“Cada vez que llueve hay lío”

Los usuarios y empleados de las dos estaciones de Vacarisses aseguran que el accidente se veía a venir

La estación de Torreblanca.
La estación de Torreblanca.c.b.

El tramo de vías entre taludes donde este martes se produjo el descarrilamiento de un Cercanías a raíz de un desprendimiento de arena y roca está justo entre las dos estaciones de tren que hay en Vacarisses: el apeadero y la de Torreblanca. Solo un tren por hora. Pocos usuarios. Un mini aparcamiento donde no caben ni diez coches en cada una. Y aire de Far West, sobre todo en la de Torreblanca, donde la pareja que forman Alfredo y Cristina regentan el bar Estació y viven en la parte trasera. La megafonía no funciona y Cristina comienza a estar cansada de tener que salir a gritar a los andenes para informar de la llegada de trenes.

“¿Viste las imágenes de las cascadas grabadas el jueves por el maquinista?”, exclamaba este martes a mediodía Cristina. “Cada vez que llueve hay lío, cualquier día se cae el puente”, lamenta refiriéndose al de la C-58 que pasa por encima de las vías. También en la carretera C-58, entre el pueblo y Viladecavalls, hubo un desprendimiento hace unos días que ha obligado a desviar carriles de esta vía rápida.

Vacarisses tiene 6.328 habitantes repartidos en hasta 17 urbanizaciones de escarpada orografía donde abundan las calles de un solo sentido y el olor a leña. Los días laborables pasan 17 trenes, uno cada hora (con dos excepciones de intervalos de media hora), lo que no fomenta el uso del tren. “A los chavales que van al instituto a Terrassa no les sirve para llegar a las 8: o llegan pronto demasiado tarde”, cuenta Cristina.

Mientras habla, sirve un cortado a Israel, vecino de Torreblanca. No es que vaya a coger el tren, es que el bar de la estación también ejerce de bar del barrio. “Donde el accidente se montan unas cataratas de la hostia”, insiste. En las vías, una veintena de operarios con uniforme fluorescente de Adif trabajan sin parar. “Ayer no estaban”, aseguran los tres. En el mismo momento, de dos furgonetas de la empresa pública paran y de cada una bajan seis operarios. Nunca habían estado en la zona, admiten.

También hay desembarco de operarios de Adif en la otra estación, conocida como "la de Can Serra", porque está pegada a una urbanización que se llama así. Las letras de cerámica de la fachada del edificio indican el nombre oficial de la estación: Vacarisses Apeadero. En el anden está Ángel, usuario habitual de Cercanías. Y casi militante, porque asegura que ha decidido no desplazarse en coche. "Te dicen que hay que utilizar el transporte público, pero no lo fomentan. No hay inversiones en ningún servicio público, ni sanidad, ni educación, ni correos", lamenta. Y enumera otras ocasiones en las que a causa de temporales ha habido que cortar la circulación: "El día de los pinos sobre las catenarias, otros pequeños desprendimientos...", asegura.

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Sobre la firma

Clara Blanchar

Centrada en la información sobre Barcelona, la política municipal, la ciudad y sus conflictos son su materia prima. Especializada en temas de urbanismo, movilidad, movimientos sociales y vivienda, ha trabajado en las secciones de economía, política y deportes. Es licenciada por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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