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La maldición del PP de Madrid

En una ocasión me contó Esperanza Aguirre, que cuando visitó Génova 13 por primera vez, le preguntó a José María Aznar qué había en la planta primera del edificio

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Isabel Díaz Ayuso en la Asamblea de Madrid, este martes

Desde que le conocí, me sorprendió que Paco Granados, siempre enfundado en carísimos trajes de amodeluniverso (fue mago de las finanzas antes de dedicarse a la política y acabar en la cárcel por corrupción) llevara los zapatos sucios. Más tarde comprendí que era por chapotear en terrenos pantanosos. Es una de las más destacadas señas de identidad del Partido Popular madrileño. Una organización tan horadada por los escándalos que, según una colaboradora de Rajoy, “parece un queso de gruyere”. Aún es peor: tiene gafe.

En una ocasión me contó Esperanza Aguirre, que cuando visitó Génova 13 por primera vez, le preguntó a José María Aznar qué había en la planta primera del edificio. El presidente no movió un músculo: “Ahí ni te metas, es el PP de Madrid; un avispero”.

Desde los tiempos en que Alianza Popular estaba en la calle Silva (enfrente del templo hípster, José Alfredo), la organización madrileña era turbia. En ella mandaba Rato por persona interpuesta. Por ejemplo, Romero de Tejada. O del dueño del restaurante Jockey, el ágora de todas las conspiraciones ante un Vega Sicilia, Luis Eduardo Cortés. Para cubrir las apariencias pusieron a un presidente que no diera problemas: Pío García Escudero. Bien visto por Aznar, Rato y Gallardón y que, despacito, llegaría a presidente del Senado. El PP de Madrid se activaba durante la contienda electoral; el resto del tiempo se dedicaba a sus cosas. La construcción y las contratas iban como un tiro.

Esperanza no hizo caso a su gran jefe, y atravesó en 2004 el Rubicón. Necesitaba poder territorial. Los suyos (Zaplana y Nacho González) la animaban para que derrocara a Rajoy. Tomó el Partido de Madrid al asalto. Dejó en la cuneta Gallardón y a Cobo en una noche de cuchillos largos junto al falso balcón de las grandes ocasiones del PP. Repartió cargos entre los huérfanos ratistas. Y lo puso en manos de sus pretorianos más duros (y, a la postre, más corruptos): Paco y Nacho. El descontrol fue absoluto. Cuando visitabas a Nacho te ponía con una sonrisa guasona agua del Canal de Isabel II. Sería su expolio favorito. Hoy ambos son cadáveres políticos. Y todas las demás grandes piezas del PP de Madrid han ido cayendo como las de un dominó. Lazo, Púnica, Gurtel, tarjetas black… ¿Les suena? Escándalos conectados al aparato madrileño. Sin dejar de lado a Cristina Cifuentes y sus asuntos propios. Cuando ésta cavó su tumba, Rajoy intervino Madrid y colocó de nuevo a Pío al timón. No quería sentir ni padecer.

Alrededor de Esperanza Aguirre fue curtiéndose en el PP de Madrid una nueva generación de cachorros de la derecha, pastoreados por Javier Lasquetty. Conservadores en costumbres y liberales en economía. Tres ya mandan. Pablo Casado, José Luis Martínez-Almeida (alias Pepito) e Isabel Ayuso. Esta ya siente en la nuca la maldición del PP de Madrid. Que mire para atrás y tome nota.

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