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Es necesaria una negociación política

En las elecciones los ciudadanos y ciudadanas votan en base a sus prioridades: si son independentistas o no, si son de derechas o de izquierdas, si su prioridad es el feminismo, si es la revalorización de las pensiones, etc. Debe entenderse que cada ciudadano y ciudadana vote de acuerdo con sus propias prioridades.

Hace tiempo que, en Cataluña, hay un tema que los independentistas han tenido la habilidad de convertirlo en prioritario: la independencia. Todos los partidos políticos están posicionados al respecto. El resultado de las últimas elecciones al Parlamento pone de manifiesto la polarización sobre el tema: mientras dos millones setenta y nueve mil personas tienen como prioridad la independencia, dos millones doscientas setenta y ocho mil tienen otras prioridades. Ello no obstante, frecuentemente se habla del pueblo de Cataluña como si fuese uniforme.

Las fuerzas políticas independentistas, Junts per Catalunya, que integra el PDCat, el centro derecha catalanista y los independientes escogidos por Carles Puigdemont, Esquerra Republicana, el centro izquierda independentista, y la CUP, la extrema izquierda independentista, priorizan la independencia y la ruptura con el Estado por encima de las políticas de derechas o de izquierdas. Por ello actualmente el Govern no se define sobre si es de derechas o de izquierdas y la actividad legislativa, electiva y de control del Parlament está medio paralizada. Por otra parte, los partidos constitucionalistas, Ciudadanos, el PSC y el PP, así como Catalunya en Comú-Podem, que se autodefine como de izquierdas y soberanista, no son capaces de centrar las prioridades de buena parte de la ciudadanía en las políticas concretas: la mejora de la sanidad, de la enseñanza, del transporte, etc.

España tiene un grave problema político, que es el encaje, o no, de Cataluña en el Estado, y que sólo puede tratar de resolverse negociando una salida política. Es precisa una negociación entre el Estado y el conjunto de Cataluña, es decir, tanto con los independentistas como con los constitucionalistas. El problema político actualmente se pretende resolver mediante los tribunales, lo cual es un grave error porque no puede solucionarse aplicando la ley que más de dos millones de personas deseen la independencia de Cataluña y actúen para conseguirla. Negociar quiere decir que partiendo de posiciones diferentes todos ceden en parte para llegar a un punto intermedio, en función del apoyo de la ciudadanía de que dispone cada una de las partes. Negociar, en general, no quiere decir partir de una posición y que la otra parte acepte la posición contraria y renuncie a la suya.

Desde las universidades se han hecho diversas propuestas de reforma de la Constitución, muchas basadas en el sistema alemán, estableciendo un sistema de distribución de competencias que evite las continuas discrepancias en relación a quien le corresponde ejercerlas, estableciendo un nuevo sistema de financiación, convirtiendo el Senado en una cámara que represente la voluntad de cada una de las comunidades autónomas y no como actualmente que actúa en clave partitocrática, modificar el sistema electoral para que los electores puedan influir más directamente sobre los diputados y senadores, que las comunidades autónoma participen en la toma de decisiones del Estado, etc. Pero, lamentablemente, parece que los políticos actuales no están a la altura de las circunstancias, como lo estuvieron los políticos que hicieron la transición, y ello lo estamos pagando con una grieta identitaria en el seno de la sociedad catalana que será difícil cerrar.

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