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La ‘supermanzana’ de Sant Antoni se inaugurará con el mercado

Comprenderá más de 40 manzanas de la trama que diseñó Ildefons Cerdà

La superilla de Sant Antoni, en marzo de 2017
La superilla de Sant Antoni, en marzo de 2017

No se ha inaugurado y los vecinos ya la utilizan. Se sientan en los bancos. Charlan en la plazoleta. Coincidiendo con la reapertura de Sant Antoni, el miércoles se inaugurará la primera fase de la supermanzana de Barcelona. De entrada, la peatonalización de las calles de Tamarit y Borrell junto al mercado. El gobierno de la alcaldesa Ada Colau lo llama supercruilla. En parte, para separar el fiasco que resultó de entrada la supermanzana del Poblenou, donde se cerró el tráfico en nueve manzanas y se armó la marimorena. Tanto, que el Consistorio tuvo que dar marcha atrás y permitir el tráfico, de manera regulada.

La supermanzana de Sant Antoni también es ambiciosa, pero se irá por fases. Más que una supermanzana será una súper-supermanzana. Comprenderá más de 40 manzanas de la trama que diseñó Ildefons Cerdà. La diferencia con la del Poblenou es que el tráfico solo se cortará parcialmente y por niveles: habrá vías básicas para los coches; vecinales, para los peatones, y locales, para uso mixto. Además, se crearán ejes cívicos: la ya existente avenida de Mistral y las calles de Borrell y de Tamarit.

El lema vuelve a ser Omplim de vida els carrers. Con menos tráfico, más espacio para peatones, zonas de estancia, de juegos infantiles, mesas… Al final, la de Poblenou, está funcionando razonablemente y se llena de vida, aunque no a todas horas. Aquí el tráfico de entrada no será un problema porque después de nueve años de obras, los vecinos se han acostumbrado a no poder pasar por todas partes. También están los comerciantes que dudan de si peatonalizar perjudicará las ventas.

Quejas vecinales

Desde el frente vecinal, las críticas en este caso vienen por la construcción de las marquesinas del mercado dominical de libros. Son enormes. Y restan visibilidad a la fachada del remozado mercado. Y un espacio que podría haberse aprovechado para otros usos, teniendo en cuenta que el dominical solo se instala una mañana a la semana. Pero hay desde quien ha puesto el grito en el cielo, hasta quien recuerda que en el mercado se han invertido 80 millones, que el barrio ha pegado un salto y que no está la cosa para quejarse. El presidente de la Asociación de Vecinos, Pep Sala, es conciliador. “No es la primera vez que pasa que una obra que ahora parece que tiene carencias acaba funcionando, ya veremos como acaba”.

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