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Picasso, fotógrafo fotografiado

El museo barcelonés del pintor repasa la compleja relación del artista con la imagen

Picasso en su estudio de Mougins en 1964, con 83 años, delante de su obra 'El pintor'.
Picasso en su estudio de Mougins en 1964, con 83 años, delante de su obra 'El pintor'.

Entre mayo y agosto de 1909 un joven Picasso pasa el verano en la pequeña localidad de Horta de Sant Joan. Allí se instaló junto a su compañera Fernande Olivier, cargado de material de pintura y una cámara de fotos, con la idea de evadirse del agobio de París, donde vivía desde 1904. Picasso pintó, y mucho, tal y como puede verse en las fotografías que realizó para mandárselas a su amiga y coleccionista Gertrude Stein y a sus marchantes y clientes.

En las imágenes realizadas en su habitación del hostal Trompet aparecen sus obras cubistas con líneas tan geométricas como los tejados de las casas de este lugar apartado de Tarragona que Picasso conocía bien porque allí había estado seis meses entre 1898 y 1899 para reponerse de escarlatina. En una de las fotos que seguro realizó Olivier, Picasso posa sentado con las piernas abiertas mostrando con descaro sus atributos bajo el pantalón. El pintor, repetirá este esquema a lo largo de su vida apareciendo delante de su obra, en casi todos los estudios que tuvo en vida, orgulloso y provocativo, junto a las pinturas que acaba de realizar y que tanta fama le estaban dando. Una decena de las 45 placas que Picasso hizo en Horta de Sant Joan ven por primera vez la luz en la exposición Picasso, la mirada del fotógrafo que inaugura el Museo Picasso de Barcelona (hasta el 24 de septiembre) en la que se muestra la compleja y fructífera relación entre el pintor y la fotografía, delante y detrás de la cámara. “La exposición habla del Picasso fotógrafo haciendo colaboraciones con otros fotógrafos, y siendo fotografiado, como actor de su propio personaje. Es un paseo poético en nuevo capítulos en torno al lugar más íntimo de Picasso, el de la creación”, explicó el director Emmanuel Guigon.

En 1992 los herederos de Picasso donaron al estado francés el archivo fotográfico del pintor, proporcionando un material ingente ya que Picasso lo guardaba todo, por mínimo y nimio que fuera. En total, más de 200.000 documentos manuscritos o impresos y cerca de 18.000 fotografías, de los que un millar son anteriores a 1920 y atribuibles al propio pintor y a muchas de las mujeres que vivieron con él.

Picasso sentado en la habitación del hostal de Trompet, en Horta de Sant Joan, en 1909.
Picasso sentado en la habitación del hostal de Trompet, en Horta de Sant Joan, en 1909.

Según Violeta Andrés, comisaria de la muestra, “Picasso practicó la fotografía y experimentó con reconocidos fotógrafos de profesión. Picasso es un ojo, una mirada, y antes de todo necesita crear y experimentar. Y experimentó con la técnica fotográfica como con cualquier otra técnica”. Andrés, que asegura que “Picasso era fotogénico, y desde muy joven tenía conciencia de ello, de modo que ponía en escena a un personaje”, repasa cronológicamente los diferentes talleres en los que trabajó y que permiten ver su evolución y crecimiento; de Horta de Sant Joan a Mougins, pasando por sus talleres parisinos hasta 1919, en un edificio mísero y bohemio de Montmartre, Boulevard de Clichy, en el que abundan las obras cubistas y objetos de arte africano, en Boulevard Raspail y Rue Schoelcher donde realizó construcciones efímeras, collages y posó delante de ellas vestido como un boxeador. Los lugares donde creó en compañía de la bailarina rusa Olga Khokhlova en Motrouge, dando comienzo al estilo neoclásico del pintor.

La exposición recorre todas estas estancias a partir de las fotografías conservadas realizadas por el pintor y sus parejas y amigos suyos. “Lo guardaba todo, pero no hay ninguna imagen de sus talleres en Barcelona”, explicó.

Picasso en Cannes, en 1957
Picasso en Cannes, en 1957
Una imagen de 'Las líneas de la mano: Pablo Pìcasso en Vallauris, 1952', de Robert Doisneau con la típica camiseta del pintor.
Una imagen de 'Las líneas de la mano: Pablo Pìcasso en Vallauris, 1952', de Robert Doisneau con la típica camiseta del pintor.

En el periodo de entreguerras, entre 1918 y 1937, Picasso y Olga se mudan a un apartamento burgués de La Boétie, junto a su galerista. De ese momento son algunas de las imágenes del estudio realizadas por Man Ray y Brassaï que también publicó por primera vez (en el primer número de la revista Minotaure) las esculturas de escayola que realizaba en Normandia de su amante secreta Marie-Thérèse Walter. Brassaï es el primero de una larga lista de fotógrafos que captaron al artista, como René Douglas Duncan, Herbert List, Arnold Newman y Edward Quinn, entre otros. Ninguno consiguió lo que Dora Maar, que lo inmortalizó (para la revista Cahiers d’art) pintando una de sus obras. Nada menos que el Guernica, en 1937 en la buhardilla que alquilaron juntos en la rue des Grands Augustins de París, en los que Picasso pasó los años oscuros de la ocupación nazi.

Picasso se instala tras la guerra en Antibes en 1946 y dos años más tarde, junto con su nueva compañera Françoise Gilot, en Vallauris para pasar, en 1955, a La Californie de Cannes, con Jacqueline Roque. Aquí recibe la visita de Leopoldo Pomés que le realiza unas imágenes, inéditas hasta ahora, de las que se incluyen cuatro en la exposición. Su peregrinaje por casas y estudios le lleva en 1958 al castillo de Vauvenargues, momento en el que las fotografías son cada vez menos frecuentes, pese a que mantiene su espíritu creador. Por fin, en 1961 se instala en Mougins, donde hasta 1973 en el que muere solo recibe a allegados. Las últimas fotografías de Roberto Otero, yerno de Alberti, lo muestran al final de su vida. En una de 1964, con 83 años aparece orgulloso y con el poder de seducción que tenía con 28, durante su estancia en Horta de Sant Joan.

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