Durante la lectura realizada por Adolfo Sastre, este poeta llevó al escenario un documento singular: un retoño del olmo viejo de la entrada del cementerio de Soria, al que Antonio Machado consagrara uno de sus más conocidos poemas. "El retoño procede de un olmo clonado del primigenio árbol del poema, que crece en un jardín de Getafe y que, a su vez, procedía de las yemas extraídas del árbol original tomadas de aquél por el pediatra Antonio Núñez Aguilar", explica Manuel Romero. Éste legó el clon arbóreo a su amigo de Adolfo Sastre, quien plantó el árbol en su jardín getafense, donde crece desde hace 14 años y tiene ya una altura de más de diez metros.

Se da la circunstancia de que el doctor Núñez Aguilar es una de las personas que estaban en el secreto del lugar donde permaneció escondida desde el fin de la Guerra Civil, en el parque madrileño del Retiro, una cabeza escultural obra de Emiliano Barral que representa a Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista Obrero Español. La figura fue recobrada en 1979 y repuesta en el año 2001 en la avenida de la Reina Victoria esquina a la de Pablo Iglesias, y en el arranque del proceso democrático en España.

Una vez finalizada la lectura de poemas, fue proyectado el documental de Hermindo Medel sobre la figura del vate sevillano y, acto seguido, se celebró un coloquio moderado por Gerardo Scarpa con la asistencia de Leonor Machado, nieta del autor de La tierra de Alvargonzález. Junto con un potente estro poético, Antonio Machado, esgrimió una asombrosa profundidad filosófica, de tintes comunitaristas, a través de sus personajes Abel Martín y Juan de Mairena, sobre la que de la que ha escrito el catedrático José Luis Abellán, presidente del Ateneo de Madrid.