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OPINIÓN

Apuntes para una teoría del pollo

Dile a tu vicario que monte pollos en Washington. En Tarragona. En Barcelona. Allí donde esté, que sea protagonista

Carles Puigdemont y Quim Torra, en Bruselas.
Carles Puigdemont y Quim Torra, en Bruselas. AFP

Ocurrió poco después de las elecciones de diciembre de 2017. En una comunicación virtual desde Bruselas, Carles Puigdemont dejó entrever su pensamiento político. Dijo entonces, tras la victoria en escaños del independentismo, que España tenía un “pollo de cojones”. Reveló de esta manera que, más que la posibilidad de materializar la independencia o mejorar el autogobierno de Cataluña, su proyecto político consistía en montar pollos. Y así ordenó al vicario Torra —en acertada expresión de Jordi Ibáñez— que continuara liando pollos.

Lo que viene a continuación son unos breves apuntes para una teoría del pollo. Lo ideal, como hizo Tucídides con las guerras del Peloponeso o Clausewitz con las guerras napoleónicas, sería que el propio Puigdemont escribiera la teoría del pollo. Pero como por ahora solo parece interesarle la práctica del pollo, y no su teoría, me veo obligado a poner negro sobre blanco cómo sería la mente estratégica de Tucídides o Clausewitz si hubieran tenido a mano los instrumentos del 130º presidente de la Generalitat.

1. Da instrucciones a los demás para que monten pollos y tú huye a tiempo: una batalla es una batalla y una guerra es una guerra y lo tuyo —que no te engañen— es lo importante, o sea, ganar guerras, no perder batallas otoñales.

2. Huye a “Europa” y celebra allí paellas acompañado de las mejores mentes de tu país, mientras aquellos a los que convenciste —y se dejaron convencer— de que había que montar el gran pollo celebran que los trasladen de una cárcel a otra.

3. Aseméjate a Gandhi o a Mandela. Y, simultáneamente, coloca como vicario a alguien que hizo todo lo posible para que sus textos fueran interpretados como los de un xenófobo.

4. Humilla públicamente a los disidentes de la teoría del pollo como Marta Pascal. Despista a todo el mundo cambiando de candidato para Barcelona según se te antoje. Y en el último momento, pero sólo entonces, toma alguna decisión. Ningún pollo es mejor que el que se provoca a última hora.

5. Dile a tu vicario que monte pollos en Washington. En Tarragona. En Barcelona. Allí donde esté, que se convierta en el protagonista. Ah, y que reparta ratafía para todo el mundo. Así, con un poco de suerte, el pollo será aún más grande. Pero que tu vicario no se pase distribuyendo la ratafía, no vaya a ser que el pollo termine siendo tan descomunal que luego a todo el mundo se le olvide la magnitud del mismo (por cierto, produciendo los catalanes una maravilla como el cava del Penedès, ¿por qué querríamos emborracharnos con una cosa como la ratafía? Es más: ¿cómo puede ser que la marihuana esté prohibida y la ratafía no? ¿Alguien me puede explicar si en la República catalana se revertiría tal síntoma de barbarie?).

6. Ordena a tu vicario que diga que va a atacar al Estado español. Y luego, ya veremos qué pasa. Pero que él lo suelte y así contribuyes a crear las condiciones objetivas para que se monte el pollo supremo, del que ya no se vuelve con las manos blancas.

7. Da una entrevista a Der Spiegel y, tras montar un buen pollo nacionalista en 2017, di, con preocupado tono de estadista, que el nacionalismo es un peligro para Europa. Es posible que algún lector se sienta un poco desorientado. Eso es bueno, muy bueno, porque eso también es montar pollo.

8. Pide a España la liberación de los presos sin mencionar que es el vicario Torra, que recibe y sigue tus órdenes, el que los custodia.

9. Da instrucciones a tu gente para que identifique, basándose en la ley mordaza, a personas que quitan lazos amarillos. Luego haz que pidan la derogación de la ley mordaza en el Congreso. A continuación, haz que la apliquen. Por último, pide que la deroguen e, inmediatamente después, que la apliquen.

Y 10. Di a todo el mundo que este próximo otoño va a haber cambios políticos palpables y que vas a aprovechar la ventana de oportunidad. A continuación, monta un pollo detrás de otro hasta que la cantidad de pollos sea tan grande y tan grotesca que (a) hagas creer a la parroquia independentista más abducida que has hecho historia, la que sea; (b) hagas creer a la parroquia españolista furibunda y decimonónica que has hecho contrahistoria alterando la unidad de destino; y (c) te hagas creer a ti mismo que has llevado la práctica del pollo a un nivel sublime.