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Hijos putativos de Picasso

Una exposición reúne la obra de una decena de ‘herederos' artísticos del pintor

La obra 'Minotauro', de Tania Berta Judith.
La obra 'Minotauro', de Tania Berta Judith.

Paulo, de su pareja Olga Khokhlova, Maya, de Marie-Therese Walter y Claude y Paloma de Françoise Gilot. Picasso tuvo cuatro hijos con otras tantas de las muchas parejas de este pintor universal tan apasionado de la pintura como de las mujeres. Pero Picasso tiene muchos más herederos; artistas que como él observan el mundo que les rodea y que lo transforman en obras cargadas de compromiso, denuncia y constante experimentación con los lenguajes artísticos. Rosa Martínez, una de las comisarias más reputadas del panorama español, ha reunido a un grupo de hijos putativos de Picasso, creadores de arte contemporáneo, para ver las diferentes maneras en la que los artistas se relacionan con el pintor y muestran cómo aman, conviven y combaten críticamente al pater Picasso.

Martínez ha reunido el resultado en la muestra En el nombre del padre (abierta hasta el 24 de septiembre en el Museo Picasso de Barcelona), en la que a través de una docena de obras e instalaciones busca analizar la firme posición política del artista, su intensa relación con las mujeres, como modelos y como objetos de deseo, los efectos de su fama y la explotación turística y comercial de su nombre, entre otros aspectos.

“Espero que lo que yo he hecho suscite algo muy distinto en quienes vengan detrás de mí”, dijo Picasso. Si el malagueño se paseara por su museo barcelonés en estos días estaría contento. No solo por ver cómo su obra y lo relacionado con su vida sigue atrayendo a miles de personas a diario —más de un millón de personas al año—, sino por ver como su mirada sigue viva en un puñado de artistas que Martínez ha interrelacionado a través de una red de complicidades. Desde la obra del “activista de las redes” Daniel G. Andújar, Guernica. Picasso comunista (2012) donde expone en casi 200 documentos el expediente descatalogado del FBI en el que se investigó al pintor tras afiliarse al Partido Comunista Francés, en 1944. “Es más lo que no se sabe que los se sabe”, explica Andújar ante los numerosos tachones de los documentos que harán que muchos de los datos permanezcan censurados y ocultos siempre.

Aurora Carbonell huele la chaqueta que le pintó a su marido el cantaor Enrique Morente con los ojos de Picasso.
Aurora Carbonell huele la chaqueta que le pintó a su marido el cantaor Enrique Morente con los ojos de Picasso.

De ahí a la chaqueta del cantaor Enrique Morente pintada en 2010 por su mujer Aurora Carbonell con los ojos de Picasso en su espalda y un estudio cubista de uno de los bocetos de las Señoritas de Avignon en el pecho, que el flamenco estrenó en su actuación en el Liceo y que ahora, colgada de un hilo parecen mirar el resto de las obras. Como la enorme fotografía de Santiago Sierra, Línea de 160 cm tatuada sobre cuatro personas (2019), en la que cuatro mujeres, “prostitutas como las que Picasso frecuentaba”, aparecen sentadas mostrando su espalda tatuada con una línea horizontal. “Son adictas a la heroína que se dejaron tatuar a cambio del precio de una dosis que ellas consiguen con cuatro servicios sexuales. Sierra habla de cómo todos alquilamos y vendemos nuestros cuerpos por dinero”, explica Martínez.

La manga de la chaqueta, que Aurora Carbonell, coge entre sus manos y la aprieta contra su nariz: “todavía huele a Enrique”, está en medio de otras dos obras textiles creadas por mujeres artistas: el bordado España y el Rif 1939, de Cristina Lucas, en la que sobre una tela blanca ha cosido a máquina, para recuperar la memoria histórica, todos los lugares que fueron bombardeados durante la Guerra Civil. “Son cartografías donde las puntadas son sinónimo de muerte, cicatrices de la guerra, un cúmulo de Guernicas, que no tuvieron una obra como la de Picasso para recordarlo siempre”, explica la joven artista. La otra es Minotauro, de Tania Berta Judith, una vieja sábana heredada de la familia bordada a mano con una figura de un amable y enorme minotauro en posición fetal.

Varias de los 'caganers' con figuras de Picasso de la obra de Elo Vega y Rogelio López Cuenca.
Varias de los 'caganers' con figuras de Picasso de la obra de Elo Vega y Rogelio López Cuenca.

El toro, que tanto fascinó a Picasso, es el tema de la obra de Miquel Barceló que realizó para la corrida que puso punto y final a la actividad en La Monumental y de los toros en Cataluña en 2011. Por primera vez se muestra la pintura original junto al cartel que seguro conservan muchos amantes de los toros; una pieza realizada con fuertes pinceladas negras que hablan de la tensión a muerte que se establece entre el animal y el torero sobre el albero.

Elo Vega y Rogelio López aportan, quizá, una de las piezas más valientes y provocadoras de la muestra, ya que su instalación multimedia El hijo pródigo (2019) está formada por un conjunto de más de un centenar de caganers con la figura del pintor vestido con barretina catalana o con el uniforme del Barça a lo Messi y defecando monedas de oro. “La marca Picasso se ha convertido en algo que puede dar nombre a cualquier mercancía, desde gadgets, bares, perfumes e incluso coches creando grandes dividendos”, explican los artistas.

Antes de llegar a esta instalación puede verse la primera performance realizada para la exposición. Es Los otros invisibles II, de Eulalia Valldosera que se grabó delante del retrato de Jacqueline Roque de 1957. La artista, como si fuera un médium, explica con los ojos cerrados las vivencias psíquicas de las personas que lo crearon y transmite informaciones que esconden las obras ante un público que acaba preguntándole cosas sobre el pintor.

La 'Paloma de la guerra' disecada de Pilar Albarracín.
La 'Paloma de la guerra' disecada de Pilar Albarracín.

Valldosera hace doblete. En el primer piso, donde continúa esta muestra, inmersa en la exposición permanente, tiene instalada también Somos un solo cuerpo, una instalación multimedia en la que los mensajes esotéricos y políticos conectan dos enormes alfabias de barro mientras se proyectan imágenes de la Atenas sacudida por la crisis de la deuda griega. Antes se ha podido ver la performance Compases, silencios y libertad, grabada hace unos días en la sala de Las Meninas por la familia Morente en la que dan vida a la obra de Velázquez / Picasso para hablar de opresión y liberación en un ejercicio de pasión y arte flamenco.

Por último, Pilar Albarracín deja mal sabor de boca al visitante. En la sala de los pichones que pintó Picasso en La Californie, ha instalado una paloma blanca sobrevolando la sala. En su pico, en vez de una rama de olivo lleva una bala. La pieza se llama: Paloma de la guerra, poesía visual tan rotunda como desoladora.

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