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“¿Qué diría Shakespeare del ‘Brexit’?: escribiría una obra”

La comedia oscura del dramaturgo isabelino ‘Measure for measure’ inaugura Temporada Alta en Girona

Una escena de 'Measure for measure'.
Una escena de 'Measure for measure'.

El festival Temporada Alta se inaugura el viernes precisamente por todo lo alto con la presencia, por segunda vez después de la de 2002 con El rey Lear, de la Royal Shakespeare Company (RSC), una de las compañías más prestigiosas del mundo. La RSC presenta su nueva producción, estrenada en junio en Stratford-Upon-Avon, de Measure for measure (Medida por medida), una obra de 1604 de Shakespeare que reflexiona acerca de la justicia, la estricta aplicación de la ley y la posibilidad de suavizarla de forma que no caiga sobre los acusados la pena más dura. Un tema, como se ve, que ni pintado cuando está en el alero la sentencia por el procés. Por cierto, el festival ha colgado un lazo amarillo en su página web.

Aunque considerada una comedia (oscura, ciertamente), la obra es de armas tomar, con una trama en la que aparecen prostitutas, chulos, líos sexuales, un acoso digno del Me Too, decapitaciones y corrupción del poder. En Measure for measure, título tomado de los Evangelios, el duque de Viena anuncia que parte de viaje y deja a cargo del gobierno a un juez estricto, Angelo. Este lanza una campaña de moralidad pública que sacude la ciudad, pero a la vez extorsiona a una joven novicia, Isabella, para que le entregue su virginidad a cambio de perdonar a su hermano, condenado a que le corten la cabeza por (relativo) atentado a la moral. En un giro típicamente shakespeariano, será la prometida del juez, abandonada por este, Mariana (un personaje por cierto pintado maravillosamente por el prerrafaelita Millais) la que tenga sexo con él, tomando la identidad de Isabella. La aparición del duque (que en realidad nunca se ha ido sino que ha seguido los acontecimientos disfrazado de fraile) pondrá orden en la situación, que se cerrará con actos de piedad, bodas y todos tan contentos (o no tanto).

El espectáculo, de dos horas y diez minutos más un entreacto de 20 minutos, dirigido por Gregory Doran e interpretado por 18 actores y actrices, sitúa la acción en la misma Viena pero la de principios del siglo XX, la de Klimt, Freud y Egon Schiele previa a la I Guerra Mundial. La obra se representa el viernes a las 20 horas en el Teatre Municipal de Girona y tiene otras dos funciones el sábado (a las 16 y a las 21). Esta mañana la ayudante de dirección del montaje, Leigh Toney, y dos de sus principales intérpretes, Antony Byrne (el duque Vincentio) y Lucy Phelps (Isabellla) han hablado sobre la obra y la forma de trabajar de la RSC.

La pieza es de armas tomar, con una trama en la que aparecen prostitutas, chulos, líos sexuales, un acoso digno del Me Too, decapitaciones y corrupción del poder.

Toney ha subrayado que Measure for measure es una exploración sobre el poder con muchos ecos actuales mientras que Phelps ha añadido que la falta de autonomía y capacidad de decisión de Isabella sobre su propia vida también alude a cuestiones de hoy mismo. A la pregunta de cómo es trabajar en las mítica RSC, la actriz ha respondido “intenso”, y Byrne ha dicho que es “un honor” y ha reflexionado que permite trabajar con gente de diferentes edades y experiencias a lo largo de los años y “ahondar en tu propia vida a través de Shakespeare” y en las obras de este. Phelps ha añadido que tienen la suerte de poder ensayar durante doce semanas y que la compañía ofrece extraordinarias oportunidades para desarrollar el talento de actrices y actores.

Sobre la decisión de llevar la historia a inicios del siglo XX, Toney ha considerado que hay paralelismos entre esa Viena y la que se describe en la obra, aparte de que la capital austriaca “laboratorio del apocalipsis” de la Gran Guerra presenta concomitancias con la “turbulenta” Inglaterra de Shakespeare. Además el duque Vincentio tiene elementos que recuerdan al rey Jaime I, sucesor de Isabel I tras la muerte de esta en 1603, con el que Shakespeare se alineó y que fue patrono de la compañía del bardo, rebautizada “los hombres del rey”. “En la obra es como si el autor pusiera un espejo ante el nuevo monarca y le preguntara ‘¿qué tipo de rey quieres ser?’”, ha apuntado Toney.

En cuanto a la calificación de comedia, ha subrayado que no es desde luego “una comedia al uso” y que la obra avanza haciéndose cada vez más oscura, una sensación que no despeja el final pretendidamente feliz.

Sobre la forma de trabajar la RSC y el secreto para llevar a escena las palabras de Shakespeare henchidas de poesía, los tres miembros de la RSC convinieron que son esenciales el tiempo y el empeño colectivo en ir al fondo de las obras del dramaturgo y entenderlas bien. “Es un error creer que hay una sola manera de hacer bien las obras de Shakespeare”, ha destacado. “Montar Shakespeare es tomar decisiones, resolver dilemas, escoger”.

A la inevitable pregunta de qué pensaría Shakesperare del Brexit, los tres han reído. “Escribiría una obra, seguro”, ha dicho Phelps. “Diría ‘¡guau, qué material!’”, ha añadido Byrne. “Le daría para una serie de televisión, interminable”.

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