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“Mi gratitud a Trapero y Forn es eterna”

La periodista Patrícia Plaja explica que los mandos de los Mossos le dieron autonomía para informar del atentado

“Se acaba de producir atropello masivo en Las Ramblas de Barcelona por parte de una persona con una furgoneta. Posiblemente varios heridos”. El tuit no decía nada más. Fue el primero de los 301 que publicamos desde el día del atentado hasta la captura del último terrorista. Hicimos nueve ruedas de prensa. La idea era dar información de servicio para transmitir confianza y tranquilidad en una situación de caos. Y que todo el mundo viera a través de una ventanita cómo trabajaban los mossos y los equipos de emergencia. Que la gente sintiera que tenía un policía al lado. No se había hecho hasta ahora y supongo que sí que fue una revolución en comunicación. Lo debimos hacer bien. Nos han dado muchos premios. Me han invitado a ir a una conferencia en México a contarlo.

Un rosario de premios

Patricia Plaja (Begur, 1981) quería ser periodista cultural pero cuando trabajó en La SER ya cubrió información policial y judicial. Durante los atentados, dirigió un equipo de 30 personas: 27 mossos y tres periodistas repartidos en siete oficinas. Tres tuitearon de forma permanente. Plaja canalizó la información y atendió a los periodistas. “También tenemos que aguantar la presión como cuando se publicó la noticia falsa de que los mossos habían matado a una víctima”, dice. Por su labor, ha recibido el premio Blanquerna; el Plata del Colegio de Periodistas; el Nit de Comunicació; el Nacional de Tarragona, el Petxines de la Informació de Tarragona y está nominada al del Colegio de publicitarios y relaciones públicas. “Este nos hace ilusión. Son agencias con mucho dinero y nuestro presupuesto es cero”.

Era entonces la jefa de comunicación de los Mossos y me destituyeron en abril por un tuit sobre la Manada y el poder judicial cuando regía el 155. Sigo aquí y ahora coordino la información que damos a los periodistas en los casos de investigación. La plaza está vacante. No quiero hablar, pero si hubiera otro atentado me pondría a disposición del cuerpo y haría lo mismo. Había dos líneas rojas que no se podían cruzar: el respeto a las víctimas —solo dimos el número y las nacionalidades— y a la investigación. La policía necesita tranquilidad para detener a los malos pero a la vez la ciudadanía tiene el derecho absoluto a saber qué está pasando.

Yo acababa mis vacaciones y estaba con mi pareja y mis niños gemelos, Teo y Mafalda, en el parque acuático de Port Aventura. Fuimos desde Begur, de donde soy, y habíamos guardado las cosas en la taquilla. Cuando ya nos íbamos y nos estábamos haciendo una foto, Marc Homedes, jefe de comunicación de Protección Civil, me llamó. Me avisó de que pintaba a atentado. A las 17.10 hicimos el primer tuit. Casi en bikini, me descargaron a las 18.30 en Interior. Tuve suerte: 20 minutos después me hubiera pillado la operación jaula. Y me olvidé de ellos. Tal cual. A las 22.30, mi compañero me llamó diciéndome: 'Oye, de buen rollo ¿eh? Trabajando donde trabajas ¿No has pensando que nos íbamos a quedar atrapados en Las Rondas?'. Se me pasó decirle: 'No vayas a Begur. No llegarás a ningún sitio'. Se nos olvidó hacer el tuit. ¿Ves? Las cosas siempre se pueden hacer mejor.

Pero nadie se quejó. Ni los conductores de Las Rondas ni quienes se quedaron encerrados en restaurantes. Hubo pocas fakes: acataron el consejo de no difundir rumores o imágenes que hirieran la sensibilidad. Este último fue tras correr la foto del yihadista abatido. Ahí hubo malestar y una investigación. No está claro que el culpable fuera un mosso. Había allí equipos de emergencia. Pero sí: la gente nos hizo caso. En los peores momentos sacas lo mejor de ti. Creo que demostramos lo que somos como sociedad. Lo que pasó en la comunicación es extrapolable a lo que ocurrió en la parte operativa cuando los ciudadanos daban las gracias y regalaban flores a los mossos.

“El cronograma de comunicación estaba escrito al detalle. Llevábamos tiempo estudiando cómo actuar"

Jugamos con ventaja. Las cosas no salen si las haces el último día. Todo estaba escrito. Llevábamos mucho tiempo analizando, los atentados de París, Londres o Niza para saber cómo actuar si teníamos uno. Y comparando cómo lo habían hecho otras policías. Teníamos clarísimo que había que utilizar Twitter en varios idiomas: en catalán, castellano, inglés y algunos en francés. Hubo uno en Múnich y, si no sabes alemán y estás allí, ¡no te enteras! Solo queríamos hechos objetivos y no decir nada de lo que arrepentirnos. El primer tuit tardó 12 minutos y habíamos calculado 20. El atentado lo confirmamos a las 18.50. El cronograma, que daba por hecho que ocurrirá en un lugar turístico, tenía hasta el más mínimo detalle: desde que la gente quiere que le informe un policía de uniforme, cuántos coches necesitábamos o hasta quién debería incorporarse si pasaba en fin de semana o día festivo. Muchos se ofrecieron a venir y dijimos que no para cuadrar turnos.

“La policía del 17 de agosto, la que nos salvó con su dedicación, es la misma que ahora pero falta Trapero"

Los mandos entendieron que el equipo de comunicación era una parte más de la estructura y con autonomía total igual que los Tedax, como en las pelis, no piden permiso para saber qué cable tiene que cortar. Por ejemplo, supe lo de Cambrils al minuto. El mayor Trapero nos dio confianza absoluta. Le pedimos que saliera en las ruedas de prensa. Y accedió. Le estoy eternamente agradecida a él y a todo el cuerpo igual que el conseller Forn: acababa de llegar y fue un 10 en generosidad. Cedió todo el espacio al cuerpo de los Mossos. Otro político no lo hubiera hecho.

Los despachos casi no tienen ventanas y después de cuatro días pierdes la noción del espacio-tiempo. Cada día fui a casa a ducharme y cambiarme. Dormí poco, pero dormí. El primer día, cuando me iba a casa en moto, sobre las 5.30, tuve miedo. Miré los conductores al lado pensando en los terroristas. Cuando todo, acabó ¡buff! Hay un antes y un después. Llevo 10 años aquí y nunca me había pasado: me pedían que diera las gracias a los mossos. Todo el mundo se cree entrenador de fútbol o periodista y yo, por respeto, no hablo de seguridad. Ni del 1 de octubre. Solo sé que la policía del 17 de agosto, la que nos salvó, con su profesionalidad, dedicación y entrega, es la misma que la de hoy, 14 de julio, pero falta Trapero”.

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