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Handel y Savall, en barcaza real

El violagambista catalán cierra la temporada de música antigua del Auditori con un notable concierto, pero con mucha silla vacía

Jordi Savall apostó por el Handel más popular para cerrar, al frente de Le Concert des Nations, la temporada de música antigua del Auditori. Sin embargo, ni el prestigio del director y violagambista catalán ni el gancho del programa —dos suites de la Música acuática y la Música para los reales fuegos artificiales—, lograron llenar la sala Pau Casals. No deja de ser curioso: Savall suele llenar escenarios por todo el mundo, pero no siempre lo consigue en esta Barcelona cada vez menos melómana.

El cambio de escenario —la propuesta de origen, descartada hace días, era ofrecer el concierto del pasado domingo en el Teatre Grec— puede haber jugado en contra, y tampoco la publicidad que ha rodeado al evento ha sido para tirar cohetes; sea como sea, ver mucha butaca vacía ante propuestas de calidad resulta tan preocupante como inquietante.

Le Concert des Nations

Jordi Savall, director.
Obras de Handel
Temporada de Música Antigua
 Sala Pau Casals
Auditori
Barcelona, 10 de junio de 2018

Conoce bien Savall, el artista clásico español que más y mejor graba, la necesidad de adaptarse con habilidad y flexibilidad a la acústica de la salas en las que actúa; en la que lleva el nombre de Pau Casals, incómoda para los músicos, que no se escuchan, y para el público, por la confusión de planos y la excesiva reverberación, el veterano músico catalán logró una atmósfera no siempre cálida, pero de razonable claridad y transparencia, y dejó volar la elegancia y el impulso rítmico de un Handel que es pura filigrana.

Cuentan las crónicas de los diarios ingleses de la época que la Water music del músico sajón encandiló al rey Jorge I en su paseo por el Támesis celebrado el 17 de julio de 1717. Acompañaba a la barcaza real otra barcaza con cerca de 50 instrumentistas que amenizaron el trayecto de ida y vuelta, que acabó pasadas las tres de la madrugada con el regreso a Whitehall y al palacio Saint James. Largo y plácido paseo real que Handel animó desplegando gracia y virtuosismo en una veintena de piezas breves, con profusión de danzas cortesanas, tradicionales y populares, desde el minuet al hornpipe, el rigaudon o la bourrée.

Brillaron cornos y trompetas en un itinerario esta vez imaginario y bajo techo, con variedad y suficiente energía en la respuesta orquestal de Le Concert des Nations, algo destemplados al inicio, pero bien guiados por Manfredo Kraemer, su concertino. Savall primó la lectura serena, un punto distante en ocasiones, y reservó los colores más brillantes y potentes para la espectacular Música para los reales fuegos artificiales.

Al aire libre, en el Grec inicialmente previsto, esta brillante pirotecnia realzada por trompas, trompetas, timbales y caja, podía haber creado momentos de ensueño. Todo fue más previsible en el Auditori, escenario en el que Savall equilibró dinámicas, buscó la respiración natural de las danzas y dejó espacio a la finura de los estupendos instrumentistas de su orquesta.