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CRÍTICA i

Mahler con lágrimas de emoción

Zubin Mehta y la Filarmónica de Israel se despiden con una memorable Tercera sinfonía de Mahler

El director de orquesta Zubin Mehta, durante la rueda de prensa previa al concierto en Barcelona.
El director de orquesta Zubin Mehta, durante la rueda de prensa previa al concierto en Barcelona.

Siete minutos de aplausos, con la aclamación del público y los músicos de la Orquesta Filarmónica de Israel conteniendo las lágrimas. Así fue la rotunda manifestación de admiración y cariño que recibió Zubin Mehta el miércoles en el Auditori de Barcelona tras dirigir por última vez la Tercera sinfonía de Gustav Mahler al frente de la formación israelí. Por su delicada salud, dirigió sentado, pero antes del clímax final, tras pilotar un largo viaje (una hora y cuarenta minutos) mahleriano hacia la plenitud de la naturaleza y el amor que alcanza su cenit en el sublime Adagio, Mehta se levantó para dirigir, de pie y con el corazón en un puño, el poderoso final.

La Tercera de Mahler tiene una profunda carga emocional para Mehta y los músicos de la Filarmónica de Israel, que llevan 50 años de relación artística. El octogenario director indio asegura que el lento y profundo movimiento final es "una de las músicas más hermosas que he dirigido, me toca el corazón y me emociona cada vez que la dirijo". De hecho, el famoso director vació su corazón en una apasionada interpretación del Adagio que, tal y como le recordaba siempre Leonard Bernstein, nunca debe durar menos de 25 minutos: siguió su consejo a rajatabla, porque eso es lo que duró su conmovedora versión en el Auditori.

Mahler

Mahler: Tercera sinfonía. Zubin Mehta, director. Orquesta Filarmónica de Israel. Gerhild Romberger, mezzosoprano. Cor de Noies y Cor Infantil de l´Orfeó Català. Auditori. Barcelona, 18 de septiembre.

Probablemente, el espectacular movimiento que abre la Tercera, es el que encierra más dificultades técnicas para un director, pues desata con apabullante ciencia un volcán de vivencias, paisajes y sentimientos: a pesar de la química entre orquesta y director, ligeros desajustes en las secciones y algunas pifias en los metales evidenciaron el trasiego por los distintos repertorios -Verdi, Berlioz, Haydn- que ofrecen en su última gira, que han cerrado con dos conciertos en Barcelona (BCN Clàssics) y Madrid (Ibermúsica). Poco importa, porque la fuerza, la belleza sonora, el lirismo desbordante y los poderosos contrastes animaron una lectura inolvidable.

En el cuarto movimiento, la cálida voz de la mezzosoprano Gerhild Romberger llenó de expresividad el anhelo de eternidad que late en las palabras de Nietzche (texto de Así habló Zaratustra), mientras que en el quinto, la angelical intervención coral sobre un poema de Des Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico de la juventud) tuvo su mágico efecto en las voces del coro infantil y el coro de chicas del Orfeó Català. Después, la serena lectura del inmenso Adagio conmocionó el Auditori.

Inolvidable concierto, sin duda, aunque el resultado económico para sus promotores -BCN Clàssics asumía el 70% del presupuesto y el Auditori corría con el 30% restante)- no fue bueno. Traer orquestas de primera es muy costoso y Mehta es uno de los directores más caros del planeta, así que, para cubrir gastos, dependían del éxito en taquilla, pero ni con rebajas de última hora en los precios (con las localidades más caras a 165 euros) lograron agotar el papel. Mehta tiene previsto volver a Barcelona el 25 de abril de 2020, con la Filarmónica de Viena, y las entradas más caras en el Palau están a 230 euros. Veremos que pasa.

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