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“Para ser centenaria hay que encajar la vida a lo práctico”

Encarnación Ocaña, una vecina de Pozuelo de Alarcón, cumplió el pasado 1 de enero 100 años

La centenaria Encarnación Ocaña, en su domicilio de Pozuelo de Alarcón.
La centenaria Encarnación Ocaña, en su domicilio de Pozuelo de Alarcón.

Encarnación Ocaña San Gervasio cumplió el pasado de 1 de enero 100 años, lo que la convierte en una de las personas más longevas de la Comunidad de Madrid. Nacida en Cuatro Caminos, estuvo viviendo en el barrio de Prosperidad hasta que se marchó con su familia a Murcia para huir de la Guerra Civil. Allí conoció al que luego sería su marido. Este le consiguió trabajo en la casa del jefe de Correos y le preparó para entrar en la Escuela de Magisterio de María Jiménez. Allí se convirtió en la mejor estudiante de su promoción. Corría el año 1937. Años después regresó a Madrid y estudió de nuevo la carrera, ya que el régimen franquista no le homologó el título conseguido en el área republicana.

Desde 1989 reside en Pozuelo de Alarcón, donde viven sus dos hijos. De hecho, su alcaldesa, Susana Pérez Quislant, la visitó hace unos días. Ocaña cobra la máxima pensión, ya que gracias al periodo democrático se le reconocieron los años de cotización antes de ponerse a trabajar en Madrid.

¿Cómo se llega a centenaria?

Encajando las situaciones desde el punto de vista práctico y no trágico. Hay que ser como uno es, sin forzar situaciones. De esos cien años, me quedo con el conjunto. Soy una persona tranquila, inteligente, que es capaz de discernir entre lo que está bien y lo que está mal.

¿Cómo es un día habitual en su vida?

Lo normal. Me levanto a las ocho y media. Después desayuno y me siento a coser, a hacer punto de cruz. Al rato, salgo a pasear con mi empleada de hogar. Yo me quedo en el banco y hablo con los que pasan. Tras comer, me echo un rato. No duermo, tan solo reposo un poco. En cuanto me levanto, hago punto de cruz.

¿No le gusta la televisión?

Muy poco. Veo programas que tengan cierta importancia para mí y no suelo desdeñar ninguno.

¿Cómo se encuentra de salud?

No me ha visto un médico desde hace mucho tiempo. Eso se consigue haciendo una vida sana y comiendo bien.

¿Cómo pasó la Guerra Civil?

Eso es muy doloroso. Perdí a una hermana por unos bultos que le salieron en la axila. Un practicante se los intentó quitar y le produjo una septicemia. A consecuencia de eso murió con 30 años. Fue en Murcia, donde nos llevó mi madre porque aquí vivíamos en Ciudad Lineal.

¿Reconoce el Madrid actual de cómo lo conoció de niña?

Veo poco Madrid. No le puedo decir. No salgo casi de este recinto. No voy a cines ni a teatros. Muy pocas veces y siempre en coche. De hecho, no tengo una opinión sobre lo que están haciendo. Me gustan las grandes torres que están haciendo, pero porque las veo por televisión, no porque las conozca en persona.

¿Qué recuerda del Madrid de cuando era joven?

Fue un Madrid duro en mi casa. Mi padre era vigilante del Retiro. Vivía en la calle de Martín Machío, en el barrio de Prosperidad. Mis padres hicieron hasta los ladrillos y construyeron la casa. Era clásica, a dos aguas, con dos plantas.

¿Con qué momento se queda de estos 100 años?

Cuando conocí al que luego sería mi marido en 1937. Era ideal, el típico hombre que yo deseaba por culto. Me enseñó mucho de lo que yo sé. Me dijo que tenía una cabeza vacía y que él la llenaría de conceptos y de cosas.

¿Y el peor?

Cuando desapareció mi madre en 1943, que era la que nos guiaba y nos orientaba mucho. Me quedé con una niña de tres años y ya tuve que sacarla adelante. Fui al colegio en el que me había educado, en Prosperidad, y el director me dio opción a enseñar allí.

¿Lo ha tenido más difícil en su carrera por ser mujer?

Para nada. Me he equiparado con los hombres y les he superado. Siempre he dicho lo que creía que estaba mal porque he tenido un sentido crítico y del compromiso. Nunca he tenido problemas por ello.

Tiene teléfono móvil. ¿Habla mucho?

Si, muchas veces me aburro y llamo a mis hijos. Algunas veces hasta cuatro veces al día, según cómo me encuentre.

Es una profesora vocacional. ¿Echa en falta las clases?

Mucho. He dado clase a adultos, a los obreros, que venían a la escuela a las nueve de la noche. Estaban una hora conmigo. Una señora me dijo que no sabía cómo agradecerme las clases porque antes no podía comunicarse con su familia y ahora sí podía hacerlo.

¿Cuál era su asignatura preferida?

Sin duda, las matemáticas. Me habría gustado dar clases en la universidad. Esa fue mi asignatura pendiente. Creo que lo habría hecho muy bien y que mi carrera era Ciencias Puras, desde luego.

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