Los avistamientos de ovnis aterrizan en el Capitolio de Estados Unidos: “Queremos llevar un conteo riguroso”

Funcionarios de inteligencia del Departamento de Defensa comparten con los congresistas sus investigaciones de avistamientos de objetos voladores no identificados

El subdirector de inteligencia de la Armada, Scott Bray, señala un objeto volador en un vídeo, durante su comparecencia ante los congresistas. Foto: JOEY ROULETTE | Vídeo: REUTERS

El director Tim Burton imaginó en Mars Attack (1996) a un extraterrestre desfilando por los pasillos del Capitolio para dirigir unas palabras a los congresistas de Estados Unidos. El embajador de otro planeta subía al estrado para después eliminar a todos los legisladores presentes con un rayo láser. Casi 30 años después de aquella ficción, en los salones de ese mismo lugar y frente a hombres de gafas y corbatas muy parecidos a los ideados por el cineasta, el Gobierno de Estados Unidos ha admitido que hay secretos en los cielos que no es capaz de explicar. Funcionarios de inteligencia han comparecido este martes en el Capitolio para compartir con los congresistas la información recabada en los últimos años sobre los objetos voladores no identificados.

Scott Bray, subdirector de inteligencia de la Armada, ha contado a los integrantes del subcomité de Inteligencia de la Cámara de Representantes que recientemente había recibido la llamada de un veterano piloto naval. Este, con más de 2.000 horas de experiencia surcando los cielos, le contactó recién aterrizado para informarle personalmente de un avistamiento de un ovni. “El mensaje es claro: si ves algo tienes que informarlo”, ha dicho Bray.

El funcionario ha relatado que desde comienzos del siglo XXI se ha registrado un aumento significativo de presencia de objetos voladores no identificados o no autorizados en las zonas de maniobras militares. “Los avistamientos han sido frecuentes y continuos”, ha asegurado Bray. Gracias a adelantos tecnológicos como los drones o los aviones no tripulados, ahora es posible tener más imágenes de estos objetos. Los responsables de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos también han tratado de quitar estigmas a este tipo de denuncias, que hace años no eran compartidas por temor a que se pensara que los pilotos estaban locos. “Queremos pasar de anécdotas o historias a llevar un conteo riguroso y basado en la ciencia”, ha añadido.

Bray ha mostrado a los presentes uno de estos vídeos, capturado desde la cabina de un jet. Sobre el cielo azul, junto a la nave, pasa a gran velocidad un objeto que parece una esfera metálica y brillante . El encuentro dura apenas un instante. “En muchos casos, esto es todo lo que integra un informe. En muchos otros, tenemos menos que esto”, ha lamentado el funcionario de inteligencia. La Armada cuenta en su base de datos con casi 400 informes de este tipo de avistamientos.

En 2021, la Dirección Nacional de Inteligencia publicó un esperado dosier donde se admitía que los principales organismos militares y de espionaje de la potencia mundial carecían de elementos para explicar 142 avistamientos hechos entre 2004 y marzo del año pasado. “Los datos se siguen recolectando y analizando”, aseguraba el documento a modo de conclusión que no dejaba a nadie satisfecho.

En otro vídeo exhibido este miércoles, los congresistas han podido observar otras imágenes capturadas “hace varios años” por personal militar en el mar. A través de lentes de visión nocturna, se aprecia un triángulo brillante cuya luz parpadea. “Este permaneció sin respuesta por mucho tiempo”, ha explicado el funcionario. Años después, y en otro punto del planeta, fue retratada esa misma figura después de ver actividad de naves no tripuladas. Estas también fueron grabadas a través de lentes de visión nocturna. Después de un análisis, la conclusión oficial fue que la figura era resultado óptico del paso de la luz a través de los lentes de visión nocturna, de rayos infrarrojos y su entrada a la cámara. “No quiero sugerir que todo lo que observamos es identificable, pero este es un ejemplo que ayuda a entender el esfuerzo que hacemos por entender lo que vemos”, ha puntualizado

Cinco categorías de fenómenos sin respuesta

En junio del año pasado, el Gobierno de Estados Unidos estableció cinco categorías que ayudarían a estudiar los fenómenos registrados. En la primera entran globos meteorológicos, aves, vehículos recreativos y otros desechos. La segunda son los fenómenos atmosféricos como cristales de hielo, humedad o fluctuaciones térmicas. En la tercera entrarían objetos desarrollados por la Administración o la industria privada armamentística. En la cuarta estarían este mismo tipo de sistemas, pero desarrollados por potencias rivales como China y Rusia. En la quinta categoría entra casi todo lo que no tiene explicación, es decir, aquello que sigue siendo un misterio, como vuelos con patrones irregulares, confiando que los avances científicos permitan clasificarlos mejor en un futuro. Los militares crearon, desde agosto de 2020, equipos multidisciplinarios con físicos, ópticos, meteorólogos y expertos en metales que ayudan a descifrar esos misterios.

Ronald Moultrie, del Departamento de Defensa, ha explicado por su parte que una agencia intenta facilitar la identificación de este tipo de objetos “de forma metódica, lógica y estandarizada”. Para ello han prometido transparencia, “apertura” y rendición de cuentas ante el Congreso. En un momento de la audiencia, el congresista demócrata André Carson ha preguntado a Moultrie si era un fanático de la ciencia ficción. “Tengo una mente curiosa después de 40 años de experiencia en los sectores de inteligencia”, ha respondido el funcionario de Defensa, quien ha admitido haber ido a conferencias sobre el género. “Mi generación, de los 60, creció viendo las misiones espaciales y fue testigo del aterrizaje del hombre en la Luna. Disfruto pensando qué hay allá afuera... Los militares lo queremos saber tanto como ustedes”, ha añadido. La pregunta sigue estando abierta. Incluso para la mayor potencia militar del planeta.

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Sobre la firma

Luis Pablo Beauregard

Es uno de los corresponsales de EL PAÍS en EE UU, donde cubre migración, cambio climático, cultura y política. Antes se desempeñó como redactor jefe del diario en la redacción de Ciudad de México, de donde es originario. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana y el Máster de Periodismo de EL PAÍS. Vive en Los Ángeles, California.

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