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Las vanguardias catalanas, más allá de Miró, Picasso y Dalí

Enciclopèdia Catalana reúne en un libro 150 obras creadas por 40 artistas entre1906 y 1939

'Calle de Barcelona', de Rafael Barradas (1918), incluida en el libro de las vanguardias.
'Calle de Barcelona', de Rafael Barradas (1918), incluida en el libro de las vanguardias.

Ramon Casas y Santiago Rusiñol viajaron a París a comienzos del siglo XX para conocer de primera mano la modernidad artística que reflejaron en sus pinturas; unas obras que a su regreso vendieron a coleccionistas catalanes. Pocos años después, otro pintor catalán, Joan Miró, hizo que le mandaran a París un sobre con hierbas de Mont-roig del Camp para poder terminar La Masia, una de sus obras más icónicas que acabó en la The National Gallery de Washington. “Una de las grandes diferencias entre los pintores modernistas y noucentistas y los de las vanguardias es que por primera vez se produce un debate y un diálogo entre los artistas de aquí y lo de afuera” explica Joan Maria Minguet, profesor y autor de un libro de coleccionista editado por Enciclopèdia Catalana (2.000 ejemplares a 595 euros) que aborda las vanguardias catalanas a partir de 150 obras de 40 artistas (tres de ellos mujeres: Remedios Varo, Ángeles Santos y Olga Sacharoff) realizadas entre 1906 y 1939.

'La dona impúdica', de Àngel Planells (1933).
'La dona impúdica', de Àngel Planells (1933).

Para el experto, se trata, “además de un periodo de confusiones y transversalidad”; de un momento en el que se “abandona la realidad en la representación y la pintura dejar de estar jerárquicamente por encima del resto de las disciplinas”. Por eso, en el libro pueden verse, además de pinturas, fotomontajes, fotografías, collages, carteles y poemas visuales. “Se incluye el Manifest Groc, promovido por Dalí, Gasch y Montanyà, que no es una obra de arte, pero sin él no puede entenderse la oposición a la tradición noucentista y lo que sucedió después”.

El libro establece un canon con los artistas que participaron de este momento. “Se han tenido que tomar decisiones, seguramente arriesgadas, sobre qué obras incluir y cuáles no”, explica. “Todas habían sido vistas y eran conocidas dentro de los círculos culturales de la pintura catalana”. Y cita las cinco exposiciones privadas que realizó Miró en su casa o en casa de personajes como Josep Lluís Sert con obras que había pintado antes de que viajaran a París y Zúrich para exponerse. Unas obras que Minguet estudia para una posible exposición en la Fundación Joan Miró.

'Academia neocubista', de Salvador Dalí (1926).
'Academia neocubista', de Salvador Dalí (1926).

Una influencia que también se repite con Picasso: “Visita Gósol en 1906, Horta de Sant Joan en 1898 y 1909 y Barcelona en 1917, un momento en el que es famoso y le hacen homenaje y cenas multitudinarias. Y sabemos que los artistas catalanes que visitaban París pasaban por su taller”. Para Minguet, no hay duda de que "sin los tres grandes: Miró, Picasso y Dalí, las vanguardias serían diferentes". En el libro podemos ver Mujer en una butaca (1917) y Retrat d’una vaileta (1919) de Miró; Autorretrato cubista (1923), Venus y el marinero (1925) y La persistencia de la memoria (1931) de Dalí, y títulos como La mujer de los panes (1906), Casas de Horta (1909) y El paseo Colón (1917) de Picasso. De este último asegura que es “una bestia que todo el mundo sigue desde 1907 y el bromista mayor del arte contemporáneo porque cuando hace cubismo, el hace nuevo clasicismo, y cuando lo imitan el regresa al cubismo analítico”. También recuerda los debates furibundos en la prensa catalana “por devoción o reacción” sobre todo a favor y en contra de Miró y Dalí.

Pero el voluminoso libro también incluye artistas venidos de fuera. Como el uruguayo Rafael Barradas, del que se han incluido una docena de pinturas. “Su influencia es sublime, sobre todo en artistas como Torres-García o el poeta Joan Salvat-Papasseit. Barradas es un personaje fascinante”, prosigue Minguet, que asegura que sería capaz de justificar “cada una de las obras del libro”.

La socialización y la democratización del arte que supuso las vanguardias no acabaron con la guerra civil. “Las formas y el espíritu de combate están presentes en los carteles, portadas de libros y fotomontajes que se producen en ese momento”, y cita autores como Helios Gómez y Carles Fontseré.

'El Vallés optimista', de Ramon Calsina (1932).
'El Vallés optimista', de Ramon Calsina (1932).

Minguet tras poner sobre la mesa la infausta polémica de los límites entre el Macba y el MNAC y el hecho de que se haya considerado a las vanguardias como obras y autores menores "pese a que explican la realidad de nuestra pintura”, asegura que la poca presencia de estas obras en museos catalanes es una situación "irrecuperable"; algo que "impide elaborar un relato sobre el periodo".

Por eso, el libro que ha editado Enciclopèdia Catalana tiene mucho valor. “Es una herramienta que quiere ser útil donde está todo lo que tiene que estar”. Incluso habría incluido alguna obra más. “En el libro está representado Ramón Calsina, pero no me habría importado poner más obras suyas, como una maravillosa que salió a subasta por 18.000 euros hace un mes de una carga de la policía en las Ramblas, que, además se quedó sin vender. Si hubiera podido, incluso la habría comprado yo”, remacha.

Falta de olfato y desinterés

'Una boda', de Olga Sacharoff, 1921.
'Una boda', de Olga Sacharoff, 1921.

Para Minguet la dispersión de estas obras se debe a dos factores: “A la falta de olfato del coleccionismo catalán. Hasta 1917 las obras más vendidas en la Sala Parés eran de Enric Clarasó, Santiago Rusiñol y Ramon Casas, dejando pasar la de artistas como Olga Sacharoff y Francis Picabia, que crean aquí”. El segundo, "al desinterés y dejadez de las instituciones públicas por hacerse con obras de estos autores a partir de 1977 y 1979 que han hecho que se hayan vendido fuera y hayan acabado en el Reina Sofia o en Patio Herreriano de Valladolid".

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