Terapia colectiva en La Casa Encendida

Un grupo de 15 personas convive durante 22 horas para dormir y analizar los sueños comunales

Taller de sueños en La Casa Encendida, Madrid.
Taller de sueños en La Casa Encendida, Madrid.Víctor Sainz

“Lo primero, veo una bola negra del tamaño de un melón rodeada de una especie de espaguetis metálicos de color rosa. La superficie de la bola empieza a ondular. Luego estoy caminando en círculo, en pasos pequeños, con un grupo de personas. Al salir al baño alguien entrelaza sus dedos con los míos. Siento excitación. Al regresar a la sala el círculo se ha deformado y el suelo está lleno de cacahuetes dorados”.

Este es el extraño resumen del sueño que tuvo uno de los participantes de la performance/taller Dream Hostel, el pasado fin de semana en La Casa Encendida, dentro del festival performático Cuerpa, comisariado por Aitana Cordero. Unas quince personas se reunieron para pasar juntas la noche del viernes y todo el día del sábado, durmiendo y analizando los sueños que se les aparecieron dentro del cráneo. Un total de 22 horas consecutivas de convivencia, creatividad y análisis, de sueños comunales.

“La imaginación es el lenguaje del cuerpo”, dice la artista eslovena Mala Kline, que dirige la actividad en colaboración con la española Cecilia Molano. Después de unos ejercicios preliminares de visualización y contacto con la propia respiración, con la propia corporalidad, y después también de una cena a base de crema de zanahoria al pesto con nueces y queso, todo vegano, se extienden las colchonetas por la sala y llega la hora de dormir. Los participantes se han traído sus almohadas, sus edredones, alguno hasta su tierno y mullido osito de peluche, que no sabemos si soñará con ricos tarros de miel. Es raro pulular por el centro cultural de noche, cuando está cerrado, ir al baño o subir a la terraza a tomar el fresco, como en una de esas películas en las que alguien se queda encerrado en un museo.

Durante la noche alguien ronca en al menos tres ocasiones. Alguien tiene que irse a dormir a un sofá en la oficina porque no soporta los ronquidos. Por lo demás, la noche transcurre apacible y dormida, y al amanecer son muchos los que han tenido sueños que se disponen a destripar. En los sueños y visiones relatados aparecen caballeros andantes que beben de fuentes cristalinas, fiestas lisérgicas, símbolos como triángulos imposibles y trisqueles celtas, canciones distorsionadas, perros marrones de pelo rizado, caballos azules que galopan hacia el soñador. “Las imágenes que aparecen en los sueños son espejos de nosotros mismos”, dice Kline. Se habla de la Cábala, de la Biblia, de la numerología y otro tipo de tradiciones místicas, herméticas y simbólicas. “Estamos creando un multiverso”, señala la artista.

Aunque, al contrario de lo que opinaba Sigmund Freud, los símbolos oníricos no son universales, sino que habría que hacer un diccionario, una constelación, para cada una de las personas que sueñan. “En la escala de los sueños hay desde las pesadillas a los sueños de luz, pasando por los sueños repetitivos y los sueños claros. Otros sueños son solo una imagen, que es como una respuesta”, dice nuestra guía por el mundo de los relojes blandos.

El método a utilizar, una hermenéutica del sueño, se llama Apertura de sueños (Dream opening), dentro de la práctica Saphire, desarrollada por Catherine Shainberg. Consta de cuatro pasos: fijarse en la historia, detectar las formas y patrones, sonsacar la pregunta que se le puede hacer al sueño y finalmente, desentrañar el mensaje, su secreto. Durante la experiencia “se abren” tres sueños, pero no solo son analizados por los propios soñadores sino por el resto del grupo en calidad de “soñadores secundarios”, que tratan de revivirlo en primera persona para desvelar sus misterios. Algo de esto se cuenta en el libro Capfico: Escritos desde el vientre de la ballena (editado por Escrito a Lápiz), de Kline con anotaciones de Molano. Los cacahuetes dorados del sueño relatado al principio resultan simbolizar algo así como una explosión sexual. “Se me ha movido algo dentro”, dice uno de los soñadores, “como si me hubieran tocado una tecla interior”.

Es Molano la que, mientras se desarrolla la actividad, va haciendo oníricos dibujos en los que se representa lo que los participantes van narrando. Al final, se crea una especie de sueño colectivo, utilizando los dibujos de Molano, pertenecientes a tres sueños diferentes, para crear una historia entre todos presentes y en la que acaba participando, también, el oso de peluche. Entre las reflexiones finales de los sueños analizados se encuentran enseñanzas como la melancolía de ser uno en el Universo, la necesidad de no juzgarse y aceptarse a uno mismo, o la de vivir la vida aceptando los juegos y posibilidades que nos propone (es decir, fumarse el porro que una de las soñadoras rechazó en su sueño). Carpe diem.

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