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Ocho de cada diez mujeres en prisión son madres

Un estudio reclama mejorar la relación con los hijos mientras dura la condena

Las mujeres encarceladas son una minoría: en Cataluña hay 589, lo que representa apenas el 6,8% del total. Suelen ingresar no por crímenes de sangre, sino por robos o tráfico de drogas. Además de internas, la mayoría de esas mujeres (más del 78%) son madres. Y ejercer como tales entre rejas es una odisea que ha radiografiado y denunciado la profesora de derecho procesal de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) Carmen Navarro.

El estudio Peculiaridades de la ejecución penal femenina, presentado ayer, enuncia las dificultades que sufren madres e hijos por la forma en la que el sistema penitenciario gestiona esa relación. El primer problema lo causa precisamente el hecho de que las mujeres sean pocas. Eso, dice Navarro, las hace “invisibles”, porque los espacios de las prisiones están pensados “por y para hombres”. La mayoría de las presas están en el centro de Mujeres de Barcelona y en Brians 1; el resto se reparten entre las cárceles de Puig de les Basses (Figueres), Mas d’Enric (Tarragona) y Ponent (Lleida). Las mujeres “no siempre pueden cumplir condena en centros o en dependencias cercanas a sus entornos de arraigo familiar”, lo que “repercute de forma negativa en los contactos de las madres con sus hijos”, concluye el estudio.

La condición de madres de las internas debería ser, según la profesora, “uno de los criterios prioritarios de la Administración de justicia” para decidir el destino de una mujer en prisión. El sistema, incide, debería “posibilitar un adecuado contacto” de las internas con sus hijos.

La ley contempla actualmente que las mujeres encarceladas con hijos menores de tres años vayan a la Unidad de Madres, separada arquitectónicamente del resto de la prisión. A partir de esa edad, la legislación prevé también unidades externas, como las que ya existen en las cárceles de Palma de Mallorca, Sevilla o Madrid. Pero Cataluña no tiene ninguna, denuncia Navarro. Esos espacios intentan “crear un ambiente adecuado para que los niños se puedan desarrollar emocional y educativamente” durante las visitas al centro. Además, favorecen la “reinserción” de las internas.

La profesora ha entrevistado a decenas de internas y la mayoría coincide en que “el ambiente que se respira en los locutorios o en las salas de vis a vis no son los más idóneos para un niño”. Las comunicaciones, denuncia el estudio, “son de apenas 20 minutos”. Y los espacios para visitas familiares son “generalmente viejos, tristes y pequeños”. El estudio pone el acento no tanto en los derechos de las madres como en los de sus hijos, “víctimas inocentes que no han cometido ningún delito pero que sufren los efectos del sistema penal”. Esos niños, de entrada, “presentan un mayor riesgo delictivo”. Navarro concluye: “Los derechos de los hijos han de prevalecer sobre el derecho de la sociedad a imponer un castigo”.