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El Macba se queda sin la prevista Capella de la Misericòrdia para crecer

El Ayuntamiento, que la cedió al museo en 2014, quiere ubicar un Centro de Atención Primaria

La torre del Macba en primer plano, y a la derecha, el ábside de la antigua Capella de la Misericòrdía.
La torre del Macba en primer plano, y a la derecha, el ábside de la antigua Capella de la Misericòrdía.

El Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) está a punto de despedirse de su gran sueño: crear un ágora para la creación contemporánea alrededor de la plaza dels Àngels. El proyecto, que arrancó con la anexión del edificio que acoge el Centro de Estudios y Documentación y continuó con la incorporación del Convent dels Àngels (ex FAD), habría culminado con la Capella de la Misericòrdia como sede de la colección permanente del museo.

La decisión se tomó la semana pasada en una reunión en la que participaron el director del Macba, Ferran Barenblit, la presidenta de la Fundación Macba, Ainhoa Grandes y los responsables de Sanidad y Cultura de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, miembros del consorcio del Macba, junto con el Ministerio de Cultura. “Nunca habríamos llegado a este punto si el Macba hubiera hecho algo, pero desde la cesión del edificio hace cinco años no ha hecho nada”, afirma un portavoz municipal, indicando que las condiciones del Centro de Atención Primaria (CAP) del Raval norte requieren una solución urgente. “La falta de espacio es insostenible y tras escanear el barrio hemos concluido que la Misericòrdia es la opción más viable. No es un enfrentamiento entre Cultura y Sanidad, sino qué es lo mejor para la ciudad”, asegura.

Para el consistorio no se trata de renunciar a la ampliación del museo, sino de buscar otras alternativas, como trasladar las oficinas fuera del edificio Meier que se destinaría para exposición, o pensar en otros espacios. “El Macba podría desarrollarse en una dimensión más metropolitana, ampliándose en edificios como la Fundición de Cañones de la Rambla o la Tecla Sala del L’Hospitalet", indican, poniendo como ejemplo el MoMA de Nueva York que abrió una sede en Brooklyn.

La decisión no ha gustado al Macba. “Esto significa cambiar el proyecto que presentamos a finales de 2017 y fue aceptado por unanimidad y entusiasmo por el Consorcio. Claro que hay otras alternativas, pero no se pueden improvisar", lamenta Barenblit. Según el director, nombrado en julio de 2015, “el proyecto se presentó en el tiempo adecuado, poco menos de dos años”, aunque antes de empezar la reforma faltaba convocar el concurso para elegir el arquitecto que redactará el proyecto ejecutivo y luego licitar las obras.

“El nuevo espacio nos habría permitido desplegar un relato de la historia del arte a partir de nuestra colección. Trabajamos el proyecto hasta el último detalle, se trataba de un crecimiento moderado con costes asumibles y podría haberse llevado a cabo en algo más de cuatro años”, asegura Barenblit. Considerando todos los cambios que ha habido en las tres administraciones del Consorcio, es lícito pensar que el proceso podría haber arrancado el próximo otoño. El proyecto ya tenía en cuenta el traslado de las oficinas que se instalarán en el edificio que acoge el Centro de Estudios, el Archivo y la Biblioteca.

El edificio Meier cuenta con 4.000 metros cuadrados para exposición, a los que se sumarían los 3.000 de la Misericòrdia. El coste estimado ronda los 10 millones incluyendo la exposición y el enlace subterráneo entre edificios. Es decir: unos tres millones por institución. “No quiero darlo por zanjado. Espero que aparezca otro espacio para el CAP que no implique renunciar a la ampliación. Perder la Misericòrdia significa perder la única posibilidad de ampliar el museo en el Raval”, asegura Barenblit, que por el momento descarta otras opciones. “Sería temerario, un museo requiere una atenta planificación, todo el crecimiento debería replantearse”. Mientras tanto, el 4 de octubre inaugurará una primera presentación de la colección en la planta uno del museo con carácter permanente.

Adiós al ágora cultural

José Ángel Montañés

Cuando en julio de 2014 se presentó el proyecto de ampliación del Macba se dijo que al año siguiente el museo ocuparía todos los edificios que rodean la plaza dels Àngels; que el museo saldría del edificio construido dos décadas antes por Richard Meier para abrazar esta plaza que pasaría a ser un espacio más del museo: un ágora cultural. El proyecto tendría su guinda con la incorporación de la Capella de la Misericòrdia de la calle Montealegre —la segunda del conjunto, junto a la del Convent dels Àngels— que pasaría a ser, con sus 3.000 metros cuadrados, el lugar donde se expondría la rica colección de arte contemporáneo del museo. Pese a la crisis económica se llegó a anunciar que un pasillo subterráneo conectaría el cubo blanco de Meier con el edificio desacralizado. El lugar ya estaba reservado, se dijo, pero el director de entonces, Bartomeu Marí, reconoció: “No hay presupuesto para intervenir. Es un deseo, un proyecto en el horizonte, pero somos ambiciosos”.

Con este abrazo se buscaba también potenciar el eje cultural en el que coinciden tres universidades: la Blanquerna, la Ramon Llull y la Universidad de Barcelona; dos entidades culturales: el Centre d’Estudis i Recursos Culturals del Pati Manning y el CCCB de la Diputación de Barcelona, además del propio Macba.

Pero desde entonces, lo único que ha cambiado —aparte de obras de conexión entre la Capella y Convent dels Àngels con el Centro de Estudios—, es el equipo directivo del centro: Marí tuvo que dimitir tras la censura de una obra en la que el rey emérito era sodomizado.

Ha pasado el tiempo y el Macba se ha encontrado con la cruda realidad de que un centro de salud, el Cap del Raval Nord, que buscaba nueva ubicación, se ha hecho con su guinda y ya no hay pastel.