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El ‘pinyol’ de la lista de Puigdemont

Los fieles al expresidente, de diferentes sensibilidades, se enfrentan al reto de cohesionarse ante un eventual Govern

Elecciones Cataluña 2017
De izquierda a derecha, en primer plano, la diputada electa Aurora Madaula, la exconsejera Clara Ponsatí, Carles Puigdemont y el exconsejero Lluís Puig. De pie, a la izquierda, Francesc de Dalmases, también diputado. EFE

Carles Puigdemont está en su refugio belga deshojando la margarita para decidir si asume o no las consecuencias judiciales de su regreso. Su figura está en el centro de un enjambre de personas comprometidas con la causa del independentismo catalán pero también con el poder. El invento electoral Junts per Catalunya, la llamada lista del president, ha terminado por cristalizar un grupo de fieles a Puigdemont que, de llegar de nuevo al Palau de la Generalitat, ocuparán el espacio que hasta ahora ostentaba el PDeCAT, la extinta Convergència, en la política catalana. Una foto en la que hay codazos para estar.

A los promotores de esa lista unitaria del independentismo —que desde Esquerra Republicana y la CUP fue rechazada porque era vista como una manera de salvar del desastre electoral al PDeCAT— les gusta venderse como un movimiento renovador y ciudadano, una confluencia al estilo Ada Colau. Junts per Catalunya va más allá que el PDeCAT pero entre los primeros firmantes del manifiesto que impulsaba la candidatura única estaban los críticos del partido coordinado por Marta Pascal. La política crea extraños compañeros de cama.

La lista del president, en la que solo 15 de sus 34 diputados son del PDeCAT, disfruta y sufre a partes iguales su triunfo dentro del bloque independentista y las dificultades para lograr cumplir su promesa electoral: que Puigdemont y los otros exconsejeros vuelvan y que salgan de la cárcel los que consideran presos políticos. Ahora se enfrenta a la repartición del poder que han ganado y dejar satisfechos a las diversas sensibilidades. Estos son las personas centrales, el pinyol (el núcleo duro, en catalán), de la lista del president.

Los leales de Palau. Elsa Artadi, Josep Rius y Jaume Clotet son tres de las personas de más confianza de Puigdemont. Rius era el jefe de la Gabinete del expresident. Aterrizó en la Generalitat después de ostentar el mismo cargo en la alcaldía de Barcelona, en la tenencia de alcaldía de Joaquim Forn, exconsejero del Departamento de Interior y ahora preso en Estremera junto a Oriol Junqueras. Artadi, expupila de Andreu Mas-Collel, que fue consejero de Economía con Artur Mas, era la máxima encargada de la coordinación interdepartamental del Govern y Clotet, el director de comunicación. Rius fue destituido en la aplicación del artículo 155 y los otros dos siguieron alternando su responsabilidad en la Generalitat con la organización de la campaña en su tiempo libre.

La nueva vida de los críticos del PDeCAT

La llamada lista del president también ha sido el palacio de invierno para los críticos de la actual dirección del PDeCAT, un movimiento llamado Moment Zero. Conformado por los ex miembros de las Juventudes Nacionalistas de Cataluña, ya crecidos y sin reparos hacia la independencia, fracasaron en su intento de hacerse con el control del partido en el último congreso. Además sienten que la coordinadora Marta Pascal no abraza lo suficiente la renovación. Incluso llegaron a plantear la necesidad de fundar un nuevo partido. Son figuras con trayectoria y que han ocupado cargos discretos pero de gran influencia como jefaturas de gabinetes en los últimos Governs. Y, en algunos casos, su lealtad a Puigdemont ha quedado en duda aunque no han dudado en escribir argumentarios o preparar debates para Junts per Catalunya. El caso más paradigmático es el Jordi Cuminal, jefe de campañas como la de Francesc Homs. Cuando Puigdemont se preparaba para anunciar elecciones —que descartó— , Cuminal anunció en Twitter que se dejaba el partido y renunciaba al escaño. Dejó a Puigdemont en evidencia.

Solo Artadi ha sido candidata (número 10) y su papel en la campaña augura un rol trascendental en un eventual Govern encabezado por el expresident. No es cuota del partido, pues rompió el carnet poco antes de la puesta en marcha de la campaña. Rius y Clotet seguirán tras las bambalinas.

Las caras de la lista unitaria. Los números 16 y nueve por la lista de Barcelona, respectivamente, fueron dos de las caras visibles de llistaunitaria.cat, una web que promovía el manifiesto por una lista unitaria del independentismo de cara a “las elecciones ilegítimas del 21-D”. La iniciativa recogió 500.000 firmas y Puigdemont también la promovió en sus redes sociales. Ninguno de los dos tenía experiencia política pero han terminado por jugar roles claves en la lista.

Francesc de Dalmases fue miembro del comité ejecutivo del Pacto Nacional por el Referéndum y es director de la publicación Catalan International View. Aurora Madaula, por su parte, fue una de las grandes sorpresas de la campaña, explican fuentes de la candidatura. Es doctora en historia, experta en nacionalismo vasco, y sus habilidades comunicativas la convirtieron en una de las candidatas que más se prodigó en los medios de comunicación para explicar el proyecto de Junts per Catalunya. Su pareja es Agustín Colomines, policía intelectual del proceso soberanista, ex director de la Fundación CatDem y ahora alineado con las tesis de Puigdemont.

La vía convergente. Pese a que Junts per Catalunya va más allá del PDeCAT, concurrió a las elecciones disfrutando de las ventajas de financiación electoral que le daba Convergència. Dos personas de cierto peso en el partido han estado en primera línea de la candidatura y han servido de enlace: Damià Calvet y Albert Batet. El primero es muy cercano al exconsejero Josep Rull, que tiene varios sombreros entre la vida del partido, la dirección del Instituto Catalán del Suelo y el gobierno municipal de Sant Cugat del Vallès (Barcelona). El segundo, es alcalde de Valls, diputado electo por Tarragona y con una gran ascendencia dentro del mundo municipalista convergente. Batet estuvo dentro de la dirección del nuevo PDeCAt pero tuvo que irse, como la propia Artadi, para cumplir con el régimen de incompatibilidades del partido.