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“Había mucha gente esperando que fracasáramos”

Esta madrileña abandonó el mundo de la consultaría por una idea para vender ovillos de lana y agujas para enseñar a tejer

Pepita Marin, emprendedora, en la sede de su empresa.
Pepita Marin, emprendedora, en la sede de su empresa.

Para María José Marín (Madrid, 31 años) no existe el vértigo. O, al menos, lo disimula muy bien. Pepita, como se le conoce, está formada en empresariales e hizo los dos primeros años de carrera en Francia. Era reticente porque prácticamente no había salido de España hasta entonces, pero se atrevió a dar el salto. Allí aceptó nuevos retos durante los dos veranos de estudios en el país galo, cuando fue azafata de Air France en sus vacaciones. Su último salto (hasta el momento) ha sido dejar PwC, donde trabajó como auditora financiera entre 2009 y 2011, para montar un negocio online de venta de ovillos de lana y agujas para enseñar a tejer: We Are Knitters. Lo hizo con su socio Alberto Bravo y en su entorno eran pocos los que confiaban en que saliese bien. "Había mucha gente esperando que fracasáramos". Pero ahí siguen. En el último ejercicio su facturación superó los nueve millones de euros, emplea a 28 personas de ocho nacionalidades y atiende más de 120.000 pedidos anuales.

¿Fue difícil dejar PwC y atreverse con tu propio negocio?

Claro que lo fue. Aunque siempre digo que el valiente es el que con más de 40 años, hipoteca e hijos lo deja todo y monta su negocio. Es verdad que en 2011, cuando comenzamos We Are Knitters, había una crisis enorme, pero la presión social es la mayor barrera para atreverse a emprender. La gente de nuestro entorno veía que montar una empresa de la que no teníamos ni idea de tejer ni de Internet suponía un riesgo de fracaso muy alto.

¿Cómo surgió la idea?

Fue en un viaje a Nueva York. Allí vimos en el metro a una chica muy joven tejiendo. Era súper guay, muy cool y con un estilo moderno.

¿Y en Madrid se ve también?

Ahora sí empieza a verse, pero no hace 10 años cuando lo vimos en Nueva York. Yo había visto tejer a nuestras abuelas. Aquí parecía algo antiguo. Sin embargo, ahora se empieza a ver más fuera de las casas: en el metro, en el autobús, en parques… Parece que antes daba vergüenza incluso hacerlo en público, pero ya no.

¿Se percibía como algo solo para mayores?

Sí, pero no tiene nada que ver. Nuestro principal segmento de ventas es entre 25 y 35 años. Además, a la gente le gusta mucho porque así dejan la pantalla del móvil y del ordenador y hacen algo con sus propias manos. Tejen para desconectar. Le llaman el yoga del siglo XXI. Y luego se sienten tan orgullosos que acaban colgando sus creaciones en las redes sociales. Con el hashtag de la marca hay más de 180.000 fotos de clientes.

¿Solo para mujeres o cada vez son más los hombres que se atreven?

Nos cuesta aumentar nuestros clientes masculinos. Tenemos muchos en noviembre y diciembre, pero suele ser para regalos. Lo intentamos con colecciones para hombre, pero tampoco hay que forzar. Si no les gusta, no pasa nada…

El 95% de las ventas son en el extranjero, pero la empresa sigue en Madrid. ¿Por qué?

Hemos hecho un gran esfuerzo por estar aquí, sobre todo invirtiendo en tecnología. Por el volumen que tenemos podríamos abrir una oficina en Estados Unidos. Pero queremos mantener el formato de familia en la empresa y seguir aquí juntos. Lo compartimos todo para aprender y replicar lo que funciona en un país en el resto. Además, estamos muy orgullosos de ser de aquí y demostrar que desde España se pueden hacer empresas internacionales y no hace falta deslocalizar la compañía. Y la gente está encantada con la ciudad, les encanta vivir aquí. Por ejemplo, ahora va a empezar a trabajar con nosotros una chica japonesa que su sueño era vivir en Madrid.

¿Qué significa para usted Madrid?

Yo he nacido aquí, mi hijo también… para mí lo es todo. Con We Are Knitters viajamos mucho y cuanto más viajas fuera, más te gusta Madrid. Valoro mucho las cosas que hay en otros países y me lo paso fenomenal, pero es justo ahí cuando te das cuenta de la calidad de vida que hay en Madrid, la alegría que se respira…

¿Un lugar de la capital para tejer?

Empieza a haber bares y cafeterías donde va la gente a tejer. Aunque a mí lo que más me gusta es tejer en los parques de la ciudad.

Un negocio en las redes sociales

We Are Knitters tiene 420.000 seguidores en Instagram y 600.000 en Facebook. Estados Unidos es el país en el que más vende, entre un 30% y 35% del total. Le sigue Alemania, Francia y Reino Unido. “Son países fríos que valoran mucha las materias primas nobles y tienen tradición de tejer”, explica Marín.

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