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El PSC estrena sede y sonrisas

Tras una década de declive y de ‘procés’ destructor de partidos, los socialistas catalanes retornan a sus mejores años

Meritxell Batet y Miquel Iceta llegan a la sede del PSC para celebrar su resultado en Cataluña.
Meritxell Batet y Miquel Iceta llegan a la sede del PSC para celebrar su resultado en Cataluña.

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El PSC estrenó este domingo su nueva sede como cuartel de noches electorales y lo hizo en un retorno a sus mejores años. Tras una década de declive y de procés destructor de partidos, los socialistas catalanes volvieron a sonreír. Manuel Cruz, candidato para el Senado, uno de los últimos protagonistas en llegar a la central de Poblenou, entró en el edificio repartiendo abrazos. Cruz hizo acto de presencia justo en el momento en el que la primera tanda de bandejas de comida se vaciaban en pocos minutos. Era el hambre del resistente, de sentir que valió la pena salvar tantas pelotas de partido.

La nueva sede, el Casal Joan Reventós, es un espacio frío como la vieja sede de la calle Nicaragua pero con mobiliario y objetos de decoración más modernos, de un estilo low cost, plancha de madera de Ikea. También hay fotos históricas de cuando el PSC era el rey del mambo metropolitano y dibujos de Eduardo Arroyo para identificar los baños. La cúpula del PSC siguió el recuento en una sala de la cuarta planta a la que se accede por un montacargas. Hermógenes Alonso, simpatizante socialista, lleva a sus espaldas decenas de noches electorales, desde 1979. Alonso llegó temprano y lamentaba que todavía no estuviera su “cuadrilla”. Alonso quería jolgorio, la noche del retorno del mundo de los muertos del PSC bien lo merecía, pero admitía que el cuerpo seguramente ya no daba para celebraciones pasada la medianoche.

Alonso recordaba su mejor fiesta electoral: las elecciones de 2003 que llevaron a Pasqual Maragall a la presidencia de la Generalitat. La segunda mejor velada electoral la vivió en el Hotel Majestic, la de la mayoría absoluta de CiU en 1988. Alonso trabajaba en la empresa de megafonía de la fiesta pujolista y admite que aquello –y que Pablo Iglesias, el fundador del PSOE, le perdone– fue una noche para no olvidar.

En la segunda tanda de comida, a las 21.50, frente a un plato de tortilla de calabacín y cervezas sin alcohol, Olga Villa, de 28 años y secretaria de feminismo de las Juventudes Socialistas, confirmaba que estas eran las primeras elecciones que vivía con optimismo. “Estoy en el partido desde 2008 y nunca he vivido un resultado ganador. No hemos ganado, es verdad, pero esto parece un retorno”.

 

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