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La unidad del independentismo tampoco llega a los municipios

ERC y Junts per Catalunya buscan en ciertos casos marginarse mutuamente de los gobiernos locales a través de acuerdos con socialistas, comunes o anticapitalistas

Elecciones municipales 2019
Jordi Ballart (izq.) e Isaac Albert (ERC) oficializan el pacto en Terrassa.

Día tras día, los responsables de las formaciones independentistas hacen llamamientos a la unidad del secesionismo. Una máxima que, de momento, no parece inspirar los pactos políticos en municipios tan importantes como Sant Cugat del Vallès o Reus (Baix Camp). Pese a lo que defienden las respectivas cúpulas, tanto Esquerra Republicana como Junts per Catalunya buscan en ciertos casos marginarse mutuamente de los gobiernos municipales a través de acuerdos con socialistas, comunes o anticapitalistas.

Pocos días después de las elecciones, algunos concejales electos ya dejaban claro cuál serían sus preferencias a la hora de pactar. Montse Candini, la alcaldesa de Calella (Maresme) por Junts per Catalunya anunció que reeditaría su pacto de gobierno con el PSC. La lista neoconvergente fue la lista más votada y ha preferido a los socialistas antes que a los republicanos para pactar.

Aunque aún quedan acuerdos por cerrar, desde ambas formaciones aceptan que ha sido imposible mantener una política de pactos consistente en todos los municipios y mucho menos respetar a la lista más votada. El propio presidente del PDeCAT, David Bonvehí, estuvo ayer en el Parlament agotando las posibilidades de acercamiento.

La necesidad de unir las fuerzas del independentismo ya había marcado la precampaña electoral, con la presión de los neoconvergentes y de la ANC a los republicanos para concurrir con listas unitarias a los comicios generales, europeos y locales. La negativa rotunda de Esquerra venía acompañada de una apuesta por una unidad de acción a posteriori de las urnas que no se nota, de momento, en varios municipios.

El caso de Calella también se ha repetido en Vilafranca del Penedès, en donde el actual alcalde Pere Regull (Junts per Catalunya) anunció ayer que reeditará la coalición con el PSC que sostiene el gobierno desde 2013. Regull había abierto negociaciones con los republicanos pero que finalmente no llegaron a buen puerto.

En Figueres (Alt Empordà) y Platja d'Aro (Baix Empordà) ocurrirá lo contrario. Incluso ignorando la directriz de la dirección nacional de Esquerra. Antes de la campaña electoral, el jefe de filas de los republicanos en el Parlament, Sergi Sabrià, había acotado la posibilidad de pactos a formaciones “progresistas” y “con un compromiso absoluto con la república”.

En estas poblaciones de Girona, Esquerra ha participado en operaciones que buscan sacar a Junts per Catalunya del ayuntamiento. El triunfo de Jordi Masquef en Figueras no le permitirá, de momento, revalidar el cargo, pues Esquerra —segunda fuerza— encabezará un pacto a cuatro con PSC, Guanyem y Canviem Figueres (con un solo regidor). Los republicanos aceptaron la propuesta de los socialistas de Platja d'Aro y pondrán fin a tres décadas de Gobierno del neoconvergente Joan Giraut.

Uno de los golpes más duros para Junts per Catalunya sería perder el poder en Reus, la décima ciudad más poblada de Cataluña. Allí Carles Pellicer (alcalde desde 2011) revalidó la victoria pero sus antiguos socios de Esquerra (que obtuvieron un gran resultado) quieren un cambio en la alcaldía. Para ello han empezado conversaciones con los socialistas. La CUP, que siempre ha sido muy crítica con el neoconvergente, también se ha abierto a apoyar este cambio pero sin entrar en el gobierno.

Un acuerdo que sí se logró cerrar ayer fue el de la alcaldía de Terrassa. La plataforma ciudadana Tot per Terrassa, liderada por el exalcalde del PSC Jordi Ballart, firmó un acuerdo programático con Esquerra (entre los dos suman 15 concejales, logrando la mayoría absoluta) para el próximo mandato. Este pacto pone fin a cuatro décadas de hegemonía del PSC en la cocapital del Vallès Occidental. Ballart, que se define como no independentista, aseguró ayer que “el debate nacional no nos separará”.

ERC pone en jaque a Junts en Sant Cugat

Sant Cugat del Vallès es, por antonomasia, el bastión del mundo convergente. El cambio de siglas no ha afectado el apoyo a esa opción política en más de 30 años. Y aunque en las últimas elecciones Junts per Catalunya logró ser la fuerza más votada —con nueve regidores, dos menos que en 2015— la posibilidad de que Carmela Fortuny siga como alcaldesa está en riesgo.

Aritméticamente es posible un pacto de izquierdas entre Esquerra, los socialistas y la CUP. La republicana Mireia Ingla podría ser la primera alcaldesa de izquierdas de Sant Cugat. Junts per Catalunya también podría sumar tanto con ERC como con PSC.

Así, en la ciudad vallesana, todos los escenarios están muy abiertos pero hay nerviosismo entre todas las partes por lo simbólico de la plaza. Fortuny sigue intentando cortejar a Esquerra, que dobló su número de concejales. Las bases de Esquerra y de los anticapitalistas ya han dado su bendición al tripartito de izquierdas y el PSC tendría en sus manos la llave.

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