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OPINIÓN i

La alianza entre PSOE y Ciudadanos

Las encuestas empiezan a sugerir que ni la izquierda ni la derecha pueden alcanzar mayorías parlamentarias sin contar con socios muy incómodos, ya sean los nacionalistas para el PSOE o VOX para Ciudadanos

Pedro Sánchez y Albert Rivera en el Congreso, en mayo de 2017.
Pedro Sánchez y Albert Rivera en el Congreso, en mayo de 2017.

En los últimos meses en la política española se está erigiendo un muro ideológico que separa a los ciudadanos en dos bandos. La frontera que divide la izquierda de la derecha es cada vez más impermeable y parece imponerse la clásica teoría de las dos orillas, esa consistente en que los ciudadanos equidistantes se ven obligados a nadar hacia una de las orillas si no quieren perecer ahogados.

Ciertamente, nos encontramos ante un escenario político particularmente polarizado. A priori todo indica que hemos dejado atrás esos tiempos en los que los ciudadanos tenían una preferencia mayoritaria por acuerdos políticos transversales. En 2016, durante el período previo a la repetición de elecciones generales, cuando el debate sobre coaliciones y pactos de gobierno dominaba la agenda pública, la preferencia mayoritaria de los españoles era el mestizaje ideológico. Los votantes del PSOE tenían como primera preferencia un gobierno tripartito que incluyera tanto a Ciudadanos como a Podemos. Por su parte, los votantes de Ciudadanos deseaban formar parte de un gobierno de gran coalición formado por PP y PSOE. Así pues, en ambos casos, los españoles demandaban compromisos entre la izquierda y la derecha.

El vacío del centro político hace que se extienda la sensación de que los pactos transversales son inviables

De hecho, en 2016 los votantes del PSOE sentían que en términos ideológicos su partido se encontraba esencialmente equidistante entre Podemos y Ciudadanos. Los votantes socialistas consideraban que la posición de centro izquierda del PSOE situaba al partido justo en el punto intermedio entre un Podemos marcadamente de izquierdas y un Ciudadanos percibido entonces esencialmente como de centro-derecha.

Últimamente la política española ha cambiado de forma muy profunda. El partido de Albert Rivera es ahora una formación marcadamente de derechas a ojos del electorado socialista. Y, del mismo modo, los simpatizantes de Ciudadanos consideran que el PSOE se ha movido hacia la izquierda, alejándose de las posiciones moderadas del centro-izquierda.

Así pues, el centro político se está vaciando. Esto ha provocado que se extienda la sensación de que los pactos transversales o mestizos en lo ideológico son hoy inviables. No obstante, se trata, a mi entender, de una conclusión precipitada. Es probable que muchos votantes del PSOE y de Ciudadanos consideren que sus partidos están más alejados que nunca y que ya poco les queda en común. Aún con ello, las preferencias siempre son relativas y se forman comparando las alternativas viables en ese momento. La deseabilidad de un pacto PSOE-Ciudadanos depende en gran parte de cuán atractivos sean los pactos alternativos que la aritmética parlamentaria permite. Y éstos son cada vez menos atractivos.

Los nacionalistas catalanes ya no cumplen el papel de garantes de la estabilidad que tenían en el pasado

Ciertamente los votantes socialistas preferirían un gobierno de izquierdas junto a Podemos. Sin embargo, las encuestas indican que en el mejor de los escenarios posibles el PSOE sólo podría revalidar un gobierno de izquierdas con el beneplácito de los partidos nacionalistas catalanes. Y actualmente, ERC y PDeCAT son socios altamente incómodos para el PSOE por dos motivos. En primer lugar, son formaciones que generan un importante rechazo a una parte de su electorado y, por lo tanto, pactar con ellos puede acarrearles un desgaste electoral relevante. Y en segundo lugar, los nacionalistas catalanes ya no cumplen ese papel de garantes de la estabilidad que tenían en el pasado y que permitían a España gozar de los gobiernos más longevos entre las democracias parlamentarias de nuestro entorno. Actualmente, incluir estos partidos como socios es confiar en una mayoría parlamentaria inestable.

De forma similar, puede que muchos votantes de Ciudadanos vean ahora al PP como un aliado más atractivo que el PSOE. Sin embargo, las encuestas indican que la derecha necesitaría muy probablemente del apoyo de VOX para alcanzar una mayoría parlamentaria. La presencia de VOX como pieza fundamental puede propiciar que muchos votantes de centro-derecha acaben de nuevo percibiendo al PSOE como un socio más atractivo.

Así pues, en la política española se están produciendo dos procesos antagónicos. Por un lado, en los últimos meses estamos viviendo un importante proceso de polarización en la competición partidista. Por otro lado, las encuestas empiezan a sugerir que ni la izquierda ni la derecha pueden alcanzar mayorías parlamentarias sin contar con socios muy incómodos: ya sean los nacionalistas catalanes para el PSOE, o VOX para Ciudadanos. Si bien el primer proceso está fomentando la política de bloques estancos sin posibilidad de acuerdos ideológicamente transversales, el segundo proceso empuja en sentido contrario. En definitiva, la alianza entre PSOE y Ciudadanos nunca había estado más lejos y más cerca al mismo tiempo.

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