Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Lo que las gorras cuentan del tren

Un libro sobre la historia de la indumentaria ferroviaria reúne en el Museo del Ferrocarril a profesionales y amantes de este medio de transporte

Sergio Sarmiento, vestido de interventor de los años cuarenta, en un Talgo de los cincuenta.
Sergio Sarmiento, vestido de interventor de los años cuarenta, en un Talgo de los cincuenta.

No falla. Siempre hay un reloj en las estaciones de tren. Quedan unos minutos para las siete de la tarde de una fría jornada madrileña. Mientras que las cercanas estaciones de Atocha y Delicias son un incesante ir y venir de pasajeros, el andén de la antigua estación de Delicias pegada a su tocaya de Cercanías está vacío. Resuenan los pasos de quien lo recorre. En las vías, unos vagones tras otros; locomotoras de vapor, diésel o eléctricas, la del Talgo, gris, con sus características letras rojas, como esas perfectas caligrafías de cartilla de mediados del siglo pasado, fecha del tren. No van a partir. Forman parte de la colección del Museo del Ferrocarril donde la semana pasada se presentó la segunda edición ampliada de Historia y evolución del uniforme ferroviario. 27 años la separan de la primera, toda una vida y la transformación del mundo en lo que a trenes se refiere. El AVE acababa de salir del cascarón y entonces solo volaba entre Madrid y Sevilla. “Ahora tampoco hay AVE”, podrían decir en Bilbao, A Coruña, Cáceres… Tema peliagudo y no era tarde para eso. Era momento de amigos, de colegas, de ferroviarios de varias generaciones, de "el tren va bien, qué tiemble el avión". Tienen a Greta Thunberg de su parte.

Tras recorrer el andén de esa estación (sin uso para viajeros desde 1969), entrar en una sala llena de placas y con una locomotora de vapor de 1871 (imposible no recordar a Buster Keaton y El maquinista de La General) y subir unas escaleras se llegaba al lugar de la presentación, que haciendo la analogía que corresponde salió con un poco de retraso. Unos cincuenta asistentes ocuparon sus asientos y se dispusieron a viajar por el recorrido que les propuso el autor, Miguel Muñoz Rubio.

Una lástima que en ese evocador museo sea una sala anodina la elegida para el acto. Es como si se pudiera celebrar el evento en el Transiberiano y se eligiera un aséptico tren de Cercanías. Funcional, pero sin el alma ferroviaria de algunos de los asistentes, hijos, nietos y bisnietos de trabajadores de Renfe.

Y como en cualquier acto que se precie —este custodiado por un interventor de Renfe de los años cuarenta (Sergio Sarmiento, un voluntario ataviado con el uniforme correspondiente)— hay una parte institucional con el director gerente de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, José Carlos Domínguez Curiel; el presidente de Renfe, Isaías Táboas y el autor dando los discursos oficiales, mostrando los agradecimientos y las explicaciones del cómo, el porqué y el para qué de un libro que al hablar de la indumentaria de cada uno de los oficios ferroviarios cuenta la historia de España desde el tren y del tren, desde esa primera línea que unió Barcelona y Mataró en 1848.

Presentación del libro 'Historia y evolución del uniforme ferroviario'. Sentados en la mesa, José Carlos Domínguez Curiel (izquierda) y Miguel Muñoz Rubio, autor de la obra.
Presentación del libro 'Historia y evolución del uniforme ferroviario'. Sentados en la mesa, José Carlos Domínguez Curiel (izquierda) y Miguel Muñoz Rubio, autor de la obra.

Una vez que se trató el uniforme como imagen del tren y de la empresa, como un elemento de seguridad y, sobre todo, como un instrumento para comunicarse con los viajeros, de ahí que a partir de los ochenta se desprendieran de esa connotación militarizada que llevaban arrastrando décadas, llegó el momento de los corrillos. De aparcar lo oficial para dar rienda a lo sentimental y que los asistentes, la mayoría conocidos del autor, comentaran su relación con los uniformes, con los trenes y muestren el entusiasmo que en ellos genera todo ese universo.

Así, José Luis López Gómez habla con una pasión contagiosa —(sí, contagiosa)— de la diferencia entre la superficie de contacto de la rueda de un tren y de un camión y de cómo esto hace que el primero sea mucho más ecológico. López fue director de tecnología de Talgo desde 1990 hasta su jubilación en 2004.

Inma García, conservadora del museo, busca las fotos familiares que ha cedido y están publicadas en el libro, en una aparece su padre montando una catenaria en los sesenta; en otra, ella cuando formaba parte de los instaladores de seguridad eléctrica, todos con los abrigos amarillos. Una barrera a romper que el círculo quede tan cerrado y no llegue a un público más general. ¿Quién no tiene algún tipo de recuerdo con trenes o estaciones?

Inspector, jefe de estación, guardagujas, guardesa, maquinista, guardafrenos, capataz, engrasador, lamparero, sereno, azafatos… Oficios y apartados del índice de la obra que desde la portada ya da una pista: para saber a quién se tiene delante solo hay que fijarse en los signos de las gorras: unos raíles son para los obreros de vías, un rayo para los encargados del servicio eléctrico, una locomotora para los maquinistas. ¡Lo que habrán visto y recorrido esas gorras! Parece que al tren le queda aún camino

Cifras y letras

LAS FRASES:

“La historia de los uniformes es una historia que ha permitido cambiar una empresa que parecía un cuartel a ser una empresa al servicio de la sociedad”, Miguel Muñoz Rubio.

“El ferrocarril tiene mucho camino por delante”, José Luis López Gómez

EN NÚMEROS:

El Museo del Ferrocarril de Madrid conserva una colección de más de 400 gorras, entre otras piezas de indumentaria.

El archivo histórico ferroviario, situado en este museo, atesora más de 450.000 fotografías.

Sigue con nosotros la actualidad de Madrid en Facebook, en Twitter y en nuestro Patio de Vecinos en Instagram

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >