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La resurrección del Pabellón de los hexágonos, un edificio que es como un mecano

En la naturaleza abundan las formas hexagonales, muy eficientes para aprovechar el espacio

En blanco y negro, el Pabellón de los hexágonos en 1958. A la derecha, una recreación del futuro diseño del espacio en el proyecto de restauración.
En blanco y negro, el Pabellón de los hexágonos en 1958. A la derecha, una recreación del futuro diseño del espacio en el proyecto de restauración.

En el recinto ferial de la Casa de Campo un edificio hecho de hexágonos permanece silencioso, rodeado de maleza, pintadas y algunos gatos silvestres. En otras épocas fue una estrella y ganó premios, ahora yace injustamente olvidado como un juguete roto. Es el Pabellón de los Hexágonos, obra de los arquitectos Ramón Vázquez Molezún y José Antonio Corrales Gutiérrez, un hito de la arquitectura contemporánea que el Ayuntamiento se dispone a recuperar.

La resurrección del Pabellón de los hexágonos, un edificio que es como un mecano

El pabellón, en los 50.

Las obras están actualmente en fase de licitación, arrancarán en junio y durarán un año, con un presupuesto de 1,3 millones de euros. “Se trata de abrir el espacio, darlo a conocer entre la ciudadanía y acercarla al mundo de la arquitectura contemporánea”, dice Carmen Rojas, coordinadora general de Cultura, Deportes y Turismo.

El Pabellón de los Hexágonos representó a España en la Exposición Universal de Bruselas, en 1958, donde obtuvo la Medalla de Oro por encima de otros edificios emblemáticos, como el famoso Atomium, ese átomo metálico y gigante que fue icono de la capital belga. En época de autarquía y aislamiento cultural sirvió para poner, casi literalmente, una pica en Flandes. Al año siguiente fue trasladado a Madrid y colocado en su actual ubicación.

Su diseño modular, a base de paraguas invertidos de forma hexagonal, permitió que, si en Bruselas tenía forma de una V que abrazaba a una colina, aquí tomase otra forma más triangular, ideada por los propios autores, para adaptarse a su nuevo hogar. “Es un edificio que admite las configuraciones que uno quiera: es como un mecano”, explica José de Coca, arquitecto, profesor de la escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica y redactor de la musealización y plan de contenidos del pabellón. En la naturaleza abundan las formas hexagonales (en un panal, por ejemplo) porque son una forma muy eficiente de aprovechar el espacio.

Dentro de la parte musealizada del pabellón, que tratará de replicar su aspecto en la Exposición Universal del 58, se explicará el edificio tanto en su formato bruselense como madrileño, se recordará a los autores, a la Feria del Campo y habrá un espacio para que los niños experimenten con la naturaleza del hexágono.

“Para llenar de contenido el recinto en 1958 se congregó a artistas como Chillida, Oteiza, Amadeo Gabino o Vaquero Turcios: hicieron un espacio tan diáfano, tan vacío, que fue un escándalo”, cuenta De Coca, “así que las autoridades les abrieron un expediente y llenaron el pabellón de cosas”. La idea de estos artistas era muy conceptual para la mente franquista de la época e iba a lo esencial: se exponía una foto de las neuronas de Ramón y Cajal, una naranja, libros incunables o la chaquetilla de un torero. “Eran objetos motivo que simbolizaban a España”, dice el arquitecto. Ahora se recuperará el mismo espacio diáfano, las vitrinas hexagonales, la iluminación de entonces, como en un viaje en el tiempo.

En el recinto ferial se celebraron la Ferias del Campo, cada dos o tres años, entre 1950 y 1975, “entraban dentro del ideario falangista de reivindicar el ideal del campo frente a la ciudad y el mundo industrial”, dice De Coca, que también es autor de libro Paisajes expositivos, recintos feriales en la Casa de Campo de Madrid (Ediciones Asimétricas). Hoy en el recinto ferial no hay muchas ferias (el núcleo ferial de la ciudad está en Ifema), pero quedan más de 50 pabellones de los 140 que llegó a tener, y en los que participaron arquitectos como Cabrero y Ruiz, Fisac, De la Sota, Aburto o Romaní. Hoy algunos están en uso, como el Pabellón de Cristal o el Pabellón de la Pipa, y otros abandonados.

De los más de 3.000 metros cuadrados del edificio se van a recuperar y musealizar unos 850. El resto tendrá su reforma estructural y de saneamiento, para paliar su estado ruinoso, y se espera rehabilitarlos completamente en el futuro. La gestión del espacio correrá de la mano del Museo de Arte Contemporáneo, formando parte de una nueva sección de Arquitectura Contemporánea. De Coca tiene una idea personal: “El recinto ferial tiene similitudes con el de la Bienal de Venecia: sería bonito que en el futuro pudiese celebrarse aquí una bienal madrileña de arte y arquitectura”.

La rehabilitación es para Carmen Rojas una oportunidad y un reto porque “no existe una práctica consensuada en criterios de recuperación de arquitectura contemporánea, que muchas veces no se entiende como parte del patrimonio histórico”. De aquí pueden salir ideas y maneras para conservar en el futuro este tipo de edificios.

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